Lunes, 24 de noviembre de 2014

| 2013/08/24 01:00

“El parque es un triunfo del ambientalismo”

Roberto Franco, politólogo de la Universidad de los Andes y consultor de Amazon Conservation Team, participó en los estudios para justificar la ampliación del Parque de Chiribiquete. Habla del proceso.

“El parque es un triunfo del ambientalismo” Foto: León Darío Peláez / Semana

María Jimena Duzán: ¿Qué significa para el país y para la preservación de ese pulmón del mundo que es el Amazonas la decisión de ampliar en 1.300.000 hectáreas el parque de Chiribiquete? 

Roberto Franco: Creo que es un triunfo del ambientalismo y de todo el movimiento ecologista en Colombia. El hecho de que en medio de la locomotora minera que amenaza la diversidad natural y cultural del país, el presidente Santos hubiera decidido crear un área protegida de casi 3 millones de hectáreas en el Parque de Chiribiquete, que es del tamaño de un país como Bélgica, pues es aún más importante. 

M.J.D.: Usted forma parte del grupo de ambientalistas que venía trabajando desde hace muchos años por conseguir que el Estado se diera el lapso de crear esa área protegida en el Parque del Chiribiquete. ¿Cómo fue ese proceso y por qué duró tantos años?

R.F.: Yo entré en 2011 cuando Parques Nacionales Naturales me llamó para que hiciera un documento desde el punto de vista de los valores históricos, arqueológicos y antropológicos para saber cómo y dónde se debería ampliar. Lo que hice fue convencer a Parques Nacionales a través de la territorial amazonia con Diana Castellanos de la posible existencia de tres pueblos indígenas aislados en la zona aledaña al parque original, lo que podría justificar la ampliación de las áreas alrededor del Chiribiquete. 

M.J.D.: ¿Y cuáles serían esos tres pueblos indígenas que estarían aislados en el Parque de Chiribiquete? 

R.F.: Yo documenté el caso del río Yarí, en una zona donde terminan unos raudales en la parte baja. Allí llegó Martin Morning Star, un aventurero gringo que vivía en Cali y que puso un negocio de safaris. 

En esa época todavía era permitido matar animales para vender sus pieles. Toda la historia está contada en el libro de Germán Castro Caicedo, Mi alma se la dejo al diablo. Martin logra con su asistente, Vicente Quintero, identificar la existencia de unas malokas y unos indígenas que aparentemente no tenían ningún contacto. No solo les tomaron fotos sino que capturaron a uno de ellos. Lo peluquearon y lo vistieron y después de un tiempo lo soltaron. Esa es la primera pista de ellos. Luego estuvo en la zona el padre Cayetano Masolleni, que los buscó para evangelizarlos, pero no logró. Después, dos antropólogos austriacos, uno de ellos de nombre Fritz Trupp, trataron de hacer un reportaje sobre ellos pero no pudieron conseguirlos. 

Posteriormente yo entrevisté a un muchacho de los tantos que se va a la selva a buscar oro. Él me dijo que vio por esa zona a unos indígenas. La posibilidad de que existan es muy factible y creemos que pueden ser huitotos o karijonas. Todavía no hemos visto malokas como las que fotografiamos desde el aire en el río Puré, en la frontera con Brasil. Allí ya hemos identificado unas diez malokas y creemos que pueden ser de indígenas yuris y passés, que creíamos extintos y que vienen del río Amazonas. Esa investigación está en mi libro, Cariba Malo. Sin embargo, ese trabajo no se ha hecho todavía en Chiribiquete.

M.J.D.: Habló de tres grupos. ¿Cuáles serían los otros dos?


R.F.: El otro sería los urumis, un grupo arawak, una familia lingüística muy importante porque incluye desde los wayus en La Guajira, hasta los yucunas en Perú y otros en Brasil. Ese grupo dominaba las islas del Caribe. Creemos que sus miembros están sobre el río Mirití y unos afluentes del Yarí. Ese sería el grupo indígena que lleva más tiempo aislado. Creemos que podrían llevar cerca de 250 años escondidos en esa selva. El otro es el karijona, que fue dueño del Chiribiquete durante muchísimos años. Por efectos de la colonización en el siglo XIX pasaron de ser 20.000 habitantes a 10.000. Luego en el siglo XX vinieron la Casa Arana y las caucherías y casi los extinguen. 

De 10.000 pasaron a ser casi 1.000 en 1920 y hoy en día están muy reducidos: hay un pequeño grupo en Puerto Nare, otro en la Pedrera y otro en el río Orteguaza. Ellos han perdido su lengua y su entidad. Creemos que un segmento de estos karijonas se puede haber mantenido aislado y escondido desde hace unos 100 años, huyendo de las caucherías, sin duda el hecho más devastador en la historia del Amazonas y que habría ido a buscar refugio en la zona de la serranía del Parque de Chiribiquete. 

M.J.D.: ¿Usted diría que el impacto de la explotación del caucho en el Amazonas ha sido más letal que todos los que le han sucedido? Después vinieron la tala de árboles para sembrar coca, los estragos que causa la minería ilegal y la presencia de guerrillas como las Farc, que han convertido varios de sus lugares en sus santuarios…

R.F.: Sin duda alguna la época del caucho fue la más devastadora. Se extinguieron grupos enteros y los que sobrevivieron fueron esclavizados. El caucho era la coca de la época. Y su cultivo colonizó hasta el último reducto. La Amazonia fue destruida en los tiempos del caucho y la historia de la Casa Arana lo dice todo. 

M.J.D.: ¿Cuántos de esos grupos que se creían extintos pueden estar viviendo escondidos en la selva del Amazonas?

R.F.: Creemos que puede haber 14. Y tenemos ubicados dos. Sabemos que muchos vienen del Amazonas. Allí hace 400 años existían unos fuertes cacicazgos que con el paso del tiempo, forzados por la conquista y la esclavitud, fueron entrando en la selva, ubicándose en las quebradas. Pasaron de dominar un río muy grande a una zona de quebradas. Hoy, esos grupos viven de manera autónoma. 

M.J.D.: ¿Y no será mejor que no los encontremos? Lo digo por lo que sucedió con los nukak, que lograron sobrevivir escondidos, pero cuando el mundo los descubrió, se extinguieron. 

R.F.: Quiero aclarar que la tarea que estamos haciendo es para protegerlos. No queremos contactarlos. Solo queremos buscar un contacto aéreo para establecer puntos de control. El gobierno de Santos en el Plan de Desarrollo incluyó un articulito en la parte que acordó con las comunidades indígenas, que dice que el gobierno deberá establecer una política pública para proteger a los indígenas aislados. ¿Por qué lo hizo? Pues porque ya sabíamos de por lo menos un grupo indígena aislado en el río Puré. 

M.J.D.: ¿Qué otros argumentos sustentaron la ampliación del Parque de Chiribiquete?

R.F.: Otro elemento importantísimo fue su pictografía, trabajo que ha sido hecho por Carlos Castaño junto con Thomas van derHammen, quienes son una autoridad en la materia. Estas pinturas están en las paredes de los tepuyes (rocas), y tengo entendido que es la pictografía más grande del mundo. Hay kilómetros cuadrados de pinturas al punto de que Van der Hammen lo llamó “la Capilla Sixtina del Amazonas”. 

M.J.D.: Tengo entendido que usted y el biólogo Patricio von Hildebrand, que también participó de ese informe, querían que la zona protegida fuera mayor. ¿Qué riquezas que el país debería preservar se quedaron por fuera?

R.F.: Nosotros queríamos que se incluyeran todos los cerros que podrían tener pinturas y los raudales donde puede haber petroglifos. Parte importante de esas riquezas quedó en la ampliación del parque. Pero por ejemplo, Patricio Von Hildebrand había propuesto un corredor biológico entre La Macarena y el Chiribiquete, pero no fue posible. 

M.J.D.: ¿Qué se va a hacer con los 7 millones de hectáreas que son reserva forestal y que rodean al Chiribiquete?

 

R.F.: En efecto, esa es la reserva forestal de la Amazonia, constituida por la Ley segunda del 1959. En ese momento la extensión de la Amazonia colombiana era de 38 a 40 millones de hectáreas. De esas, según Hernández Camacho, hay 22 millones en resguardos indígenas y 8 millones de hectáreas en parques, incluyendo la zona ampliada de Chiribiquete. Nos quedan 11. De esas, hay 4 millones colonizadas. Es decir, hoy nos quedan 7 millones de selva, que todavía es una locura porque se trata de bosques primarios sin ninguna intervención. 

M.J.D.: ¿Y se sabe cómo es que se va a proteger esa reserva forestal que rodea al Chiribiquete?

R.F.: Pues para eso hay que tener recursos y a pesar de que algo se ha avanzado, todavía falta mucho para ejercer un control que permita impedir que entre la minería ilegal. En el caso del Chiribiquete se piensa que Noruega va a financiar una parte de ese plan de control necesario para preservar el parque como zona protegida. Pero le confieso que en el tema de la reserva forestal no sé muy bien qué es lo que el gobierno tiene pensado para preservarla. No sé si esta zona estará destinada a perecer en la colonización o si tienen otra idea. No sé cuál es el futuro de esos bosques y eso es preocupante. 

M.J.D.: El gobierno va a contar con el apoyo de los noruegos para ayudar a ejercer el control territorial con el propósito de preservar esa zona protegida del Chiribiquete. ¿Cree que de esa forma se asegura esta zona de los depredadores que la acechan?

R.F.: Es que si ese control estricto no se hace, este triunfo se puede quedar solo en el papel.

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