Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1999/01/18 00:00

EL OTRO CANJE

Fuentes cercanas al ELN aseguran que las conversaciones entre Carlos Castaño y Antonio García fueron para negociar prisioneros de guerra y no para hablar de paz.

EL OTRO CANJE

Hace una semana, cuando fueron reveladas las conversaciones radiotelefónicas entre Antonio García, comandante del ELN, y Carlos Castaño, jefe de los grupos paramilitares, parecía que estos dos archienemigos que hace tan solo unos meses se declararon la guerra a muerte estaban dispuestos a sentarse en una mesa de negociación a buscar un camino hacia la paz y silenciar para siempre los fusiles.
Esa interpretación se desprendía de los términos en que transcurrió la conversación. Castaño, incluso, planteó la posibilidad de pedirle perdón a García "por algunos excesos cometidos por él y sus hombres". García a su vez dejó entrever que el ELN no estaba en una actitud 'guerrista' y que por el contrario sus hombres estaban dispuestos a buscar una salida a "las cosas dentro de una realidad pero no sobre hechos de sangre". Incluso los dos interlocutores coincidieron en que había que "buscarle una salida a esto".
Para nadie era un secreto que estos dos hombres han tratado por todos los medios de exterminarse, y por eso la conversación sostenida por radioteléfono no podía tener un objetivo distinto a buscar una salida al conflicto. El análisis de los violentólogos fue simple: el ELN está perdiendo la guerra y necesita ganar tiempo para evitar una catástrofe final. En el caso de Castaño, los analistas coincidieron en afirmar que su propuesta al ELN tenía como finalidad buscar un estatus político que le permitiera moverse en las mismas condiciones que los grupos guerrilleros frente al tema de la paz con el gobierno nacional. En otras palabras, tanto a unos como a otros les convenía fijar unas reglas de juego y tratar de sentarse frente a frente y resolver sus problemas por las buenas.
Todo parece indicar, sin embargo, que la paz entre los paras y el ELN está más lejos de lo que se pensaba. En fuentes muy cercanas al Ejército de Liberación Nacional, SEMANA pudo constatar que eso es así. Si bien es cierto que la conversación entre Castaño y García tuvo lugar hace un mes, las fuentes mencionadas aseguraron que el objeto central de la misma no fue el de allanar caminos que condujeran a una mesa de negociaciones para ponerle punto final a la guerra que libran los dos bandos, sino el de solucionar un problema de alcance mucho menos general.
A mediados de noviembre el presidente de la Cruz Roja Internacional, Pierre Gassman, se comunicó con Antonio García para ponerlo al tanto de un mensaje que le había mandado Carlos Castaño y de paso informarle que en una reunión que tuvo lugar en los campamentos de los paras se había enterado del secuestro de 'Esteban', uno de los principales ideólogos del ELN. Gassman dejó en claro que la información se la estaba suministrando en su carácter de presidente de la Cruz Roja, una organización que cumple un papel humanitario muy importante en los conflictos armados, y no como mensajero de Carlos Castaño.
El mensaje transmitido por Gassman era muy sencillo: Castaño quería que García lo llamara para tratar un asunto de suma importancia. Para ello le envió una serie de frecuencias de radiotelefonía. De acuerdo con las fuentes de SEMANA, la primera conversación se dio dos días después del mensaje de Gassman. Fueron cuatro comunicaciones y a lo largo de ellas el tema central fue encontrar caminos para llegar a un acuerdo de canje: El de 'Esteban' por varios paras que estaban en poder del ELN. "Antonio García nunca planteó la posibilidad de sentarse en la misma mesa con Castaño para negociar la paz. El ELN no le puede dar estatus político al paramilitarismo en Colombia. La razón de esas conversaciones fue el canje de prisioneros de guerra", señaló a SEMANA la fuente consultada, que pidió total reserva de su nombre.
Como la negociación ha sido un tire y afloje todavía no se ha llegado a una fórmula sobre cómo sería ese canje de prisioneros. Por lo pronto las conversaciones están congeladas y cada uno de los bandos estudia las condiciones que han exigido para que ese intercambio se pueda dar. Ni el ELN ni los paras están dispuesto a ceder terreno, pero la puerta del trato sigue abierta.

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