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| 10/27/2007 12:00:00 AM

El nuevo poder

Cali y el Valle siguieron apostándole a lo desconocido al elegir a <br><br> Jorge Iván Ospina alcalde de Cali y a Juan Carlos Abadía gobernador.

Mientras en Medellín y en Bogotá celebran la garantizada continuidad de administraciones exitosas, en Cali se sigue experimentando. Hace siete años los caleños eligieron un locutor deportivo; hace cuatro, a un concejal ciego, y el domingo pasado, al médico Jorge Iván Ospina, hijo del ex comandante del M-19 Iván Marino. Las primeros dos cara y sellazos no funcionaron, especialmente la última de Apolinar Salcedo. Salcedo fue destituido por la Procuraduría y sumió la ciudad en una crisis institucional de la cual aún no se recupera.

Ospina es una incógnita como sus antecesores. ¿Qué lo identifica con ellos? Todos como él salieron beneficiados de la polarización social que carcome a Cali desde hace varios años para derrotar al candidato que apoyaban los partidos tradicionales y los empresarios. Y por tercera vez, el ex ministro Francisco 'Kiko' Lloreda ganó casi todas las encuestas y perdió la elección.

Es evidente que una parte de los caleños prefiere apostarles a las caras nuevas como si la ciudad fuera una lotería. Replicaron ese ejercicio en la Gobernación del Valle, al darle una victoria apabullante al administrador de empresas Juan Carlos Abadía Campo, de apenas 28 años.

Como en los Alcaldía de su capital, la escogencia de los vallunos contrasta con la que hicieron los votantes de Antioquia y Cundinamarca, donde salieron elegidos dos connotados y experimentados políticos: el ex alcalde y ex senador Luis Alfredo Ramos y el ex gobernador y ex senador Andrés González, respectivamente.

Que los vallunos y los caleños hayan decidido entregarles el mando del segundo departamento y tercera ciudad en población de Colombia a unos hombres tan jóvenes y sin tanta experiencia como Abadía y Ospina, es diciente. Representa ir contra la corriente y el pensamiento popular de que es mejor malo conocido que bueno por conocer. Al tiempo que refleja un malestar con el statu quo, es también una jugada llena de riesgos tanto para el Valle como para Cali. A pesar de la aplaudida gestión del gobernador Angelino Garzón, son múltiples los problemas en el departamento, como la inseguridad, la guerrilla, la corrupción y el polvorín en que se ha convertido Buenaventura. A diferencia de Garzón, quien era un consentido de los medios y del gobierno nacional, Abadía arranca de una posición desventajosa: durante toda la campaña fue atacado por el respaldo que recibió del polémico senador Juan Carlos Martínez, de Convergencia Ciudadana, que ha sido duramente cuestionado en la región por sus amplias cuotas burocráticas, y en el nivel nacional, por los líos de su partido, que tiene a cinco de sus siete senadores afectados por el escándalo de la para-política. Aunque las críticas contra el gobernador electo no impidieron su arrolladora victoria, Abadía tiene por delante el reto de demostrar que todas esas críticas no tenían piso.

A Ospina, curiosamente, le puede pasar lo mismo. En la última semana, fue vox populi en la ciudad su alianza con Abadía y Martínez. Un pacto, que según conocedores de la política local, fue clave para su triunfo. Sin embargo, ninguno de los dos quiso hacerle mucha bulla, ya que uno de los principales atractivos de Ospina era su declarada independencia de los políticos.

La pregunta hoy es si ese encuentro de intereses electorales se trasladará a sus administraciones. Los resultados del domingo indicarían que así lo quiere la mayoría de los caleños y vallunos. Que su alcalde y su gobernador trabajen en llave. Esa fue la esperanza que vieron en su juventud. Sólo el tiempo dirá si este nuevo experimento dará fruto. n
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