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| 12/26/1994 12:00:00 AM

EL MUNDO AL REVES

Las declaraciones de Roberto Escobar y John Jairo Velásquez no han sido las únicas en las que las palabras de los narcotraficantes se enfrentan a las de las autoridades. SEMANA revela algunos casos desconocidos.

CUANDO LOS CUATRO Mosqueteros anunciaron su segundo gran debate en la Cámara de Representantes, todo el país pensó que lo que venía iba a ser una verdadera bomba de opinión. Carlos Alonso Lucio, Ingrid Betancourt, María Paulina Espinosa y Guillermo Martínezguerra habían protagonizado ya una de las más sonadas discusiones que han dado en el Congreso en lo que va corrido de la legislatura: la de los fusiles Galil. Por esa razón, y en virtud de los avances que los Mosqueteros dieron a ciertos medios de comunicación, la citación que habían hecho al ministro de Defensa, Fernando Botero, para debatir la política de seguridad del país, prometía ser un acontecimiento de gran importancia.

Pero no fue así. Tras horas y horas de ponencias académicas sobre los orígenes y desarrollos de la violencia guerrillera, paramilitar y la relacionada con el narcotráfico, los asistentes a la plenaria no parecían tener en claro para qué habían citado al Ministro. El grueso de las denuncias se dirigían contra la política de la administración de César Gaviria. Sin embargo, ya entrada la noche, llegó el plato fuerte: la grabación de una serie de entrevistas con los narcotraficantes confesos Roberto Escobar, 'Osito', y John Jairo Velásquez, 'Popeye', despertaron la atención del recinto.

Los dos hicieron toda clase de denuncias (ver recuadro). Afirmaron, por ejemplo, que los acuerdos de sometimiento a la justicia habían sido redactados por el gobierno, con la colaboración directa de Pablo Escobar. Pidieron la devolución de La Catedral, pues explicaron que era propiedad de Pablo Escobar, y advirtieron que el país estaba ante la posibilidad de un nuevo coletazo terrorista.

Curiosamente, todas estas afirmaciones no entusiasmaron ni a los asistentes al debate ni al país en general. Inclusive al día siguiente los medios de comunicación no realizaron el despliegue esperado sobre lo sucedido en la Cámara de Representantes. Y no necesariamente porque todo lo dicho allí haya resultado falso, sino porque en Colombia ya parece haber cierto hastío de ver enfrentadas las palabras del gobierno con las de los delincuentes. Si bien los gobernantes no han sido particularmente populares, de hecho sus posiciones son más legítimas que las de narcotraficantes confesos.

Probablemente, en otra época esa clase de denuncias habrían generado un escándalo de grandes proporciones en el país e, incluso, habrían podido ser la causa de la destitución de funcionarios o, por lo menos, de la apertura de investigaciones contra ellos. No obstante, la respuesta del país ante este debate demuestra que hoy se les cree mucho menos a los delincuentes. Y que por ello, las denuncias que se basen en sus afirmaciones tienen muy pocas posibilidades de prosperar. Al fin y al cabo, no todo el mundo adora a César Gaviria, pero los colombianos le creen más a él que al hombre que confesó haber comprado la ametralladora con la que fue asesinado Luis Carlos Galán.

Hace cinco años, cuando Colombia vivía la etapa más cruel del narcoterrorismo, la opinión pública se debatía entre creer las versiones oficiales o las que hacía circular Pablo Escobar. Por un lado, las autoridades anunciaban que el autor de las bombas y los asesinatos era Escobar. El, por su parte, se apresuraba a manifestar que no tenía nada que ver con esos hechos. Así sucedió con el magnicidio de Rodrigo Lara Bonilla, en el que Escobar le juró al país que no había participado y posteriormente el DAS comprobó que había sido el autor intelectual. El cartel de Medellín produjo comunicados en los que decía no haber matado ni a Guillermo Cano ni a Luis Carlos Galán ni a Carlos Pizarro ni a Bernardo Jaramillo. Las investigaciones en estos casos concluyeron que detrás de todos esos magnicidios estaba el cartel.

La opinión pública, sin embargo, salía muy confundida de ese cruce de versiones. Y es que si algo se le ha reconocido a Pablo Escobar es haber sido un maestro en el manejo de la desinformación. Era un experto en hacer una cosa y decir otra, en anunciar la guerra y al mismo tiempo ofrecer comunicados de paz. No obstante, Escobar no fue el único experto en confundir a la opinión, y ahora le están saliendo muchos imitadores. Hay más de un caso en la historia reciente del país en donde personas al margen de la ley han decidido jugar con la información y mandarle dardos a reconocidos personajes nacionales. Es decir, casos en los que los pájaros acaban disparándoles a las escopetas.

PARA LA MUESTRA...
El caso más sonado fue el de las declaraciones del narcotraficante colombiano Carlos Lehder, quien afirmó durante el juicio que le adelantaron en Estados Unidos al general panameño Manuel Antonio Noriega, que el ex presidente Alfonso López Michelsen "era el padrino polítíco de Pablo Escobar y quien garantizaba la protección del cartel de Medellín, no sólo de las autoridades colombianas sino también en Panamá. Sus gestiones no se limitaban al campo político sino también al comercial". Según Lehder, el ex presidente logró solucionar un grave impasse que se presentó entre el general Noriega y Escobar por asuntos relacionados con el negocio de cocaína.

Otro caso no menos inverosímil fue el del narcotraficante y mano derecha de Escobar, Juan Diego Arcila Henao, alias el 'Tomate'-el mismo que estuvo a punto de salir en libertad hace apenas 15 días-, quien ha manifestado que el secuestro de Andrés Pastrana, en 1988, había sido un montaje para ayudarlo a salir elegido alcalde de Bogotá. El 'Tomate' agregó que el secuestro había sido realizado de mutuo acuerdo con toda la familia Pastrana y que por ello Andrés había recibido 55 millones de pesos (165 millones de pesos de hoy) para la financiación de su campaña.

Como si esto fuera poco, un narcotraficante argentino extraditado a Estados Unidos está diciendo -en vísperas de declarar en el juicio contra Dan Denys Muñoz Mosquera, alias 'La Quica', acusado de volar el avión de Avianca- que el ex fiscal general Gustavo de Greiff había recibido dinero por enviar una carta al juez estadounidense que adelanta ese proceso. En la comunicación, enviada en marzo de este año, De Greiff le hace saber al juez que Carlos Mario Alzate, alias el 'Arete', ha confesado ser el autor de ese delito y que ese hecho debe ser de conocimiento de las autoridades norteamericanas.

La denuncia contra De Greiff es absurda. Cuando una autoridad judicial tiene conocimiento de una confesión en la que una persona se declara responsable de un delito por el cual está siendo juzgada otra, existe la obligación de transmitir de inmediato dicha información al juez correspondiente. La carta que mandó De Greiff no era opcional. Habría cometido un delito si no la enviaba.

Todos estos casos han convencido a muchos de que las palabras de los delincuentes no necesariamente son de oro. En el caso del debate de la semana pasada, aunque mucho de lo que dijeron los narcotraficantes puede tener elementos verdaderos, la motivación por la cual lo anuncian es la que resulta discutible. Como dijo el ministro de Defensa Fernando Botero Zea durante el debate: "ni el Congreso ni la opinión pública deben darle credibilidad a afirmaciones provenientes de delincuentes que han actuado al margen de la ley".

Por ejemplo, en cuanto a las declaraciones de Roberto Escobar y de 'Popeye', era de conocimiento público que la entrega de Escobar obedecía a una negociación. Y ésta, que fue relativamente pública, ahora se presenta con exageraciones y desinformación como una revelación escandalosa. La falta de entusiasmo con que la opinión pública recibió las denuncias la semana pasada, es una clara muestra de que algo ha comenzado a cambiar en la sociedad colombiana: se volvió más escéptica frente a las denuncias que hacen los delincuentes. Y es que no se trata de si lo que dicen sea verdad o mentira, sino de que no tiene sentido darle crédito a las palabras de dos narcotraficantes que han participado en varios de los crímenes más atroces de la historia del país.-

Lo que dijo Roberto Escobar

*LA REDACCION de los decretos de sometimiento la hizo el gobierno con la colaboración directa de Pablo Escobar.

* Para la construcción de La Catedral, Pablo gastó de su bolsillo dos millones de dólares en la cárcel.

* El aconsejó que se pusieran mas rejas en La Catedral porque al principio parecía una casa de campo.

* El gobierno de Gaviria conocía las pertenencias que teníamos en la cárcel. Fueron a tomarles fotos a las habitaciones, y nos aconsejaron que lo único que sobraban eran unos tapetes. Nosotros los quitamos.

*Tan legal eran las cosas que nosotros pagábamos mensualmente una cuota al Inpec por los televisores, por las neveras, por los radios, por los equipos de sonido.

*Yo he estado pensando en hacerle una demanda al gobierno para que me devuelvan La Catedral, porque realmente era de Pablo.
* Mi hermano hizo un compromiso con el gobierno para que el general Maza saliera del DAS. El era uno de los peores enemigos de Escobar.


Lo que dijo 'Popeye'

*COLOMBIA ES el país más fácil de desestabilizar. Con una bomba o con el asesinato de cualquier dirigente político se desestabiliza completamente.

* Los decretos 3030, 2047 y 1303 de sometimiento a la justicia se ingeniaron en las montañas de Envigado.

*Se hizo un pacto con el gobierno Gaviria, en el que si nosotros cumplíamos, nos daban la casa de La Catedral. A Escobar le convenía ese lugar porque había monte y era fácil planear una fuga.

*Los funcionarios del gobierno fueron los que dejaron convertir La Catedral en un monumento a la corrupción.

*Yo he estado oyendo unas voces que se han estado levantando a favor de la extradición nuevamente. Por cositas que uno oye, chismesitos, uno sabe que el país puede volver al narcoterrorismo.-
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