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| 9/10/2011 12:00:00 AM

El otro El Dorado

Colombia le apuesta a ser potencia en materia de energía eléctrica. Sin embargo, los cuatro proyectos más grandes están enfrentando serias dificultades para salir adelante.

Si alguien pregunta hoy cuál es la principal apuesta de Colombia en términos estratégicos para el futuro, se le podría responder que la construcción de nuevas hidroeléctricas. La energía no solo es una variable clave para el crecimiento, sino que, como dijo Felipe González en su calidad de presidente del Comité de Sabios de la Unión Europea, será uno de los factores más importantes en el futuro para decidir la paz o la guerra entre las naciones. Tal y como lo fue el petróleo en la década de los setenta.

La reflexión cobra sentido porque Colombia tiene con qué convertirse en potencia en esta materia. De hecho, el Foro Económico Mundial considera que es el país con la mayor eficiencia en infraestructura energética de toda la región. Hoy tiene una capacidad instalada para generar energía de 12.500 megavatios, de los cuales se usan unos 8.500 y los demás se exportan, y la idea es que con nueve proyectos hidroeléctricos nuevos se aumente la capacidad instalada en 5.000 megavatios más.

En la visita que el presidente Juan Manuel Santos hizo hace poco a Chile, por ejemplo, una de las cartas que llevaba guardadas para su homólogo Sebastián Piñera era la de venderle energía. En particular para la rica zona minera, ubicada en el norte de la nación y a la cual se podría llegar a través de las redes ya extendidas en Perú y Ecuador.

SEMANA hizo una revisión del estado en que se encuentran los cuatro proyectos más grandes, en los cuales se van a invertir más de 12 billones de pesos, y encontró que dos de ellos están suspendidos y en general en todos hay tensiones con pobladores y ecologistas o con guerrillas y paramilitares. La situación, sin ser crítica, manda un mensaje de alerta.

Ituango: hasta nutabes aparecieron

De los cuatro proyectos, el de Hidroituango es el que reúne todas las dificultades. Desde los años setenta se viene analizando la posibilidad de represar las aguas del río Cauca en este cañón, ubicado en el norte de Antioquia, y en 2007 se definió que en la zona viven 328 personas, gracias a un censo con tomas satelitales e información "de más de sesenta bases de datos", como Sisbén y registros educativos. La reubicación de esas personas ya está concertada.

El primer lío se dio cuando apareció un antiguo estudio de la Universidad de Antioquia que dice que en esa zona viven cien descendientes de los nutabes, un pueblo indígena en vías de extinción. Y eso implica que la empresa estaría obligada a concertar con ellos el proyecto y a darles el derecho de hacer una consulta para definir si aprueban la obra. Lo curioso es que mientras activistas de la zona alegan ese derecho, los mismos indígenas no se reconocen como tales y EPM -dueño del proyecto- argumenta que es el Ministerio del Interior el que tiene que darles esa categoría y no lo ha hecho. Si se llega a dar la consulta, podría demorar el proyecto o incluso transformarlo.

El segundo lío es el aumento del censo de mineros. En 2007 contaron a 336 mineros que sacaban oro del Cauca en esa zona. Pero la cifra creció para 2010 -ya eran 1.402- y aún hay quienes dicen que no los han incluido. "Nunca me enteré del registro", le dijo a SEMANA uno de los que quieren indemnización.

Y la tercera dificultad tiene que ver con los frentes 18 y 36 de las Farc y con la columna Mario Vélez, que llegó a principios de este año del sur de Córdoba, así como con las bandas criminales Los Rastrojos, Los Paisas y Los Urabeños. Hay quienes dicen que estos grupos, y otras personas que quieren sacar ventaja de la situación, animan a ancianos y mujeres a hacerse pasar por habitantes de la zona para que luego les entreguen un porcentaje de la indemnización. Incluso activistas que alzaban duro la voz han bajado el volumen, pues los nombres de varios de ellos aparecieron desde junio en un extraño blog en el que hay una lista de 656 personas bajo el título de 'Se buscan'. En ella, sus números de cédula y sus direcciones aparecen junto con las de otras personas señaladas de ser milicianos de las Farc.

Pese a todo, las obras de Hidroituango avanzan.

Porce IV no aguantó

Desde cuando se planteó el proyecto Porce IV, en el río Porce, en el nordeste y Bajo Cauca de Antioquia, se sabía que por allí operaban el frente 36 de las Farc, la compañía Capitán Mauricio del ELN y Los Rastrojos, Los Paisas y Los Urabeños. La empresa logró entrar para negociar los predios con los habitantes de la zona, pero los líos no demoraron en aparecer. La vía de acceso al sector fue minada. Esto obligó a retirar los explosivos, pero días más tarde aparecieron de nuevo y se volvió imposible pasar por allí.

Ese no fue el único tropiezo. Un censo que hizo EPM en 2006 indicó que trabajaban esporádicamente 2.799 personas. En 2010 ya había 14.500. Todos insistían en que merecían la indemnización de la compañía. Su real procedencia siempre fue confusa y no fue posible negociar con todos.

Finalmente se suspendió el proyecto, el 14 de diciembre pasado. El gerente de EPM, Federico Restrepo, dijo en un comunicado que la lucha por el control territorial que ejercen los grupos armados y el desmesurado incremento del censo "desbordan la capacidad de manejo de cualquier entidad interesada en acometer un proyecto de esta índole con absoluta coherencia y responsabilidad". Porce IV seguirá en espera de que las condiciones mejoren.

El Quimbo, suspendido temporalmente

La gran oposición que tiene la hidroeléctrica de El Quimbo se llama Asoquimbo. Se trata de una asociación que busca "impedir la construcción del embalse", dijo a SEMANA Elsa Ardila, su presidenta. La estrategia es una batalla jurídica que ha dado resultados para detener, al menos temporalmente, la obra.

El pasado 4 de abril fueron encontrados fragmentos de vasijas y piedras de moler de épocas antiguas en el sitio donde la empresa debe construir una vía de acceso al proyecto. "Este hallazgo no se había detectado en los estudios antropológicos que venimos haciendo desde 2007", explicó a SEMANA Lucio Rubio, director general de Emgesa en Colombia.

Esto sirvió para que Asoquimbo le pidiera al Instituto Colombiano de Antropología que ordenara la suspensión del proyecto porque afecta del patrimonio arqueológico. Y lo lograron. El 7 de junio pasado se dio la orden, pero al día siguiente se levantó la prohibición. Los opositores organizaron una manifestación en la que, calcula Ardila, participaron 400 personas.

Y entonces fue el Ministerio de Ambiente el que suspendió la compra de predios hasta que la empresa certifique que tiene un censo consolidado, que los reasentará a todos y que los compensará. Así mismo, la Corporación Autónoma del Alto Magdalena (CAM) entró a terciar en el asunto y también suspendió el proyecto tras encontrar que al río Magdalena estaban llegando materiales de las obras.

Emgesa ya respondió al Ministerio y al CAM, y ahora solo falta que se reactive la autorización para continuar con las obras.

Sogamoso: no hay pero que valga

Los que se oponen a la construcción de esta represa, que se alimentará de las aguas del río Sogamoso, no han logrado detenerla.

Hidrosogamoso se construye en una zona sísmica y por esto ha cundido el temor de que en cualquier movimiento de tierra se rompan los muros y se inunde la región. Pero ninguna voz autorizada le ha dado validez a ese temor y, por el contrario, han dicho que la ingeniería hoy es capaz de construir este tipo de obras sin poner en riesgo a sus vecinos. "Este proyecto tiene estudios de ingeniería, geología y sismología desde los ochenta", dice Luis Fernando Rico, gerente de Isagén.

El susto aumentó en diciembre cuando, por culpa de las lluvias, la vía que une a Barrancabermeja con Bucaramanga, que está en la zona de la represa, colapsó y se volvió intransitable. Algunos les echaron la culpa a las explosiones subterráneas del proyecto. Pero, explica Rico, "demostramos que las voladuras no afectaban ese tramo de la vía, que estaba a seis kilómetros del sitio de las obras", y se supo que el desastre se debió a las condiciones del terreno sobre el que está construida esa carretera.

El otro alboroto que se armó por esta represa ocurrió el 28 de enero pasado, cuando se desvió el río Sogamoso en un tramo de 800 metros. Estaba previsto que después de correr las aguas de su cauce, algunos peces iban a quedar sobre la tierra. El compromiso de Isagén fue rescatar esas especies y ponerlas de nuevo en el agua. La empresa contrató a pescadores de la zona para que durante 16 días llevaran casi treinta mil peces a su hábitat. El lío se presentó cuando algunos pidieron que les dejaran llevar pescados para su consumo y la empresa se opuso. Las protestas y quejas al Ministerio de Ambiente no se hicieron esperar y este le dio la razón a Isagén.

La construcción de Hidrosogamoso va firme y no hay, por ahora, argumento fuerte que lo suspenda.
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