| 2006/06/11 00:00

“El miedo no funcionará como mordaza”

¿Qué callos pisaron Gustavo Bell, Armando Benedetti y Ernesto McCausland para haber recibido amenazas de muerte?

Periodistas barranquilleros, editorialistas de ‘El Heraldo’, recibieron falsas bombas como amenazas contra sus vidas. Un tema urbanístico es el lugar común de sus denuncias

"No te metas donde no te han invitado. La próxima vez te la estallo. Ojo", decía uno de los mensajes recibidos por Gustavo Bell, ex vicepresidente de la República y director del periódico barranquillero El Herado; así como los editorialistas Armando Benedetti y Ernesto McCausland. Todos recibieron cajas con bombas falsas, con sus respectivas notas amenazantes.

Los tres periodistas son las plumas más leídas e influyentes del Atlántico. Benedetti, a través de su columna semanal; McCausaland, también en prensa y en radio. Mientras el estilo del humanista e historiado de Gustavo Bell suele ser reconocido por los lectores tras cada editorial de El Heraldo. Quizá por esto la ola de amenazas ha causado estupor en la capital del Atlántico. La alarma por la intimidación de la que fueron víctimas llegó hasta la propia Casa de Nariño. El presidente Álvaro Uribe ofreció una recompensa de 100 millones a quien ayude a esclarecer de dónde provienen estas amenazas, y le pidió al general Óscar Naranjo que encabece él mismo las investigaciones.

Hasta ahora no hay claridad sobre el origen de la instigación, pero todos en Barranquilla intuyen que puede haber un gran negociado que está siendo afectado por los escritos de los periodistas.

Tal como lo han denunciado organizaciones de libertad de prensa, como la Flip, en Colombia las amenazas contra la prensa provienen, casi siempre, de sectores corruptos que ven afectados sus intereses cuando la prensa cumple con su labor fiscalizadora.

¿En qué tema han coincidio los tres en el último mes? El editorial de El Heraldo se ha pronunciado sobre la necesidad de ajustar el POT para evitar que los funcionarios de la administración expidan licencias de construcción que, aun con el lleno de los requisitos, contrarían el sentido común.

Sobre una de las obras en particular, en su editorial del 21 de mayo, El Heraldo criticaba que "Barranquilla ha sido excesivamente laxa para orientar su desarrollo urbano, que se ha tornado mezquino, caótico y sesgado por una desaforada rentabilidad económica de su suelo".

Similares críticas hizo el columnista Armando Benedetti cuando escribió que "tal vez se cumpla formalmente con las deficientes estipulaciones de un POT hecho a la medida de los intereses de los constructores, que no de los de la ciudad, pero las objeciones (...) son de sentido común incontrovertible".

Ernesto McCausland, por su parte, no se ha referido a estas obras. Sin embargo, ha escrito en repetidas ocaciones sobre la corrupción y el paramilitarismo en Barranquilla, y ha denunciado en su columna amenazas que ha recibido de paramilitares de La Guajira y Cesar, por correo electrónico.

Como ha ocurrido en otros casos, las amenazas buscan silenciar a la prensa independiente. Muchas veces lo logran. Aunque se rodeen de policías las sedes de los periódicos, y los reporteros y editorialistas tengan que andar en medio de escoltas, la intimidación hace mella si la justicia no actúa. En Colombia todavía nadie ha sido condenado por amenazar periodistas, a pesar de tener un récord de más de 30 casos al año. Muchos de los reporteros prefieren irse del país, como Daniel Coronell, o simplemente abandonar su labor. No hay duda de que con estas amenazas se ha querido quitar del camino a unos columnistas y a un director incómodo para muchas personas que se mueven bajo las sombras de la corrupción. Más aun en una ciudad con un ambiente cargado de violencia y narcotráfico como Barranquilla.

Por eso es crucial que las autoridades lleguen hasta los responsables de estas acciones que atentan no sólo contra la prensa, sino contra toda la ciudadanía, que merece ser informada sobre los asuntos públicos. Ojalá esta vez, como dijo Benedetti en su columna, "el miedo no funcionará como mordaza".

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