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| 7/23/2015 9:10:00 PM

El nuevo Juan Carlos Pinzón

El exministro de Defensa tendrá que modificar su agenda, sus formas y -sobre todo- su lenguaje. Ya no será la voz dura contra las Farc, sino el defensor firme de la negociación.

La misión del nuevo embajador de Colombia en Washington, Juan Carlos Pinzón, está clara: conservar el apoyo bipartidista, entre demócratas y republicanos en el Congreso, a Colombia. Y en el corto plazo, al proceso de paz. Así lo dijo, con toda claridad y en público, el presidente Juan Manuel Santos en la ceremonia de posesión del exministro de Defensa.

El hecho es inusual. No es normal que este tipo de instrucciones se dé ante los medios. Ni es común que se le otorgue prioridad al mantenimiento del bipartidismo demócrata-republicano, porque desde hace años se entiende que esa condición se puede dar por un hecho. Que no está en peligro. ¿O acaso no lo está? ¿Por qué hizo Santos esa alusión tan explícita?

La explicación tiene que ver con la curiosa coincidencia que hay en los dos países: la de una polarización política interna, aquí y allá. En Colombia, entre el Gobierno y la oposición uribista. En Estados Unidos, entre la administración Obama y la dura oposición republicana. A pesar de que las relaciones entre Bogotá y Washington pasan por su mejor momento en muchos años, la política interna de ambos países obliga a encender una luz de alerta.

El año entrante, 2016, habrá elecciones presidenciales en Estados Unidos. Y si las relaciones con Colombia llegan a formar parte del debate, el bipartidismo de apoyo a Colombia se podría romper. Dependerá, desde luego, de quiénes sean finalmente los candidatos. Pero si en el campo republicano triunfa en el proceso de elecciones primarias alguna de las alternativas (hay más de 15) más radicales (hay varias), el ‘nominado’ republicano podría cuestionar el respaldo de Obama a la negociación con las FARC (y el nombramiento de un embajador como enviado especial a los diálogos, Bernie Arionson). Y de paso, también cuestionaría la reapertura de relaciones con Cuba. No es lo más probable: todo indica que el debate del 2016 se centrará en asuntos internos y no de política exterior. Pero hay que encenderla luz de alerta porque la campaña electoral, en el campo republicano, está muy incierta.

También por la polarización en Colombia. El expresidente y senador Álvaro Uribe, quien tuvo excelentes relaciones con Washington durante sus ocho años de poder, hace presencia frecuente en el Congreso, en las universidades y en los centros de pensamiento de la capital estadounidense. Y allí ha insistido con su mensaje crítico sobre las negociaciones de La Habana. Hasta ahora ha pasado casi inadvertido y no tiene muchos aliados. Pero si en la campaña presidencial el tema de Colombia llega a ser un tema, el mensaje uribista lograría mayor acogida.

Ese fue el sentido del mandato público que Santos le dio a su nuevo hombre en Washington, Juan Carlos Pinzón. “Algunas personas -dijo- han querido sembrar cizaña en esa política bipartidista, dividir la política en Estados Unidos frente a Colombia; eso no hay que permitirlo frente a ninguna circunstancia”. No mencionó nombres. Pero para nadie es un secreto que detrás de esa instrucción presidencial en voz alta el uribismo y los republicanos son quienes podrían poner en peligro el apoyo bipartidista de Washington hacia Colombia y hacia el proceso de paz.

No es poca cosa que Santos haya puesto ese tema -el manejo político, aquí y allá- por encima de otras de las nubes que aparecen en el horizonte: desacuerdos sobre el incumplimiento de algunos aspectos del TLC y crecimiento de cultivos de hojas de coca justo cuando el gobierno colombiano suspende la fumigación aérea.

De manera que Pinzón tendrá que tomarse muy en serio el traslado del Comando General a la Embajada. De Bogotá a Washington. Del uniforme militar y las botas pantaneras a los elegantes vestidos de la diplomacia. Del lenguaje de guerra a las palabras conciliatorias. De la defensa del uso de la fuerza contra la guerrilla, a la explicación de las negociaciones en La Habana. Otro escenario, otra misión y, tal vez, otro Pinzón.
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