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| 10/1/2001 12:00:00 AM

El misterio

El compañero de la modelo Natalia París que desapareció era informante de las agencias antidrogas estadounidenses.

Un misterio rodea la desaparición de Julio Correa Valdés, ocurrida hace dos semanas. De su paradero nada se sabe. La Policía de Antioquia sólo tiene indicios de que fue asesinado en una vendetta entre narcotraficantes. Sin embargo las autoridades tampoco han encontrado su cadáver.

¿Quién es este hombre que tanta atención ha tenido en los últimos días debido a que era el compañero de la famosa modelo Natalia París? Correa, conocido como ‘Julio Fierro’, es una de las 114 personas que negociaron hace más de un año con la justicia de Estados Unidos para obtener su libertad a cambio de prestar su colaboración con las agencias antidrogas, suministrando rutas de embarque, localización de cargamentos de coca y cuentas bancarias fruto del negocio del narcotráfico.

Ese pacto fue avalado por la Fiscalía General de Estados Unidos sin el conocimiento de las autoridades colombianas. El hombre que fue ‘puente’ en esa negociación, en la que intervinieron la CIA, la DEA, Aduanas y la dirección de impuestos de ese país (IRS), fue el colombiano Baruch Vega, quien terminó acusado en una Corte Federal de Miami por obstrucción a la justicia y lavado de dinero. Un año después de ese escándalo Vega demostró ante la Corte de Miami que todo el trabajo que realizó fue autorizado por dependencias del gobierno de Estados Unidos.

El testimonio de Vega dejó al descubierto la maraña que se tejió para permitir que los narcotraficantes colombianos lograran evitar que la justicia de Estados Unidos los continuara persiguiendo a cambio de su colaboración. Uno de ellos fue Julio Correa Valdés, quien se comprometió ante un juez en la Corte de Miami en septiembre de 1997 a cooperar con las autoridades de ese país a cambio de inmunidad.

Poco o nada se sabía de sus actividades y sólo cuando desapareció se supo que mantenía una relación con la modelo Natalia París. No obstante SEMANA conversó con antiguos socios suyos, quienes revelaron sus andanzas. “El fue uno de los principales ayudantes de Pablo Escobar y estaba encargado de conseguir armas para la organización”, le contó a SEMANA quien fuera un miembro del extinto cartel de Medellín. “En esa época lo conocíamos como Julio Fierro”.

Según estas fuentes la carrera de Correa en el mundo del narcotráfico comenzó a los 18 años cuando fue arrestado en Los Angeles por posesión de tres kilos de cocaína. Logró pagar la fianza y voló a Colombia, donde continuó con el negocio. En 1996 fue descubierto en Miami un cargamento de seis toneladas de cocaína camufladas en tanques que contenían cloro. Según las autoridades estadounidenses esa droga había sido enviada por Correa Valdés y le abrieron un proceso por narcotráfico que lo podía enviar a la cárcel por 30 años.

Correa inició entonces sus primeros contactos con agentes del FBI en Costa Rica intentando, sin éxito, negociar con la justicia estadounidense. Un año más tarde se le atravesó en el camino Baruch Vega y a partir de ahí comenzó negociaciones con los agentes federales. “Esas reuniones tuvieron lugar en Medellín, Panamá y por último Miami”, señaló Vega a SEMANA.

Seis meses después Correa comenzó su nueva vida de colaborador de las agencias antidrogas de Estados Unidos. Por intermedio suyo cerca de 35 narcotraficantes decidieron arreglar su situación en Estados Unidos. Esos nombres los conocía muy bien la Policía colombiana. “Eran la cabeza de la Operación Milenio. Seguimos sus rastros durante más de un año y una semana antes de realizar el operativo para capturarlos desaparecieron del país. Sólo meses después supimos que habían negociado sus problemas en Estados Unidos”, señaló a SEMANA uno de los investigadores de la Dijin que participaron en la Operación Milenio.

El nuevo trabajo de Correa le implicaba entrar a Colombia con frecuencia. Y así lo hizo hace dos semanas, cuando llegó en compañía de Natalia París. Las noticias sobre su nueva actividad se habían regado como pólvora entre los narcotraficantes. Y muchos no veían con buenos ojos lo que estaba haciendo su antiguo socio, a quien consideraban un soplón.

Por eso las autoridades creen que su desaparición está relacionada con un ajuste de cuentas entre narcos. Y como le dijo un ex socio de Correa a SEMANA: “En el mundo de la mafia a los ‘sapos’ no les perdonan la vida”.
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