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| 1/11/2009 12:00:00 AM

El misterio de El Rosal

El hallazgo de los cuerpos de una familia que fue asesinada y arrojada a un pozo en su propia finca en las afueras de Bogotá tiene conmocionada a la opinión pública.

El Rosal es un pequeño y tranquilo municipio a escasos 30 minutos de Bogotá. Históricamente ha sido una región ajena a la violencia, lo que la ha convertido en una de las zonas favoritas de empresarios, comerciantes, políticos y ex militares de la capital quienes tienen allí lujosas casas de campo.

Sin embargo esa habitual paz de la región terminó abruptamente el martes de la semana pasada. Ese día investigadores del Cuerpo Técnico de Investigaciones de la Fiscalía (CTI) encontraron en una finca de la vereda Buenos Aires los cuerpos de los integrantes de una reconocida familia. El múltiple crimen causó asombro no sólo en la zona sino el resto del país.

Las víctimas eran Virginia Laverde, de 73 años de edad; su hijo Javier, de 53, y la novia de éste, Angélica Gómez. Sus cuerpos fueron hallados en el fondo de un pozo de agua localizado en la finca de la familia. Habían sido amarrados con piedras, para evitar que flotaran y como si esto fuera poco, para impedir que los cadáveres pudieran ser descubiertos, los asesinos arrojaron sobre ellos más de una tonelada de rocas.

Los Laverde eran parte de una familia ampliamente conocida y apreciada en la región. El drama de esta familia comenzó en agosto del año pasado cuando estas tres personas desaparecieron de su finca en El Rosal. En ese momento todo parecía indicar que se trataba de un secuestro extorsivo. El caso fue denunciado ante el CTI, que comenzó la investigación. "En un comienzo se pensó que podía tratarse de un secuestro, pero las labores de investigación nos fueron indicando que podía tratarse de otra cosa por lo cual se inició una segunda investigación por desaparición", explicó a SEMANA Fernando Márquez, director encargado del CTI.

Durante varios meses los asesinos intentaron y consiguieron desviar la investigación. Realizaban llamadas extorsivas a la familia e incluso les hicieron llegar a los familiares el reloj de Javier, una placa de su carro y un sombrero de su novia como supuestas pruebas de supervivencia.

En la fase inicial de las pesquisas los investigadores del CTI viajaron al departamento del Meta siguiendo algunas pistas. Con el paso del tiempo, y después de realizar más de medio centenar de entrevistas a testigos y conocidos, los investigadores empezaron a reevaluar sus hipótesis. Basados en la experiencia de los más experimentados investigadores que estaban al frente del caso, a finales de diciembre pasado decidieron hacer una nueva y más profunda inspección en la propiedad de los Laverde.

Las indagaciones llevaron a los hombres del CTI incluso a drenar completamente dos pequeñas lagunas en la finca en busca de indicios. Lo mismo hicieron con el pozo de agua. Con ayuda de los bomberos sacaron el líquido, y durante tres días sacaron más de una tonelada de rocas del lugar. El objetivo, tal como lo habían hecho con las lagunas, era llegar al fondo del pozo para descartar o confirmar alguna pista. Esa paciente labor del CTI fue la que permitió encontrar los cuerpos de los Laverde.

Al cierre de esta edición aún no se conocían los resultados de los análisis de Medicina Legal que determinen las causas y la fecha aproximada de los homicidios. Sin embargo, el macabro hallazgo ha proporcionado a los investigadores valiosos elementos que fortalecen la hipótesis de que el motivo del crimen pudo haber sido una terrible venganza. Gracias a las labores del CTI la familia pudo sepultar a las víctimas y terminó con meses de zozobra. Sin embargo, la investigación aún tiene muchos cabos sueltos y la baraja de posibles responsables es muy amplia. Sólo queda esperar a que en las próximas semanas las autoridades terminen de develar quién está detrás del misterio del asesinato de El Rosal.
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