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| 11/27/2010 12:00:00 AM

El uno para el otro

La unión entre Cambio Radical y el Partido Liberal era predecible, y a la larga podría cambiar el panorama político nacional.

En los últimos días se consolidó un matrimonio que venía cuajándose desde hace casi dos meses y que fue el producto de una relación de vieja data, natural y previsible. La unión parlamentaria de Cambio Radical y el Partido Liberal, dos fuerzas que hasta hace poco, y por cuenta de su oposición a la segunda reelección de Álvaro Uribe, no gozaron de los beneficios de hacer parte de la coalición de gobierno durante los últimos ocho años.

El martes pasado, los dirigentes de ambos partidos, el ex candidato Rafael Pardo y el representante Germán Varón, tenían pensado anunciar oficialmente la unión. Sin embargo, al final decidieron posponer el anuncio. Como era previsible, la alianza inminente generó revuelo en los otros dos grandes partidos de la Unidad Nacional: La U y el Conservador. Al fin y al cabo, la suma de las fuerzas de Cambio Radical y del liberalismo produciría la bancada más grande del Congreso, compuesta por la cuarta parte de los senadores (24) y la mitad de los representantes (54).

Las reacciones iniciales contra la unión vinieron del conservatismo. El nuevo jefe azul, el senador José Darío Salazar, calificó el acuerdo como "burocrático". Y en La U hubo una reunión de bancada para definir una estrategia en aras de sopesar la fuerza de la nueva alianza. Se llegó a plantear, incluso, que este partido podría unirse con los conservadores para enfrentar los efectos electorales que, de cara a la campaña electoral de 2011, tendría el trabajo conjunto entre los liberales y Cambio Radical. En plata blanca, se hizo evidente la tensión entre dos bloques dentro de la Unidad Nacional: uno de corte liberal y otro con un talante uribista.

"La alianza entre liberales y Cambio no genera fisuras en la Unidad Nacional. Simplemente responde a una identidad ideológica", dice el senador liberal Juan Fernando Cristo. Pero así no lo entendieron los sectores más radicales del conservatismo y de La U, lo cual llegó a preocupar al gobierno. Según funcionarios cercanos al presidente Juan Manuel Santos, aunque él respalda la alianza, les habría pedido a los líderes de Cambio Radical y del liberalismo que no le dieran mucho bombo mediático para evitar que las otras fuerzas malinterpretaran su unión parlamentaria como una división en la Unidad Nacional.

El acuerdo entre los liberales y Cambio Radical comprende tres fases. Una que se queda en la arena del Congreso y en la que ambos partidos se comprometen a promover y defender los mismos temas. Otra, en la que harán extensivos estos acuerdos ideológicos a otras corporaciones, como concejos y asambleas. Y la última, en la que, en 2011, buscarán apoyar conjuntamente candidatos a alcaldías y gobernaciones.

En el ámbito de la primera fase, la del Congreso, el acuerdo no significa ningún cambio dramático de postura. Desde que comenzó la legislatura ambos partidos han coincidido en votar la agenda legislativa del gobierno: han respaldado incondicionalmente el proyecto de regalías, la reglamentación de la reforma política, la ley de víctimas y la del primer empleo. Además, han demostrado coincidencias en el proyecto de reforma a la justicia. "Haremos reuniones de bancada para definir posturas comunes. No es más que eso. Desde que ambos entramos a la Unidad Nacional demostramos un acuerdo ideológico tácito y de centro", insiste Varón.

Las coincidencias ideológicas entre Cambio Radical y el Partido Liberal son de vieja data. Al fin y al cabo, en 1998, el primero nació de la decisión de un grupo de políticos de formar una disidencia que se apartara del oficialismo liberal. En esta disidencia estaban Rafael Pardo y Germán Vargas.

Además de su origen, las coincidencias ideológicas entre los miembros de ambas colectividades se afinaron en la reciente campaña presidencial, en la que fue evidente la comunión entre puntos programáticos de Pardo y Vargas. De hecho, en dos oportunidades ambos trataron, sin éxito, de avanzar unidos en la campaña apostándole a escoger candidato único mediante una consulta interpartidista o mediante una encuesta. Y meses antes de la elección presidencial, sus bancadas habían estado unidas por un punto de honor compartido: el rechazo a una segunda reelección presidencial.

La alianza entre Cambio Radical y el Partido Liberal también obedece al olfato político del ministro del Interior, Germán Vargas. Él tiene claro que el éxito de su gestión depende de que la agenda legislativa tenga apoyo en el Congreso y que la unión de los dos partidos puede facilitarle las cosas. No en vano, mientras ambas colectividades han apoyado sus proyectos, miembros de La U y del conservatismo han expresado algunas resistencias frente a iniciativas como la ley de víctimas, la reforma política, la ley de regalías y el propio estatuto anticorrupción. Por esa razón, desde hace cerca de un mes, Vargas viene invitando informalmente a los congresistas liberales y a los de Cambio, su partido, a que se unan.

La unión tendría también consecuencias de largo alcance. En las elecciones de 2011, el liberalismo y Cambio buscarán recobrar parte del poder que perdieron en los últimos años frente a La U en las ciudades y regiones. Lo harán mediante consultas interpartidistas, en casos como la Alcaldía de Bogotá, en el que seguramente el aspirante de Cambio Radical competirá con el liberal para presentar un candidato único. O también mediante coaliciones, que no implican que en algunas regiones pueda haber alianzas con otros partidos, como el Verde, el Conservador o la propia U. Cambio se vería fortalecido en bastiones del liberalismo como la costa caribe, el Cauca, Santanderes y Putumayo. Y el Partido Liberal podría recobrar fuerza en Bogotá y en el departamento del Atlántico, en donde Cambio Radical tiene una presencia política importante.

La unión entre ambos partidos es interpretada en el mundo político como la consecuencia natural del espíritu liberal del gobierno de Santos. "Las coincidencias alrededor de su proyecto nos articularon. Santos va a pasar a la historia como el gestor, indirecto, de la reunificación liberal", dice el senador Luis Fernando Velasco, mientras insiste en que -a largo plazo- de la articulación entre ambas colectividades podría salir una candidatura presidencial o una nueva jefatura partidista. Y es que para muchos es claro que esta unión podría ser la plataforma de lanzamiento de Vargas, si decide intentar de nuevo llegar al Palacio de Nariño.

De otro lado, mientras la unión se profundiza, Rafael Pardo, director nacional del liberalismo, terminaría actuando como el jefe de una bancada parlamentaria mayoritaria a la que más adelante se podrían sumar algunos miembros de La U. Al fin y al cabo, algunos de los líderes de este partido tienen origen liberal y, con el paso del tiempo, podrían terminar siendo más gobiernistas que uribistas.

Por ahora Cambio Radical y el Partido Liberal no se fusionarán en un solo partido. Por razones prácticas, prefieren avanzar juntos, pero mantener sus respectivas identidades. Si se unieran formalmente, perderían la posibilidad de otorgar más avales y conformar más listas, lo cual puede traducirse en una mayor posibilidad de elegir políticos a cargos de elección popular. Así mismo, dejarían de recibir los recursos que les da el Estado para su funcionamiento, los cuales ascienden a miles de millones.

Más allá de la profundidad que adquiera la unión entre Cambio Radical y el liberalismo, por ahora en el Congreso la alianza ya está más que cantada. El gran ganador de la misma será el gobierno, que, con ella, ratifica las mayorías parlamentarias para sacar adelante los proyectos que ha definido como prioridad. El Ministro del Interior ya alienta esta nueva coalición bipartidista. En aras de la agenda legislativa que defiende, su reto es hacer que esta bancada funcione sin herir susceptibilidades entre los otros dos partidos que formalmente hacen parte de la Unidad Nacional.
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