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| 1/11/1999 12:00:00 AM

EL PACIFICADOR

Qué hay detrás de la oferta de paz de Carlos Castaño al ELN y su papelde conciliador en la guerra entre Víctor Carranza y Leonidas Vargas.

En agosto pasado se declararon la guerra a muerte. Por un lado, el jefe de las autodefensas, Carlos Castaño, señaló que su objetivo inmediato era derrotar al ELN. Por su parte, Antonio García, uno de los comandantes de esa organización subversiva ripostó días después y dejó en claro que si Castaño estaba convencido que podía derrotarlos militarmente, entonces "que venga y nos recoja a cucharadas". En las semanas siguientes la guerra entre paras y guerrilla se intensificó. Los enfrentamientos dejaron en el camino un reguero de muertos de parte y parte. Castaño y sus hombres alcanzaron a pisar las fronteras de la Serranía de San Lucas, considerado el santuario del ELN. Incluso los violentólogos se aventuraron a predecir que si la gente del cura Pérez no aceleraba el proceso de paz con el gobierno para buscar su desmovilización, estaban a las puertas de una derrota militar que prácticamente acabaría con esa organización guerrillera. Pero la semana pasada los colombianos quedaron con la boca abierta cuando el periódico El Tiempo publicó un diálogo secreto entre Carlos Castaño y Antonio García. Los dos irreconciliables enemigos hablaban de paz y no de guerra. Incluso Castaño fue más allá y sin pelos en la lengua le dijo al jefe del ELN: "Si quiere le pido perdón a través de este medio ante el mundo por algunos excesos que hayamos cometido". A lo largo de la conversación, en la cual hubo reproches de lado y lado, el tema de fondo siempre fue el de buscar salidas a un conflicto de no retorno en el cual ha habido muchos muertos. Castaño le recordó a García lo del 'machucazo'. Y García no se quedó atrás al señalar las últimas masacres por parte de los paras a pesar de que habían anunciado una tregua en estas fiestas navideñas. Pero en medio de las acusaciones mutuas el tema central siempre fue el de una invitación para continuar con esas conversaciones en busca de silenciar los fusiles y así evitar tanta masacre y tanta muerte.En medio de la guerraPero ¿qué puede haber detrás de ese diálogo que a simple vista parece sincero en el que se pretende buscar caminos hacia la paz?. Porque sentar a Castaño con García en una misma mesa es como tratar de mezclar el agua con el aceite. Primero son dos enemigos irreconciliables. Sus teorías políticas son polos opuestos. Saben que solo es posible sobrevivir si no existe el otro. Están en guerra y esa guerra es a muerte y solo terminará cuando alguno de los dos haya sido exterminado. Los expertos sólo tienen una respuesta. Por un lado, Castaño está ganando la guerra y quiere tenderle la mano a su enemigo antes de darle la última estocada. Por el otro, García le interesa ganar tiempo para bajarle la presión a sus derrotas en el sur de Bolívar y Barranca donde los paras han logrado golpear de manera contundente al ELN. Pero también la actitud de Castaño ha sido interpretada por los analistas como una jugada a tres bandas cuyo objetivo final es del de reivindicarse socialmente por las últimas masacres que han cometido sus hombres. En esta guerra entre paras y elenos la peor parte la han llevado los hombres de García. El ELN hace un trabajo político militar en las zonas de influencia con una permanencia continua en esas regiones con el fin de formar líderes comunitarios. Castaño diseñó una estrategia de guerra de aniquilar esos líderes comunales para 'cortar de raíz' cualquier posibilidad de un brote guerrillero. En ese sentido el ELN es muy vulnerable y su capacidad de reacción es casi nula. Por esa razón la propuesta de Castaño de encontrar solución a la guerra que están librando con el ELN es una salida más táctica que estratégica. El sabe que en un momento determinado podría lograrse un armisticio integral en cuyo cuestionario central estaría de por medio el tema del sur de Bolívar y Barranca que hoy es más de los paras que del ELN. El intermediarioPero los buenos oficios de Carlos Castaño no se han limitado en los últimos días a proponerle al ELN sentarse en la mesa de diálogo. Desde hace más de un mes también decidió tomar el toro por los cuernos en la guerra que libran Víctor Carranza y Leonidas Vargas _ quienes están presos_ y que ha dejado cerca de 70 muertos entre los dos bandos en contienda. La historia de este enfrentamiento comenzó en marzo pasado cuando Vargas, señalado como el jefe del cartel de Caquetá, sindicó a Carranza como autor de la muerte de su hija y su novio. Desde ese momento la guerra se intensificó a tal punto que Vargas tuvo que ser trasladado de cárcel en más de una oportunidad por problemas de seguridad. Carranza, por su parte, se defendió y en un comunicado de prensa señaló que todas esas acusaciones de Vargas eran "demenciales". Lo único claro de este asunto es que en los meses siguientes los ajustamientos entre los bandos generó una lucha sin cuartel. Los muertos se contaron por decenas y las dos organizaciones comenzaron a diezmarse pero ninguno de los dos antagonistas dio su brazo a torcer. En plena confrontación Carlos Castaño tomó la decisión de intervenir. Logró que cada bando nombrara una comisión de negociación para ponerle fin a la guerra. Durante varias semanas los emisarios entraron y salieron de las cárceles de máxima seguridad con memoriales que Castaño y su gente analizarón para redactar un documento final de paz. Hace una semana se sentaron a manteles los dos bandos en conflicto con Castaño a la cabeza. Allí estuvieron el hijo de Leonidas Vargas, el ex alcalde de Chía, Angel Gaitán Mahecha, Pablo Elías Delgadillo, el segundo hombre de Carranza, Benito Rodríguez, alias 28, sobrino de Gonzalo Rodríguez Gacha y otros 15 emisarios más. Fue una larga discusión y al final se logró que los comisionados estamparan su firma para protocolizar el fin de esa guerra. ¿Por qué Castaño aparece otra vez en el escenario de la paz? Por la sencilla razón de que tanto Leonidas Vargas como Víctor Carranza tienen una organización lo suficientemente poderosa que en un momento determinado apoyarían al jefe de las autodefensas en su guerra contra la subversión. Son dos estructuras que operan en zonas estratégicas del país como Antioquia y los Llanos Orientales donde la subversión mantiene un control territorial muy grande. Castaño sabe que su lucha es a largo plazo y va a necesitar de todos los recursos posibles para lograr apoderarse de esos territorios. En ese orden de ideas Castaño comenzó una fuerte ofensiva en Antioquia. La semana pasada se presentaron en Medellín seis secuestros, entre ellos el familiar de un jefe guerrillero del ELN. Los paras tienen en claro que todo vale en la guerra y saben que uno de los lados más débiles de la guerrilla es su familia. Ya lo hicieron en el pasado cuando secuestraron familiares de varios comandantes de las Farc. Ahora que están hablando de mano tendida y diálogo, la guerra se intensificará como lo han demostrado las Farc, que entre más fuertes estén más exigencias podrán hacer. Castaño sabe que tiene la sartén por el mango frente al ELN y tiene en claro que en el momento de sentarse en una mesa de negociaciones el más fuerte será el que imponga las reglas de juego.
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