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| 7/8/2002 12:00:00 AM

El ministro de turismo

El ex presidente estadounidense Bill Clinton visitó de nuevo a Cartagena. Esta es una versión editada de la conferencia con la que sorprendió a su auditorio.

Permitanme decir que me parece maravilloso estar aquí reunidos en esta bella ciudad antigua de Cartagena que tiene en su historia una búsqueda constante de sus sueños. La gente vino acá en búsqueda de la mítica ciudad de El Dorado y fue el comercio y el oro lo que los trajo a esta ciudad, porque las murallas ofrecían protección. Lo que da vida a Cartagena es la esperanza de un mejor mañana.

El problema es que, como todos sabemos, estas murallas ya no garantizan la seguridad de Colombia. Se trata de una arquitectura hermosa, un recordatorio histórico extraordinario que no tiene nada que ver con la seguridad del país actual.

Y lo mismo puede decirse de las murallas que existen en todas partes del mundo y en un sentido muy real podemos decir que vivimos en un mundo sin muros, sin murallas, y que estamos abiertos tanto a las oportunidades como a las amenazas que están dentro y fuera de nuestras fronteras de una manera como nunca antes habíamos visto en la historia de la humanidad.

Aquellas personas que protestan contra la globalización cada vez que nos reunimos se equivocan al decir que la globalización es la causante de los problemas del mundo. Eso no es cierto. Durante los últimos 20 años más personas han logrado salir de la pobreza que en toda la historia de la humanidad. Las naciones pobres, las naciones en desarrollo que han optado por el comercio, han crecido a una tasa promedio anual del 5 por ciento. Aquellos países pobres que han preferido cerrar sus fronteras al comercio y a la inversión han crecido al 1 por ciento anual.

La tecnología toca todos los fondos del mundo. En enero de 1993, cuando me convertí en el presidente de Estados Unidos, había 50 sitios en Internet. Cuando salí ya había 350 millones y el número seguía en crecimiento. Nosotros vemos cómo las ideas científicas y los descubrimientos científicos se propagan rápidamente por el mundo. Ahora tenemos medicamentos que pueden evitar que una madre embarazada le transmita el sida a sus hijos.

Vemos muchos esfuerzos por lograr el bien común en todo el mundo. Hay más acuerdos comerciales, mayores esfuerzos por lograr la paz y sigue siendo muy cierto que miles de millones de personas todavía no forman parte de este nuevo mundo. Ustedes pueden ver en Colombia que, como dije anteriormente, es un microcosmos de lo que está sucediendo en el mundo entero, donde la mitad de las personas viven con menos de dos dólares al día, 130.000 niños jamás llegan a las escuelas, una de cuatro muertes se deben a tuberculosis, malaria o infecciones, casi todas enfermedades prevenibles.

Nosotros hicimos bien al respaldar el Plan Colombia y de hecho debemos hacer más. Debemos hacer más por abrir nuestros mercados, debemos hacer mayores inversiones en otros países, debemos hacer más por aliviar la carga de la deuda externa de muchos países y, ante todo, debemos invertir en programas probados que permitan alfabetizar a los niños para que éstos vivan más sanos y creo que debemos hacer más en el campo de la cooperación en la seguridad.

Estoy de acuerdo con que se debe dar un mayor respaldo económico y militar, incluyendo el desarrollo de fuerzas de seguridad locales. Yo sé que existe cierta preocupación al respecto, precisamente por los problemas del paramilitarismo, pero no sé cómo ustedes van a proteger la vida de todos estos alcaldes sino se tienen unas fuerzas de seguridad locales que puedan desempeñar ese papel y hacer ese trabajo.

También es importante reconocer que el gobierno y el sector privado colombiano tendrán que hacer cosas importantes. Entonces este nuevo Presidente necesita el apoyo y el respaldo de cada uno de ustedes: que le respalden sus reformas económicas, incluyendo la disposición del sector privado de pagar impuestos suficientes para asegurar la seguridad del país y su progreso social, porque a la larga esto rendirá los mayores frutos.

De hecho, le estaba diciendo al Presidente antes de entrar a la sala: creo que el poder del gobierno debe ser utilizado para ayudar a los pobres y eso no es lo mismo que hacerles daño a los ricos. Lo que necesitamos es un sistema en el que la gente se pueda enriquecer al ayudar a los demás a salir de la pobreza y a encontrar un buen trabajo y ser dueños de su propia empresa para que en el futuro todos tengan la oportunidad de ganar.

Creo que el sector privado juega un papel crítico en esa tarea y en esto tengo dos mensajes muy sencillos que transmitir. Primero: a todos ustedes que decidieron quedarse aquí en Colombia, muchos han visto a sus familiares secuestrados e inclusive muertos.

Yo me siento humilde por estar acá y les agradezco la decisión de querer quedarse en su Colombia. La verdad, no creo tener mucho qué decir ante todo el valor y el coraje que ustedes demuestran al ir a trabajar todos los días a la oficina y devolverse por la noche a su casa a criar sus hijos.

El segundo punto que quiero plantear es que si ustedes han decidido quedarse, si ustedes están poniendo sus vidas en riesgo y su futuro es quedarse en el país, entonces deben hacer todo lo posible por lograr el éxito.

Por Dios, por favor, no hagan el sacrificio a medias: respalden al gobierno, paguen lo que hay que pagar para acabar con los terroristas.

Introduzcan los cambios que hay que introducir y creen una cultura de sociedad cívica, de sociedad civil que le permitirá a Colombia resolver los problemas que el gobierno no puede resolver por sí solo.

Entonces eso es lo último que tengo que decir. La verdad, estoy reticente a hablarles porque creo que ustedes han demostrado tanto coraje simplemente por el hecho de quedarse. Pero si se van a quedar, por Dios, por favor, no pierdan. Si se van a quedar hagan que su inversión valga, que su valor valga, que las vidas perdidas valgan y no esperen a que sea más tarde para invertir.

Entonces no se queden si no se van a quedar totalmente. Si se van a quedar protejan el futuro de sus hijos y de sus nietos, asegurándose de ser un verdadero socio de todo corazón de Colombia. Ese es mi mejor consejo.

Mientras tanto yo trataré de ser el mejor ministro de turismo de Colombia.

Pero sí quisiera decir una cosa más, fuera de broma: que este es un país sorprendente y Estados Unidos le tiene un gran cariño. Ustedes protegieron el Canal del Panamá durante la Segunda Guerra Mundial, enviaron 1.000 personas a respaldar a Estados Unidos en la Guerra de Corea y fue el único país de América Latina en hacerlo. Ustedes han tenido tropas de mantenimiento de la paz en el Sinaí desde 1979 y hay muchas personas que no lo saben.

Cuando yo pienso en Colombia, pienso en mi gran amigo Gabriel García Márquez, quien escribió la que en mi opinión es la mejor novela de los últimos 50 años. Estoy hablando de Cien años de soledad y también de Noticia de un secuestro, que deberían ser lecturas obligadas de todo estudiante y en todos los colegios del mundo.

Yo creo en los jóvenes a los cuales me presentó el presidente Pastrana cuando vine por primera vez, cuando estuve aquí. Cuando salieron a recibirme al aeropuerto anoche, cuando llegamos, me sentí igualmente conmovido. Yo pienso en la viuda del policía que había muerto cumpliendo su deber y quien me entregó la medalla. Si ustedes visitan mi oficina en Harlem, ustedes verán la condecoración de esta viuda colombiana en un lugar prominente en mi oficina. Los niños, las viudas, los hijos, los soñadores y los hombres de negocios que han mostrado tanto valor merecen un mejor futuro y el mundo tiene que saber y conocer a la Colombia que yo he visto.
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