Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2008/03/01 00:00

El pequeño gigante de las Farc

De insignificante vendedor de droguería y activista sindical, Raúl Reyes logró convertirse en el segundo hombre de las Farc, y la persona más cercana a 'Tirofijo'.

Sí, lo conozco (a Hugo Chávez) y creo que habrá muchas veces más para estar personalmente con él

General, Ministro de hacienda, canciller, negociador, vocero y líder político son algunas de las expresiones que podrían definir el papel que en las Farc tenía Raúl Reyes. Contrario a otros militaristas, como el 'Mono Jojoy', que se ha hecho famoso en el país por sus acciones sangrientas, Reyes descolló ante la opinión pública cuando fue designado jefe de negociadores en los diálogos de paz de San Vcente del Caguán.

Luis Édgar Devia Silva, alias 'Raúl Reyes', nació el 30 de septiembre de 1948 en La Plata (Huila). Su padre, Luis Antonio, tenía una tienda, y su madre, Aura Silva, era una profesora normalista. Reyes decía que como él, muchos de las Farc eran "hijos de la violencia", no sólo por haber nacido en el año en que mataron a Jorge Eliécer Gaitán, que avivó el fuego que liberales y conservadores habían encendido en el país, sino porque desde pequeño su familia fue desplazada por sus convicciones políticas.

En 1949 sus padres, seguidores del Partido Liberal, recibieron amenazas. "A mi madre le dijeron: 'Vea señora, la única manera para que pueda seguir ejerciendo es que se arrepienta de ser liberal'. Y a mí padre, varias personas, incluido el cura del pueblo, le dijeron que dejara de ser del partido".

La presión llevó a que los Devia Silva emigraran a Caquetá. En Florencia nacieron la mayoría de los ocho hijos. Allí estudió el bachillerato, en el colegio Juan Bautista Migani, de padres consolatos. Las clases las mezclaba trabajando en una droguería para ayudar al hogar. Le decían 'patilico', por un loro de Caquetá que tiene las piernas cascorvas como las de Reyes.

En esa época se acercó a las Juventudes Comunistas (Juco). Devia repartía folletos y pasquines, hasta que su convicción lo llevó a inscribirse en el Partido Comunista Colombiano (PCC). Luego estudió en Cali y comenzó a trabajar con Cicolac. Allí compartía sus jornadas de trabajo con las tertulias de formación comunista que impartía Lino Mora, un viejo miembro del PCC, y se convirtió en un activista sindical. Pero su perfil era tan discreto, que muchos de sus compañeros ni lo recuerdan, como lo documenta el libro Retratos del poder, de la periodista María Teresa Ronderos, del que se extractaron varios apartes para este perfil.

Reyes regresó en 1975 a Caquetá a trabajar en la planta receptora de leche que Cicolac acababa de construir en El Doncello. Su trabajo en el Partido Comunista fue en ascenso, al punto de que fue escogido para estudiar por varios meses en Berlín y luego en el Ceis, que era una modalidad de escuela de cuadros del PCC. Desde esa época conoció a Joaquín Gómez, con quien compartiría una larga y cercana historia en las Farc.

En 1978 decidió incursionar en la política. Se convirtió en concejal de El Doncello, gracias a una alianza firmada entre el PCC y el Frente Democrático del Caquetá, movimiento galanista que dirigía Rodrigo Lara Bonilla. Alcanzó a ser vicepresidente del Concejo, hasta que "me buscaron para matarme. El Ejército me capturó y me tuvieron amarrado un tiempo". Reyes decía que el gobierno de Turbay partió la vida de muchos militantes de izquierda en dos. "A los que no asesinaron o condenaron, los obligaron a irse a la clandestinidad".

De 1,55 metros de estatura, dientes perfectos -que conservó a pesar de 30 años en la guerra-, corte de pelo impecable, mirada burlona y complicado en todas sus maneras, Reyes ingresó al Frente 14, que se movía entre El Doncello, Cartagena del Chairá, El Paujil y Puerto Rico, todos municipios de Caquetá. En esa zona crearía su poder, especialmente económico, impulsado por la ola cocalera que inundaría el sur del país a comienzos de los 80. Allí compartió filas con Braulio Herrera y Alfonso Cano, entre otros, siendo esta la semilla de lo que luego se convertiría en el poderoso Bloque Sur de las Farc.

Tras irse a las Farc, Reyes obtuvo un rápido ascenso, gracias a la injerencia del Partido Comunista. En 1982 fue designado miembro del Secretariado de las Farc, hizo parte del cese al fuego y de las negociaciones que se adelantaron con el gobierno de Belisario Betancur. Al romperse los diálogos, regresó a su zona, para aparecer eventualmente en Casa Verde.

Finalmente, con el bombardeo de la 'sede política' de las Farc que ordenó el gobierno Gaviria, el 9 de diciembre de 1990, Reyes desapareció. Trabajó intensamente en organizar las finanzas de las Farc y en coordinar su expansión, de la mano de la coca, la extorsión y el secuestro. Organizó algunas acciones militares y, finalmente, viajó al exterior para armar el frente internacional de las Farc. Estuvo en México, Cuba, Costa Rica, Ecuador, y en Europa. Además de hacer un trabajo político, a Reyes se le vincula como el cerebro que armó las redes de abastecimiento de armas y municiones. Por su trabajo internacional fue considerado el canciller de ese grupo. A pesar de estar fuera del país, su ascendencia dentro del grupo se mantuvo, pues fue en su zona de influencia donde se creó la zona de distensión.

Precisamente fue conocido por el país como jefe negociador de las Farc, y no por ser miembro del Secretariado. "Cuando salió por televisión, un amigo mío me dijo: '¿Ese no es Luis Devia

'. Y claro, sí era. ¡Quién lo hubiera adivinado, ese muchacho tan insignificante, tan corto de espíritu, al que casi que ni le conocimos la voz, y eso que lo veíamos a diario atendiendo en la droguería, fuera a resultar semejante personaje!, dice un vecino que lo conoció y que entrevistó María Teresa Ronderos. Ninguno lo podíamos creer". Cuando Reyes se fue para el monte, las Farc tenían 25 frentes. En la época del Caguán reconoció que había 65 frentes.

Más que representar la política de las Farc, Reyes encarnaba la línea ortodoxa del Partido Comunista, apegada al marxismo-leninismo y a las mismas categorías que se debían cumplir a rajatabla. Convencido de que por la vía armada se debía conseguir lo que por la vía legal era imposible. "Es como si Gilberto Viera se hubiera ido para el monte. En otras palabras, Reyes encarnaba al típico mamerto", dijo a SEMANA Teófilo Vásquez, investigador del Cinep.

Camilo Gómez dice que a pesar de ser del Secretariado, tenía la impresión de no ser muy querido en el interior de las Farc, pues mientras el grueso de los guerrilleros tuvo que ponerle el pecho a la guerra, él vivió cómodamente fuera del país. "Era un hombre complicado, difícil, enredado, que nunca hablaba directo y siempre le daba vueltas y vueltas, como buen sindicalista, para llegar a un punto en concreto".

De poco sentido del humor, Gómez recuerda que una vez Reyes lo citó para una reunión, y tras muchos rodeos "le pregunté qué pasaba. Es que usted no es diplomático, me dijo, y yo le respondí: yo no vengo a ser diplomático, sino a decirle las cosas de forma directa. 'Sí usted no es diplomático, pues cómo nos entendemos'", me respondió.

Aunque poco se conoció de su faceta personal, tuvo dos hijos, estuvo casado y su última compañera fue Liliana López, alias 'Olga Marín'. Por su prontuario, Raúl Reyes era considerado uno de los 50 hombres más buscados del mundo. Incluso, en su expediente figuran denuncias por pederasta.

Tras el fracaso del Caguán, Reyes se esfumó en las selvas del sur del país, en la frontera con Ecuador, para aparecer esporádicamente respondiendo a decenas de entrevistas. Desde allí, también enviaba todo tipo de mensajes. Allí, en lo que fue su fortín durante 30 años, fue abatido el sábado pasado.

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