Sábado, 21 de enero de 2017

| 2010/09/02 00:00

El país ya conoce la verdad, ahora falta la justicia: viuda del magistrado Urán

"Se tergiversó la realidad para hacerlo ver como una mala persona y se ocultó la verdad de un gran jurista, de un hombre profundamente conocedor del país", dice al recordarlo mientras no entiende por qué el relevo de la fiscal que llevaba el caso.

Ana María Bidegain viuda del magistrado Carlos Horacio Urán, asesinado en la retoma al Palacio de Justicia en noviembre de 1985.

Como un retroceso en la investigación califica Ana María Bidegain el relevo de la fiscal Ángela María Buitrago en la investigación por el asesinato de su esposo, el magistrado Carlos Horacio Urán, sucedido en la retoma al Palacio de Justicia.
 
El fiscal general (e.), Guillermo Mendoza Diago, relevó a la fiscal Buitrago en la investigación, decisión que se conoció casi en el mismo momento en que Buitrago llamó a indagatoria a tres generales de la República por su presunta responsabilidad en el asesinato del magistrado auxiliar del Consejo de Estado.
 
“Lo grave del relevo es el retroceso en el proceso”, asegura Bidegain en entrevista con Semana.com.
 
La viuda de Urán manifiesta su preocupación porque considera que la fiscal que llevaba el caso conocía todo el contexto. Al fin y al cabo fue ella quien reabrió el caso al hallar la billetera baleada de su esposo en la caja de seguridad en el Cantón Norte del Ejército en Bogotá en 2007, situación que posteriormente condujo a la orden de exhumación de los restos para determinar cómo fueron los hechos que terminaron con la muerte del magistrado en la recuperación del Palacio de Justicia tras la toma del edificio por parte de la guerrilla del M-19 el 6 de noviembre de 1985.
 
El 12 de enero de 2010, el despacho de la fiscal Buitrago revivió el expediente al declarar como delito de lesa humanidad el asesinato del magistrado. En virtud de esa decisión, ordenó exhumar el cuerpo cuyo análisis concluyó que Urán fue ultimado con un disparo a quemarropa en su cabeza y que intentaron borrar las evidencias. Además, confirma las versiones de que el magistrado salió vivo y que luego fue hallado muerto al interior de Palacio.
 
“La verdad ya se sabe, la conoce todo el mundo. Ahora falta la justicia, pero el relevo de la fiscal va a retrasar el proceso, será como empezar de nuevo. Con los informes de la última investigación, los hechos ya están claros para mí. Ahora es problema de la justicia colombiana”, afirma.
 
Bidegain cree que las explicaciones de Mendoza Diago no son suficientes, por eso quiere una cita para que le aclare su decisión y para pedirle dos cosas: que le regresen los restos de su esposo para darle una sepultura digna para cerrar ese capítulo de dolor, y que devuelva a la investigación a la fiscal Ángela María Buitrago “para que la justicia no tarde otros 25 años”.
 
Carlos Horacio Urán, el hombre y el magistrado
 
Además del castigo a los responsables del crimen, Ana María Bidegain busca la reivindicación de la memoria de su esposo, a quien en repetidas ocasiones lo relacionaron con la extrema izquierda y con la guerrilla del M-19.
 
“Esos señalamientos son totalmente falsos. Carlos Horacio era un hombre de diálogo, un hombre cristiano y de práctica sacramental. Como sucede en otras masacres, una de las estrategias ha sido estigmatizar a las víctimas para justificar el atropello. Se tergiversó la realidad para hacerlo ver como una mala persona y se ocultó la verdad de un gran jurista, de un hombre profundamente conocedor del país”.
 
Ana María, historiadora de nacionalidad uruguaya, conoció a Carlos Horacio en Montevideo en 1967 y se casó con él años después. Vino a vivir a Colombia donde nacieron sus cuatro hijas. Ella lo recuerda como un intelectual, alguien que creía profundamente en la paz pero con una propuesta moral. Para él, recuerda, la paz era un deber. Por eso cree que su insistencia por la salida negociada al conflicto fue lo que lo llevó a la estigmatización como un hombre que no condenaba la lucha armada.
 
“Carlos Horacio pensaba que los grupos que estaban por fuera de la ley tenían que entrar al diálogo, porque la única forma de hacer política es la racional, por eso defendía el planteamiento de las razones y procuraba el debate”.
 
Curiosamente, afirma, uno de los estudiantes de Urán escribió sobre la última clase que recibiera del magistrado (ver nota del estudiante). En esa última oportunidad hizo fuertes críticas a la guerrilla porque afirmaba incansablemente que la lucha armada no era la salida.
 
Bidegain reconoce que el episodio de la toma al Palacio de Justicia por parte del M-19 y su recuperación en manos del Ejército colombiano es un episodio aún confuso y con muchas incógnitas por resolver. Pero dice que hay pruebas suficientes que demuestran responsabilidades directas en el Holocausto.
 
Quizá lo que más le llama la atención son las amenazas que tanto su esposo como otros magistrados recibían y el retiro de la seguridad desde varios días antes de que la guerrilla se tomó el edificio.
 
“Yo lo llevaba en mi carro pero nunca podía entrar. Ese día (6 de noviembre de 1985), como habían retirado la guardia, entré al edificio de Palacio y dejé a Carlos Horacio en la puerta del ascensor en el sótano. Allí estaba el doctor Carlos Betancourt, presidente del Consejo de Estado. Mi esposo le preguntó que por qué habían retirado la guardia y él le respondió -yo no sé. Ahora van a venir y nos van a matar a todos-. Esa fue la última vez que lo vi y lo último que le escuché decir”.
 
Se enteró de la toma el edificio por una llamada de su esposo, quien le dijo que algo grave estaba pasando y le recomendó recoger a las niñas en el colegio. Luego escuchó por la radio las primeras versiones de un ataque armado al Palacio de Justicia. “Salí de la Universidad de los Andes, donde trabajaba como docente, y pude ver cómo ya en ese momento los tanques del Ejército se dirigían a Palacio”.
 
Después de ocurridos los trágicos hechos, Ana María emprendió la búsqueda de su esposo. Fue en ese momento en que consiguió una grabación del Noticiero 24 horas en donde se veía a su esposo salir herido pero con vida del Palacio de Justicia. Los militares se quedaron con el video y la convencieron de que su esposo había muerto en el fuego cruzado, versión que fue reiterada por el magistrado Samuel Buitrago. “Yo les creí, mi inocencia política era absoluta y me engañaron”, dice la esposa de Urán.
 
Reconoce que su prioridad eran sus cuatro hijas, por eso no insistió en demandas, no sabía a quién acudir y estaba sola.
 
Sólo hasta el año 2007 se reabrió la investigación y se conocieron nuevas pruebas en la investigación del asesinato del magistrado Carlos Horacio Urán, incluidos los videos que su esposa ya conocía. Así ella empezó a comprender, entre otras cosas, por qué la retoma a Palacio terminó a las 2:15 p.m. del 7 de noviembre de 1985 y el acta de defunción de su esposo asegura que su deceso ocurrió a las 3:00 p.m., 45 minutos después.
 
 

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