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| 11/12/2011 12:00:00 AM

"El Partido Conservador se conforma con migajas"

Juan Gabriel Uribe, director del periódico 'El Nuevo Siglo' y conservador de pura cepa, habla de las dificultades por las que atraviesa su partido, del gobierno nacional y de las protestas estudiantiles.

MARÍA JIMENA DUZÁN: ¿Será que los parlamentarios que forman parte de la dirección de su partido se van a quedar allí, plantificados, a pesar de la derrota que tuvieron?

JUAN GABRIEL URIBE: Yo propondría un revolcón general en el partido, pero para poder hacerlo hay que generar unos nuevos estatutos. Si eso no se hace, el partido seguirá naufragando en los incisos, porque la colectividad hizo unos estatutos que la convirtió en un club de parlamentarios. Me sorprende, eso sí, que sus dirigentes hayan sido tan lentos para entender que estos resultados fueron un rechazo a su gestión y a las prácticas conservadoras en la DNE y en el AIS. ¡No se han dado cuenta de que la gente está mamada es de la corrupción y de que todo lo que esté unido a ella pierde! Lo que hubo fue un castigo.

M.J.D.: Y ese club de parlamentarios con quién está: ¿con Uribe o con Santos?

J.G.U.: Hay una buena parte del conservatismo que tiene como jefe natural a Andrés Pastrana. Esa ala está con Santos, o mejor dicho, estamos con Santos. Nosotros hemos aportado a la Unidad Nacional que ha planteado Santos, quien ha propuesto una agenda importante que yo denominaría de autoridad serena con agenda social. Sin embargo, hay otra parte del conservatismo que aún le falta definirse y que sería la mayoría parlamentaria. Esta ala, obviamente, le debe mucho de su preeminencia burocrática a Álvaro Uribe y no le ha aportado nada a la Unidad Nacional. Pero también creo que el partido tiene que abrirse a nuevos liderazgos que no sean ni el de Pastrana ni el de Uribe.

M.J.D.: ¿Y uno de esos nuevos liderazgos puede ser el de Juan Gabriel Uribe?

J.G.U.: No solo estoy yo. Hay muchos liderazgos conservadores que pueden entrar a jugar, como el de Marta Lucía Ramírez, intelectuales como Eduardo Posada Carbó, por poner unos nombres. Le repito: no me parece que el núcleo de la pelea en el Partido Conservador deba ser Uribe-Pastrana.

M.J.D.: ¿Y usted apoyó la propuesta, que afortunadamente no pasó, que buscaba reversar el fallo de la Corte que permitía el aborto en tres casos específicos?

J.G.U.: Yo creo que esa fue una estrategia del Partido Conservador con miras a las elecciones regionales. ¿Qué tanto le funcionó? Pues ahí están los resultados, y estos no son buenos. Pero el Partido Conservador debe entrar es a la agenda social de la Unidad Nacional y dejar de lado estas propuestas que polarizan. Yo, en cambio, sí creo que el partido debió proponer el tema del fortalecimiento del fuero militar, que yo propuse en un editorial hace ya rato. Sin embargo, el partido terminó metiéndose en el tema del aborto y el Partido de la U, defendiendo el tema del fuero militar. En el foro ideológico propusimos que cambiaran la circunscripción nacional para Senado, pero el partido no hizo nada en ese campo. ¡La plataforma del Partido Conservador no puede ser solo la oposición al aborto!

M.J.D.: ¿Está o no de acuerdo con el artículo que se aprobó en la reforma a la justicia que ha desatado tanta polémica porque para muchos permite que esa justicia termine juzgando delitos de lesa humanidad?

J.G.U.: Mire, no he visto nada más vergonzoso para la justicia ordinaria que la forma como ha manejado el caso de los falsos positivos, porque las únicas acciones que se produjeron fueron por la prescripción de la acción penal. Si hubiera habido una justicia penal activa, con un fuero militar correspondiente, yo estoy seguro de que las fuerzas militares hubieran sido mucho más activas de lo que ha sido la justicia ordinaria.

M.J.D.: O sea que usted estaría de acuerdo con que los casos de los falsos positivos sean adelantados por la justicia penal militar…

J.G.U.:
Sí, claro, porque la justicia ordinaria fracasó. Lo que yo he entendido es que son muy pocos los que han podido ser implicados y que la mayoría de los que han salido lo han hecho por prescripción de términos. Pero además, yo creo que el hecho de que estos procesos terminen en la justicia penal militar o en la ordinaria no es tan relevante. Lo importante es el escrutinio público, y en un país donde hay unas ONG activas y un periodismo vigilante, los procesos se vuelven más transparentes.

M.J.D.: ¿Está de acuerdo también con la amnistía a los militares que hayan incurrido en delitos de lesa humanidad y que se propone en otro proyecto que presentó este gobierno?

J.G.U.: Yo no sé si eso que se aprobó en la plenaria de la Cámara es realmente una amnistía o una ley de punto final, y tengo entendido que el mismo M-19 lo planteó cuando se le concedió su amnistía. Si es una ley de punto final, tendría que ser general y no solo para un grupo particular. Pero evidentemente cualquier militar que se meta en eso tendría que reconocer que cometió ese delito, y eso para un militar es supremamente grave porque lo que más se aprecia en un militar es la gloria y el honor.

M.J.D.: ¿Usted, que participó activamente en la fallida negociación de paz que adelantó el gobierno de Pastrana con las Farc, cree, como otros 'pazólogos', que Juan Manuel Santos es el presidente que va a hacer la paz?

J.G.U.: Si las Farc quieren escoger la vía de la paz, no existe mejor interlocutor que Santos. Y si escogen la guerra, tampoco hay mejor interlocutor. Las Farc son las que deciden. Lo que sí no se puede esperar es que Santos abandone la estrategia de la recuperación de la soberanía que tan exitosamente han venido adelantando los últimos gobiernos. Eso no lo va a cambiar, lo cual no significa que no se vaya adecuando al posconflicto con leyes como la Ley de Víctimas y de Restitución de Tierras, que configuran una poderosa agenda social.

M.J.D.: Volviendo al Partido Conservador, ¿no le preocupa que la colectividad pierda su vocación de poder?

J.G.U.: Ese es el mayor riesgo que tiene el Partido Conservador: que se burocratice y aburguese. Porque así está: está contento con unas migajas y se mantiene tranquilo con lo que le den. Pero como decía Laureano Gómez, la política es como las lentejas: o las tomas o las dejas. Creo que este es el momento de que el Partido Conservador asuma posiciones y oriente al país. Santos está sacando al país de la polarización y lo está metiendo en la concertación, y a esa política hay que apostarle.

M.J.D.: ¿Por qué está tan santista, después de haber sido uno de sus oponentes como jefe de debate de la campaña de Noemí Sanín?

J.G.U.: Porque creo que Santos está intentando cambiar la agenda nacional y reinterpretando el centro. Quiere pasar de temas importantes como la guerra, la lucha contra el narcotráfico, a otros que no tenían cabida, como el de la igualdad social con prosperidad económica. A sacar ese país, es a lo que el Partido Conservador debería colaborar en lugar de andar en las reyertas en que anda.

M.J.D.: A usted se le notan las ganas de volver a la política activa. ¿Si lo hace, lo va a hacer por el Partido Conservador o se lanzará independiente, como han hecho otros?

J.G.U.: ¡Claro que me quedo en el partido! Lo que pasa es que el Partido Conservador abjuró de su ideario, por ejemplo, acompañó la reelección presidencial. El Partido Conservador nunca fue caudillista ni reeleccionista y tiene que volver a esa doctrina.

M.J.D.: Pero volvemos al mismo embrollo: ¿cómo volver hacia ese camino, si lo que les importa a los parlamentarios es mantener su club y sus privilegios burocráticos?

J.G.U.:
Yo creo que queda un lapso de un año para las próximas elecciones del nuevo directorio. Pero el nuevo presidente, cualquiera que sea, tendrá que abrir el Partido Conservador a otros sectores y a otros liderazgos.

M.J.D.: A usted se le vino el mundo encima porque apoyó en un editorial de 'El Nuevo Siglo' a Gustavo Petro a la Alcaldía de Bogotá. ¿Esperaba esa reacción?

J.G.U.:
Lo que es claro es que el gran ejemplo de haber firmado Laureano Gómez el Frente Nacional o de Álvaro Gómez al haberse aliado con el M-19 para sacar adelante la Constitución Política demuestra un claro interés por la reconciliación nacional. Yo hice eso pensando en esos mismos propósitos, y ahora los hechos me han dado la razón.

M.J.D.: ¿No le falta audacia a la política en Colombia?

J.G.U.: No lo creo. Para que usted vea lo audaz que está siendo la política en Colombia, tenemos un presidente que proviene de los estratos altos del país, pero es el que más se parece a Lula en su agenda. E igualmente es curioso que en el segundo cargo más importante del país esté un exguerrillero que le ha jugado constantemente a la paz en Colombia. Eso es Colombia.

M.J.D.: ¿Qué opina de las marchas estudiantiles y de la manera como le están ganando la partida al gobierno en un tema tan importante como la educación?

J.G.U.: Me parece que eso demuestra la crisis de los partidos. Esa protesta pasó por encima de ellos, y creo que por primera vez uno puede llegar a la conclusión de que hacer política en los partidos puede llegar a ser una vía obsoleta. Hay gente que se mete a la política por un cargo, y en realidad la política de verdad se está haciendo por otros cauces, como lo están demostrando las protestas estudiantiles. Estos estudiantes acabaron con los vándalos que intentaron por años infiltrar las marchas, y lo hicieron a punta de besatones y abrazatones. Lo que acaba de pasar es un hecho histórico. Ese es el nuevo país.

M.J.D.: ¿Qué opina de que el procurador esté siendo propuesto como candidato presidencial de su partido?

J.G.U.: Habrá muchos más...
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