Viernes, 31 de octubre de 2014

| 2013/06/11 00:00

El misterioso asesinato de un sacerdote

Uno de los sobrevivientes del caso relata una versión que deja vacíos.

En un completo misterio se ha convertido el asesinato del sacerdote Germán Augusto Giraldo. Foto: .

En un completo misterio se ha convertido el asesinato del sacerdote Germán Augusto Giraldo de la Iglesia Universal Apostólica Anglicana y el abogado Marcos Rodríguez quien servía a esa misión pastoral.

En la madrugada de este martes ellos, y el obispo de esa congregación, monseñor Rosendo Úsuga, y un presunto vigilante de la Iglesia iban a bordo de un carro de placas BOS- 384 en el sector de Kennedy, al sur de Bogotá, cuando fueron atacados por sicarios.

Monseñor Úsuga, en una declaración hasta ahora extraña, aseguró en Blu Radio que el padre Giraldo lo invitó a un viaje a Villavicencio a realizar una diligencia. Luego del ataque se supo que en el interior del vehículo había 200 millones de pesos. Sin embargo el religioso, en su versión a los medios, aseguró que no sabía que ese dinero estaba en el lugar y que supone que los sicarios –advertidos- iban por el efectivo.

“Nos interceptaron varias personas en una moto y nos hicieron bajar. Y ellos tomaron el carro diciendo que eran policías y que nos llevarían al CAI a revisarnos. Cuando ya vimos que realmente no nos llevaban para allá comencé a forzar y desgraciadamente asesinaron al padre y al doctor Rodríguez. Por bendición de Dios no me hicieron nada a mí ni al vigilante”, dijo.

El obispo no pudo explicar por qué iban a esa hora 4:00 a. m. hacia Villavicencio, como tampoco fue claro en explicar cómo se montó a un carro sin saber cuál era el destino final y la misión a cumplir en esa ciudad.

“Fue un milagro de Dios”, dijo Úsuga al explicar qué había terminado vivo. Explicó que los ladrones le quitaron las llaves al abogado y uno de ellos tomó el control del vehículo mientras que otro se instaló atrás.

El religioso terminó su entrevista cuando se enteró que estaba al aire, bajo el argumento de que ahora estaba en peligro. Lo cierto es que nunca pudo explicar este extraño suceso donde terminó muerto un sacerdote que llevaba un dinero a un lugar que pocos saben y un abogado que, al parecer lo secundaba. Un verdadero misterio.

El comandante de la policía, general Luis Eduardo Martínez, señaló que el tema está en investigación, pero dijo algo que llamó la atención. Hablo de extrañas versiones y contradicciones de este caso.

El otro caso

No es la primera vez en el último año y medio que sacerdotes protagonizan hechos no solo dolorosos, sino extraños. El 27 de enero de 2011fueron asesinados los sacerdotes católicos Richard Armando Piffano y Rafael Reátiga Rojas, quienes fueron hallados en el interior de un vehículo en una calle cerca de un caño sin alumbrado público ni pavimento, en el barrio Dindalito, al suroccidente de Bogotá. Un año después de las investigaciones, la Fiscalía determinó que los sacerdotes pagaron por su muerte.

La Fiscalía logró establecer, principalmente a través del seguimiento a los teléfonos celulares de los curas (que fueron encontrados días después de la muerte), que días previos al asesinato estos sostuvieron reuniones con dos hombres, Girdardo Peñate Suárez, alias ‘Gavilán’, e Isidro Castiblanco Forero, alias el ‘Gallero’. Ellos habrían recibido la suma de 15 millones de pesos para acabar con la vida de los sacerdotes.

La investigación estableció que el deseo de acabar con sus vidas empezó días atrás de ocurrida la muerte. Ellos, en un viaje a Santander, habrían intentado suicidarse en el sector de Pescadero, en la vía entre San Gil y Piedecuesta, un trayecto en el que hay profundos precipicios.

Y ante el fallido intento, optaron, según el ente acusador, por buscar ayuda en alias 'Gavilán' y el ‘Gallero’, dos hombres que hacen parte de una banda de falsificadores de moneda y hurto.

La Fiscalía además de establecer los autores del asesinato, pudo determinar que uno de los sacerdotes, Rafael, tenía dos enfermedades de transmisión sexual que estaban acabando con su vida. “Se le veía acabado, enfermo (...) Tenía manifestaciones propias de quien cree que no va a vivir más”, señaló la fiscal del caso.

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