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| 6/1/2003 12:00:00 AM

El pasado no perdona

A Fabio Ochoa lo condenaron, no tanto por la Operación Milenio sino por su condición de fundador del cartel de Medellín.

Todo el pais sabe que apenas Fabio Ochoa oyó los dos veredictos de culpabilidad en conspiración para importar cocaína a Estados Unidos y confabulación para poseerla con intento de distribuirla en ese país se arrodilló, se persignó y se levantó de nuevo, mientras el abogado defensor Howard M. Srebnick estrechaba sus hombros. Lo que no sabe es que en ese mismo instante el fiscal Dick Gregorie vio al fin condenar al hombre que 20 años atrás, durante el caso del asesinato del piloto -y potencial testigo contra los Ochoa- Barry Seal, habría deseado tener en el estrado; ni que todavía hoy en Louisiana existe una acusación contra Fabio por ese crimen.

Los fiscales dejaron de lado ese caso "para no complicar y alargar el juicio". Una vez condenado Ochoa ya no será necesario desenterrar la historia del piloto que llevó droga del cartel de Medellín a Nicaragua mientras trabajaba con el gobierno de Estados Unidos. Pero tan convencido estaba el famoso abogado de la defensa, Roy Black, de poder probar la inocencia de Fabio respecto a esa acusación, como de que era falso que había "regresado" al narcotráfico durante el período 1997-1999. Tras el veredicto comentó desencajado: "Es un día muy triste para la justicia de Estados Unidos, pues este hombre fue hallado culpable por su historia; no por las pruebas del caso". Edward Ryan, el fiscal principal, sostuvo, en cambio, que la decisión validaba el esfuerzo de su país en destruir el tráfico de cocaína.

Black dijo que el tratamiento dado a los miembros del jurado los predispuso a condenar a Fabio. Les dieron a entender que era un hombre peligroso, pues mantuvieron sus identidades en el anonimato y eran escoltados permanentemente por la seguridad de la Corte. "Era casi una misión imposible lograr que este fuera un juicio justo", añadió.

"No piensen, por favor, en quién ha sido Fabio Ochoa; júzguenlo sólo por los hechos presentes", insistió Black ante el jurado. La Fiscalía desestimó que el pasado de Ochoa inclinara la balanza puesto que sólo se le había dedicado un día durante el juicio. "Lo determinante fue la totalidad de las evidencias", sostuvo el fiscal Ryan.

El lunes anterior al veredicto la tensión entre la defensa y la fiscalía fue extrema. Ryan, visiblemente agitado, acusó a Black de sugerir que había "una mano siniestra" en las alteraciones de las transcripciones cuando sólo eran "errores tontos" e insustanciales del oficio. Un argumento tan ligero, como el de Black cuando dijo que el 16 de junio Fabio viajó de Medellín a Bogotá sólo para ir a "almorzar y oír fútbol" a la oficina de Bernal. La Fiscalía recalcó cómo ésta era "no un restaurante, o una casa, sino un centro de narcotráfico", y ese día se encontraron 11 narcotraficantes de envergadura. "Cometió una estupidez, no un crimen", reviró Black al referirse al hecho de que Fabio hubiese cseguido siendo amigo de narcotraficantes. Pero el abogado argumentó que Ochoa ni siquiera había ingresado al salón donde estaban los dos grandes narcos a cargo de la gigante operación en la que se le acusaba de tener un "apuntado". "Ochoa no es estúpido", aseguró Ryan, quien quiso probar que actuaba tratando de dejar el menor rastro. Por esto, según él, en más de 1.200 horas grabadas no hay ninguna frase probada que lo incrimine definitivamente.

El jurado, compuesto por miembros impasibles, la mayoría afroamericanos, un hispano, que fue el más atento, y una mujer que se meció todo el tiempo en su silla en actitud de letargo, escuchó entre bostezos la síntesis de las acusaciones y descargos que desde el 5 de mayo se hicieron en el piso 11 de la Corte Federal de Miami. Si ese jurado no impresionó por los evidentes errores en las transcripciones de las grabaciones, que eran la única base física de la acusación, mucho menos pareció prestarle atención al derrumbe de otras pruebas.

Un observador del juicio comentó: "Yo no dudo que Ochoa sea culpable; lo que no creo es que aquí se haya demostrado que lo es". Entre las pruebas en contra de éste destacó la supuesta asesoría dada por Ochoa sobre el modo de 'bajar' dinero de México a Bogotá. Aunque Black demostró, el lunes temprano, que era casi imposible identificar voces en esa parte de la grabación, el juez decidió que no era necesario demostrar que Fabio había participado en distribución y tráfico de cocaína para condenarlo; bastaba una acción que indicara su asociación aunque fuera en lavado de dinero y no directamente en narcotráfico- para configurar el delito.

Una prueba importante fue el hallazgo, en la libreta de Bernal, del número telefónico que pertenecía a su cuñada frente al apodo de Fabio, 'Julito' pues los narcos suelen usar alias en sus operaciones para ocultar su identidad. Para combatir las mafias la legislación estadounidense cuenta con una gran amplitud en cuanto a las pruebas.

Ante la pregunta de por qué Ochoa fue el único de la Operación Milenio que no se declaró culpable hay quienes creen que, aun si hubiera caído en la tentación de aconsejar a sus amigos en sus actividades ilícitas, habría incumplido el pacto de la familia Ochoa de jamás reincidir. Reconocer que rompió esa promesa habría implicado admitir una traición. En todo caso sostener su inocencia -aunque sea "porque realmente es inocente", como sus parientes creen- lo expone a la posibilidad de la cadena perpetua. A su esposa y a sus hijos, Nicolás y Sebastián, les negaron la visa de turismo y sólo si les dan una visa humanitaria podría volverlos a ver. "Ochoa no mirará la luz del sol hasta cuando sea viejo", aseguró un asistente del fiscal.

Después del veredicto Roy Black anunció que en la apelación insistirá en conseguir el testimonio de Nicolás Bergonzolli, ex asesor de Carlos Castaño y uno de los principales implicados en Milenio. Según la acusación Bergonzolli era el dueño de la parte de la mercancía en la que Ochoa estaba supuestamente "apuntado". Sólo el jueves la defensa comprobó que Bergonzolli estaba libre tras negociar bajo el controvertido Plan de resocialización de narcotraficantes. Su testimonio comprobaría la existencia de negociaciones oscuras entre la DEA y los narcos, y que Ochoa, al negarse a aceptar una propuesta del propio Bergonzolli, habría sellado su destino.

La táctica del gobierno norteamericano en el juicio fue inteligente. Cuando vio el caso más débil de lo planeado aceleró el proceso para evitar que surgieran nuevas inconsistencias. Sin embargo, 10 días después del veredicto, cuando Black acuda a la Corte de Apelaciones y un juez decida si la petición es procedente, podría abrirse un nuevo proceso que hará inevitable que vuelvan a surgir estas preguntas.

Si no se acepta la apelación un juez dictará sentencia el próximo 19 de agosto. Aunque le recordarán que en el caso de un extraditado no se recomienda una pena que exceda a la máxima en el país de origen el juez es libre de acoger o rechazar la recomendación. Esta semana se supo que la condena de Alejandro Bernal, el jefe de Milenio, no será inferior a 20 años no obstante su colaboración. La condena, que se cumplió contra el cartel de Medellín en la figura de Ochoa, advierte de las consecuencias a quienes se metan en el negocio más rentable y atroz del mundo.

A Fabio seis policías lo retiraron de la Corte el lunes mientras otra media docena lo custodiaba. Apenas una señal de lo que podrían ser las siguientes décadas de su vida en una prisión federal norteamericana.
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