Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2001/09/03 00:00

El nuevo capo

Diego León Montoya está en la mira de Estados Unidos que lo considera el nuevo zar de la mafia en Colombia. ¿Quién es?

El nuevo capo

En los archivos del FBI, y la DEA el nombre de Diego León Montoya aparece registrado desde mediados de 1998. La carpeta, que contiene una foto de su cédula de ciudadanía y una corta hoja de vida, es constantemente consultada por los investigadores quienes, además, aportan constantemente nuevos datos sobre este hombre que hoy es considerado por el Departamento de Estado de Estados Unidos como el nuevo zar del narcotráfico en Colombia, pero sobre el cual muy poco conocen las autoridades de ese país.

En el mundo del narcotráfico Montoya es conocido como ‘Don Diego’. Tanto las autoridades federales como las colombianas están ofreciendo una recompensa de 700 millones de pesos a quienes den información sobre su paradero. En manos del Ministerio de Relaciones Exteriores reposa la nota verbal número 358 de abril de 2000 mediante la cual la embajada de Estados Unidos en Colombia solicita su detención provisional con fines de extradición.

‘Don Diego’ es requerido para comparecer a juicio por delitos de narcotráfico por la Corte Distrital de Estados Unidos en el sur de la Florida. De acuerdo con el indictment que reposa en los archivos de esa Corte, la DEA y el FBI señalan que Diego León Montoya es responsable de haber introducido más de 1.000 toneladas de cocaína a Estados Unidos a través de la frontera con México. Por ese delito el juez Stephen T. Brown dictó el 4 de noviembre de 1999 una orden de detención que posteriormente fue repartida a las distintas agencias de Interpol localizadas en Colombia, Ecuador y México.

En estos tres países ‘Don Diego’ mantiene su centro de operaciones. La información que posee Interpol en Colombia sobre este hombre, considerado como el nuevo gran jefe de la mafia, es bastante amplia. Nació en 1961, casado y padre de dos hijos. En el negocio del narcotráfico las autoridades antinarcóticos han señalado que el centro de operaciones de ‘Don Diego’ es el norte del Valle de Cauca. Lo califican dentro de la nueva generación de narcos: bajo perfil, estudios profesionales, poca vida social y no ostentosa. Sus negocios ilícitos están camuflados a través de varias empresas que no son de fachada sino que, por el contrario, funcionan en diferentes campos. Igualmente mantiene operaciones lícitas en distintos países y esas empresas sirven de ‘puente’ para los negocios ilícitos.

El paciente trabajo de las autoridades ha permitido establecer que ‘Don Diego’ hoy por hoy tiene el control del 80 por ciento de los laboratorios de procesamiento de coca que funcionan en el Tolima. Es considerado como uno de los principales proveedores de droga en la ruta del Pacífico que parte de Quito, Ecuador, rumbo a las costas de México. Su organización ha sido calificada por la DEA como una de las más expertas en el camuflaje de los envíos de droga, cuyo destino final es Estados Unidos.

“La información que hemos recogido en Ecuador, México y Colombia nos ha permitido establecer que en los tres últimos años este nuevo gran capo de la droga maneja un enorme mercado de estupefacientes que le permite mensualmente introducir 50 toneladas de cocaína a Estados Unidos. Esa droga puesta en la frontera con México le reporta a la organización de ‘Don Diego’ 50 millones de dólares por cada envío”, señaló a SEMANA uno de los investigadores de la DEA, quien desde hace más de tres años sigue los rastros de Diego León Montoya.

En esos seguimientos, que han realizado las agencias antidrogas de Estados Unidos en cooperación con las autoridades colombianas, se logró establecer que la organización de Montoya tenía una estrecha relación de negocios con Ever Villafañe Martínez, alias ‘Juancho’, quien fue capturado durante la Operación Milenio, en la que cayeron 35 narcos con fines de extradición.

En esta operación no era la primera vez que las autoridades estadounidenses habían escuchado el nombre de ‘Don Diego’. En la Florida, y principalmente entre los agentes de la DEA, del FBI y de Aduanas de Miami, su nombre era familiar. El famoso intermediario Baruch Vega había entrado en contacto con Montoya tres meses antes de la última fase de la Operación Milenio. Mientras la Policía en Colombia y los agentes de la DEA radicados en Bogotá trabajaban a marchas forzadas en esta operación sus homólogos en Miami se reunían en el Hotel Marriott de Panamá con ‘Don Diego’ para ofrecerle una negociación jurídica a cambio de entregar rutas, fechas de envíos de droga y nombres de la red de contactos tanto en México como en Estados Unidos. En esas reuniones estuvieron presente agentes federales, así como Vega. En el tema se avanzó. Y mucho más después de que se dieran a conocer los resultados de la Operación Milenio, en la cual ‘Don Diego’ era uno de los principales objetivos de las autoridades. Pero nunca pudieron llegar a él porque en ese momento estaba en contactos con los agentes de la DEA en Miami y conocía de la operación que se estaba realizando en medio país. Finalmente ‘Don Diego’ nunca llegó a ningún acuerdo con las autoridades de Estados Unidos, básicamente por el escándalo que estalló cuando se revelaron los contactos de Baruch Vega con la mafia colombiana.

En esa oportunidad se estableció que Diego León Montoya también tenía estrecha relación con los carteles mexicanos. Sus negocios estaban en Tijuana y una de sus aliadas era la organización de Félix Arellano, hoy catalogado como uno de los hombres más peligrosos para Estados Unidos. Tanto, que las autoridades de Washington lo mantienen en una lista que encabeza Osama Ben Laden.

Los negocios de ‘Don Diego’ con Félix Arellano estaban centrados en el tráfico de la droga proveniente de Colombia, que pasaba por el Pacífico y posteriormente llegaba a las costas mexicanas. A partir de ahí buena parte de la responsabilidad del cargamento quedaba en manos de Arellano, quien manejaba los hilos del negocio para introducirla a Estados Unidos. Toda esta información hace parte de los documentos que están en manos del juez federal en Miami.

Pero los líos jurídicos de ‘Don Diego’ no sólo están en Estados Unidos. En Colombia cursa una acusación por la masacre de Trujillo, Valle del Cauca, ocurrida en marzo de 1990, y por el asesinato del sacerdote Tiberio Fernández Mafla, quien denunció las atrocidades cometidas por la organización de ‘Don Diego’.

Las autoridades también lo señalan como uno de los principales financiadores de grupos paramilitares, especialmente del grupo Calima, que opera en el Valle, que hace un mes perpetró una de las masacres más cruentas en Buga, donde fueron asesinados más de 24 campesinos. Este grupo, que hace parte de la estructura de las AUC, dejó una estela de muertos —140— en menos de una semana en su incursión.

Las primeras investigaciones realizadas por el Ejército y la Policía han arrojado una serie de pistas documentales que apuntan hacia ‘Don Diego’ y lo señalan como uno de los autores intelectuales de lo ocurrido en el Valle.

Esa información fue entregada a las autoridades estadounidenses, que la incorporaron a la carpeta de ‘Don Diego’ que hoy reposa en los archivos de la DEA, el FBI y el Buró Federal de Investigaciones. Esas agencias están en la tarea de atar cabos que les permitan demostrar que los actos cometidos en Buga y el trafico de 50 toneladas de coca hacia Estados Unidos están íntimamente relacionados con Diego León Montoya, y esos actos sólo tienen un nombre: narcoterrorismo.

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