Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2004/09/24 00:00

El Miami costeño

El despertar económico de Montería tiene alucinados a muchos y temerosos a unos pocos. ¿Qué hay detrás de esta abundancia?

La abundancia en Montería se puede 'palpar' en las suntuosas casas que se están construyendo a las afueras de la ciudad. Algunas de ellas ocupan manzanas enteras y tienen toda una colección de ornamentos sacados de las revistas de decoración.

Los paisanos de Montería, la capital ganadera del país, recuerdan cómo hace un par de décadas al llegar a la ciudad se percibía un penetrante olor a estiércol de ganado. Hoy al llegar a la ciudad se respira algo nuevo: la opulencia.

Es algo que invade la atmósfera. Está en los pequeños palacetes recién construidos, en su comercio boyante de ropa de marca y muebles, en las decenas de camionetas 4x4 nuevas braveando sus motores por las calles y en los flamantes restaurantes con cavas y depósitos repletos de vinos finos y licores importados. Y hasta en los chismes de la alta sociedad que comentan la última cirugía estética que se hizo fulana o mengano.

Al llegar a la ciudad por la margen derecha del caudaloso río Sinú, a pocos metros de la carretera de entrada se descubren los barrios El Recreo y La Castellana, los estrato 6 de la ciudad. Desde hace siete años estos barrios se fueron poblando con casas en lotes de 500 y 1.000 metros cuadrados en las que las familias tradicionales de comerciantes, ganaderos y algodoneros construyeron viviendas de espacios generosos.

En los últimos años, junto con ellos han llegado nuevos vecinos: algunos políticos que en medio de las penurias de la ciudad y el departamento han logrado hacerse a unos 'ahorritos'. Y otros, los que llaman "paracaídas", que son recién llegados con hablado paisa, santandereano y vallecaucano que han montado varios negocios o comprado bienes de lujo. Las mansiones de esta zona de la ciudad fácilmente pueden despertar la envidia de los habitantes de los más exclusivos barrios de Bogotá.

Víctor Raúl Oyola, gerente de la reconocida inmobiliaria Araújo y Segovia Ltda, dice que la seguridad es lo que le ha permitido a la ciudad mantener un ritmo permanente de construcción. El costo de la finca raíz hoy para estrato 6 es de 1.300.000 pesos el metro cuadrado y en estrato 5, de 950.000. Apenas 400.000 pesos por debajo de lo que está en estos mismos estratos en Cali.

En el comercio el nuevo polo de desarrollo es el centro comercial Alamedas, proyecto que estuvo estancado durante cuatros años por dificultades de la entidad financiera que tenía a cargo su promoción. Hace poco se destrabó el negocio y los inversionistas pudieron comenzar a vender y arrendar los locales. Era tal la ansiedad de abrir nuevos negocios que los comerciantes no esperaron siquiera a que el proyecto culminara su construcción. En los últimos 14 meses han ocupado 70 locales de los 96 que estaban vacíos. Incluso algunos negociantes montaron hasta tres locales, aunque el alquiler de cada uno ellos puede llegar a los cuatro millones de pesos. Mónica Lombana, directora comercial del proyecto, explica que el boom del centro comercial se debe a que es el único en su clase en toda la región: "Es como el Miami de la zona", dice. Hoy se pueden disfrutar cuatro salas de cine, un gran almacén de la cadena Vivero y varios almacenes que han llevado a esta ciudad ganadera franquicias de marcas de ropa extranjera.

No importa que la mayor parte de la semana el centro luzca un poco desolado. Con 343.000 habitantes, la mitad de ellos con necesidades básicas insatisfechas, Montería no tiene demasiadas personas que puedan comprar allí. Aun así, los negocios prosperan. Por ejemplo, el casino que antes ocupaba un local de 300 metros cuadrados hace dos meses se pasó a uno de 1.200. El doble de área que tiene el conocido bingo del centro comercial Andino en el corazón de la zona rosa de Bogotá.

La venta de carros de lujo no se queda atrás. Por ejemplo, Auto Roble, el distribuidor autorizado de autos Toyota en la ciudad, vendió en promedio mensual el año pasado 23 camionetas Hilux y camperos Prado Sumo, y en lo corrido de éste ha vendido 15 por mes. Esta clase de autos cuesta entre 60 y 90 millones de pesos. La mayoría de ellos se venden de contado y sólo algunos pocos con crédito a seis meses. Tal vez este auge automotor explica el que se estén construyendo cada vez más nuevas estaciones de servicio.

La abundancia es tal que una pequeña comerciante que vende equipos para fincas de recreo asegura que tiene dificultades pues muchas cuentas inferiores a 10.000 pesos siempre se las pagan con billetes de 50.000. Y no es raro que en varios locales se paguen las cuentas con dólares en efectivo.

Luis Armando Cabarca, director de la Cámara de Comercio de Montería, dice que pese a que en la región no hay industria, hay un crecimiento en el sector agropecuario, y que el monteriano es un trabajador laborioso y con mentalidad comercial. Argumenta que el despertar económico de la ciudad es gracias a que tiene un área de influencia grande que alcanza la zona sur de los departamentos de Antioquia, Sucre y Bolívar. Esto ha permitido que, por ejemplo, muchas universidades tengan sede en la ciudad y que exista también un auge en la construcción de clínicas.

Sin embargo, es difícil precisar cuál es la actividad económica que ha traído semejante bonanza. Los algodoneros de la zona se quejan del abandono del Estado y aseguran que los últimos años si ha habido uno bueno, otro ha sido malo. Incluso dicen que de no ser por empresarios de la China, que el año pasado compraron la cosecha, muchos se hubieran arruinado. En el sector ganadero, al parecer tampoco hay movimientos significativos. Según la encuesta de Fedegan para el control de la fiebre aftosa, el documento más confiable sobre la cantidad de ganado en el país, en el departamento de Córdoba en el primer semestre de 2000 había 2.159.550 cabezas de ganado, censado el 99 por ciento del departamento. Al finalizar el primer semestre de 2004, censado el ciento por ciento, había 2.373.361 reses. Es decir que el crecimiento no alcanzó siquiera el 10 por ciento en los últimos cuatro años.

Los comerciantes tradicionales de la ciudad, los que se han hecho a pulso, evaden la pregunta de por qué tanto dinero en las calles. Sólo se atreven a decir, casi en murmullo, que algo huele mal. Tan mal como otrora olía el estiércol regado por los potreros que rodeaban la capital ganadera.

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