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| 7/12/2014 12:00:00 PM

El país de las pirámides

Pese a los controles y sanciones, las captadoras ilegales tipo DMG ahora proliferan por montones. ¿Por qué los colombianos se siguen arriesgando?

Las ‘cadenas’, los ‘aviones’ o las ‘pirámides’, los tres esquemas de inversión más conocidos como Ponzi, que en las últimas tres décadas han puesto a llorar a millones de colombianos, parece que no han servido de escarmiento para quienes quieren tomar atajos a la hora de ganar dinero.

Esos esquemas siguen teniendo tal acogida que el propio gobierno ha tenido que lanzar este año dos alertas y anunció circulares que buscan ponerle freno a un fenómeno que ya ve como una amenaza.

“En el último año, de acuerdo con las cifras de la Superintendencia Financiera, se han captado ilegalmente alrededor de 88.000 millones, afectando a 782 familias”, reveló hace unos meses el propio ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas. Eso quiere decir que cada dos días una familia se juega sus ahorros en una ruleta rusa.

La advertencia no es de poca monta, si se tiene en cuenta que la crisis piramidal de 2008 obligó al gobierno de entonces a declarar la Emergencia Social. Cifras conservadoras calculan que solo entre las pirámides DMG y DRFE se captaron casi 6 billones de pesos del público, es decir, dos veces el presupuesto de las 100.000 viviendas gratis del gobierno Santos.

La Superfinanciera ha lanzado este año advertencias en 17 casos y en 2013 en 32. Y desde 2011 a la fecha debieron tomar 13 medidas administrativas por captaciones no autorizadas, “lo triste es que todo nuestro esfuerzo se ve como si estuviéramos pateando una pared”, expresó una funcionaria de esa entidad que pidió omitir su nombre.

A ello se suma que la Supersociedades tiene una lista con 170 personas o empresas intervenidas por captar dineros ilegalmente y otras 35 sociedades están en procesos de liquidación. En materia penal la Fiscalía ya indaga a 129 personas, 26 están detenidas y otras ocho tienen orden de captura.

Otro hecho desconcertante es que a pesar de que en algunos casos las captadoras reconocen a sus ‘inversionistas’ que son pirámides, la gente invierte, sin importar que al final del esquema siempre hay perdedores y el dinero que ganaron unos no es fruto de la rentabilidad de una operación comercial, sino del aporte que hicieron los que llegaron al final de la pirámide.

Por ejemplo, una de las captadoras que indagó esta revista se llama Ahorro Seguro y se difunde a través de correos electrónicos. En uno de ellos dijo a sus ‘inversionistas’ sin ningún recato: “Trabajamos con el mismo modelo de las mencionadas pirámides, pues es la manera en que un integrante se puede beneficiar de otros que van ingresando”. Uno de los ‘inversionistas’, consultado por esta revista, contó: “Solo metí 100.000 pesos y por llevar dos referidos ese dinero se duplica en un mes y se cuadruplica en dos meses. Toda mi familia la está jugando”.

La proliferación de las pirámides ha dado para todo. En Cali, el rector de una prestigiosa universidad privada debió emitir un comunicado a sus estudiantes y padres de familia para advertir sobre el riesgo y las consecuencias penales por promover y hacer parte de una pirámide llamada 55 para 440. El esquema es sencillo; invierten 55.000 pesos y al mes reciben 440.000 pesos.

El modelo se repite en muchas ciudades y las pirámides se riegan como pólvora a través de las redes sociales y los correos electrónicos sin necesidad de tener un domicilio físico. Es tal el apogeo que han tenido esas pirámides, que la Superfinanciera ha tenido que realizar jornadas de prevención en varias zonas del país.

En el radar de las autoridades hay pirámides ya detectadas como Wasanga, Club Nivel Uno, Triamigos, Club Amigos 50, Los Ocho de Colombia y Proyecciones e Inversiones DRFE. Y algunas como Klop que recibió una alerta desde 2013, siguen captando. ¿Por qué persiste el problema?

Hay quienes creen que en Colombia hizo carrera la cultura mafiosa. Y en ese mundo encaja perfectamente el esquema piramidal que ofrece poca inversión y ganancias exorbitantes. Quienes invierten saben que pueden multiplicar su dinero a costa de otros que lo pierden siempre y cuando lleguen entre los primeros. “Cuando los signos o valores dominantes son la rentabilidad y la ganancia, podemos hablar de una desintegración de valores que se conoce como enfermedad social”, argumentó Felipe Cárdenas, antropólogo que dirige el grupo sociopolítico de la Universidad de la Sabana.

El economista Camilo Díaz, coordinador de la Unidad de Análisis del Mercado Financiero de la Universidad Nacional, considera que parte de la culpa recae sobre el sistema financiero y los rendimientos que ofrecen a los usuarios, “la gente prefiere experimentar en la calle que guardar la plata en los bancos. Un DTF no le genera más del 4 por ciento al año y una cuenta de ahorro ni siquiera le da para pagar los costos administrativos”.

Díaz cree que la falta de apoyo al emprendimiento hace que gente de a pie con un mínimo flujo de capital no pueda escoger la manera de invertir sanamente y por eso prefieren arriesgar con esquemas que ofrecen “dinero fácil”.

Julio César Escobar, analista económico del Banco de la República en el suroccidente del país, considera que el exceso de confianza y la ingenuidad son los verdaderos motores de quienes invierten en las llamadas pirámides.

Sin embargo, no es claro por qué la región en la que mayor impacto tiene las pirámides es el suroeste del país. Captadoras como DMG y DRFE nacieron y tuvieron su mayor apogeo en Putumayo, Nariño, Cauca, Valle y Eje Cafetero. Es una región marcada por el narcotráfico y con los peores indicadores en materia de bancarización en el país.

En medio de la proliferación de pirámides o captadoras ilegales en Colombia, apareció otro modelo de negocio que si bien no es nuevo, también goza de un cuarto de hora: el esquema multinivel.

Básicamente la diferencia con la pirámide consiste en que en este esquema los rendimientos o utilidades nacen de la venta real de un producto, pero ambos sistemas se parecen porque crecen mediante una red o cadena.

En la actualidad existen empresas multinivel, algunas reconocidas y otras aún anónimas, que en su cadena de mercadeo, promoción y venta ofrecen desde productos comestibles con valores energéticos, hasta minutos a celular. 

Lo malo es que por cuenta de ese esquema multinivel, que sí es legal y fue reglamentado recientemente mediante el Decreto 1700 de diciembre de 2013, “se están colando algunas pirámides”, explicó Ángela Bahamón, coordinadora de la Unidad Antinarcóticos y Lavado de Activos de la Fiscalía.

Como reveló la propia funcionaria, las pirámides lograron perfeccionar tal nivel de mimetización que algunas se han camuflado incluso como si fueran expertas en actividades de bolsa.

Para no ir muy lejos, el país aún no sale del golpe que significó la caída de la famosa InterBolsa; o el desplome de ValueMakers, la reconocida firma de un profesor universitario que captó cerca de 10.000 millones de pesos, o la más reciente decisión de la Superfinanciera que involucró a Emgoldex, otra captadora de alta alcurnia que ofrecía rendimientos superiores al 600 por ciento, en menos de un mes.

Todos esos casos demuestran que en Colombia el tema de las pirámides se convirtió en un problema que se debe combatir como una enfermedad social.
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