29 marzo 2013

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El periodista de las denuncias valientes

INFORME ESPECIALGracias al trabajo investigativo de Leiderman Ortiz, la policía puso desbaratar una banda de ‘Urabeños’ que extorsionaba a mineros y compradores de oro en el Bajo Cauca antioqueño.

El periodista de las denuncias valientes.

La gente murmuraba que el temible, Jacinto Nicolás Fuentes, a quien llamaban ‘don Leo’, cobraba por lo menos el 10 por ciento de extorsión a todos los mineros que extraían oro en las rica cuenca del Bajo Cauca antioqueño y otro 10 por ciento a todas las comercializadoras que compraban el metal
en los pueblos de Caucasia, El Bagre, Nechí y Zaragoza. Después de Chocó esta es la región que más produce el metal en el país. Y Fuentes y su banda de ‘Urabeños’, que repartían ultimatums de pagar o morir con toda libertad, querían quedarse con buena parte de ella. 

La gente murmuraba pero nadie se atrevía a denunciar. No confiaban demasiado en las autoridades. Veían algunos de sus integrantes cercanos a ‘don Leo’ y por eso algunas víctimas recurrían a contarle sus pesares al respetado periodista de Caucasia, Leiderman Ortiz. Reportero de calle, de esos que andan siempre de libreta y grabadora, y le encanta revisar documentos, leer expedientes y darse peleas para revelar información oculta, Ortiz había fundado su propio periódico de circulación mensual, La Verdad del Pueblo, hace 15 años, cuando él apenas tenía 22. 

El 20 de septiembre de 2012 un comerciante de oro extorsionado por los Urabeños le contó al periodista que lo habían citado para ir a la finca del jefe de la banda en Piamonte, un corregimiento del vecino municipio de Cáceres. Hasta allá tenían que ir mineros y comerciantes a rendirle cuentas a ‘Leo’ y aceptar la cuota que él impusiera. El comerciante no sabía qué hacer. “Es mejor que no se vaya hasta la finca de Leo porque le puede pasar cualquier cosa”, le dijo Ortiz al comerciante. “Propóngale a quien lo buscó que se reúnan aquí mismo, en Caucasia”.  

El comerciante siguió el consejo y organizó la cita en un billar del pueblo. Para su gran sorpresa quienes fueron a cobrarle la “vacuna” eran jóvenes que él conocía, hijos de reconocidas familias que se habían ido a trabajar con la banda criminal. El jefe de finanzas era Carlos Foronda, un abogado hijo de un profesor jubilado conocido en el pueblo. Los otros eran Carlos Valencia (Caliche), Luis López (el Chino) y William Doval (Camilo), todos hijos de comerciantes con años de trayectoria en los negocios de Caucasia.  “Me sorprendió saber que quienes estaban ejecutando las extorsiones eran de aquí mismo, nativos y conocidos por todos”, cuenta Ortiz. 

El caso del comerciante motivó al periodista a seguir investigando y encontró 16 víctimas nuevas. Descubrió la historia de un minero a quien el extorsionista le pidió 150 millones de pesos y además le quitó su camioneta. A otro minero le pidió 500 millones de pesos y como no tenía el dinero le quitó sus dos retroexcavadoras y el entable completo con el que extraía oro. Se adueñó de su negocio. Ortiz recogió testimonios y pruebas.

En una ocasión, el periodista vio a los extorsionistas contando fajos de billetes en una droguería. Llamó a la policía y, al ver a los uniformados, los delincuentes arrojaron la plata, pero de todos modos se los llevaron presos. Los capturados reconocieron a Ortiz, y para su desgracia, quedaron libres porque aún no les habían expedido órdenes de captura. 

El jefe ‘Leo’ dio la orden de matar al periodista antes del 31 de octubre y ofreció 50 millones por su cabeza. Ortiz no se amilanó. En tres ediciones seguidas de su periódico publicó la foto de Fuentes en primera página con titulares como “Don Leo: el terror de los comerciantes y mineros del Bajo Cauca”, “Alias ‘Don Leo’ causa estragos en el Bajo Cauca” y “Extorsión: flagelo que azota con fuerza al Bajo Cauca”.  

Alguien que le había dado información para sus historias puso a Ortiz en contacto con un sicario que tenía la tarea de matarlo. Le decían ‘España’ y venía del Tolima. Por eso no le conocía la cara al periodista. Así que Ortiz se presentó con otro nombre, y sin saber que tenían a su presa enfrente, el sicario le contó detalles de cómo operaba la banda. 

La exposición pública de la banda que hizo La Verdad del Pueblo contribuyó a desbaratar la banda. ‘Leo’ ordenó suspender la extorsión por un tiempo para bajar la presión. A ‘España’ lo mató la propia banda porque creyó que informaba a las autoridades. Varios de los  hijos de los comerciantes de Caucasia cayeron muertos, presos o están prófugos con órdenes de captura. 

Finalmente, Fuentes, alis ‘don Leo’, huyó del Bajo Cauca, pero en un esmerado operativo con la Interpol, las autoridades lograron capturarlo en Perú el 7 de febrero de este año.  Estaba haciendo alianzas con organizaciones internacionales, pero ya no como integrante de los Urabeños, sino de Los Rastrojos. El periodista sigue sacando sus historias en el Bajo Cauca, pero ahora anda con protección especial del gobierno. 
ORO Y CRIMEN

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Oro y crimen: minería ilegal . Cientos de personas se agolpan  a barequear en una mina del río Timbiquí durante la hora feliz en que las dragas les permiten entrar.INVESTIGACIÓNOro y crimen: minería ilegal

Grupos armados sembraron el terror y destruyeron el medio ambiente por cuenta de la minería informal. SEMANA investigó.

ORO Y CRIMEN

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INFORME ESPECIALChocó, tierra de dragones

Las dragas arrasan la inmensa riqueza natural de las selvas y cambian el curso de los ríos chocoanos, y en medio de la guerra enriquecida por el oro, el Estado no consigue detenerlas.

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Hace dos años llegó la fiebre del oro a esta aislada población caucana. Las FARC regulan el negocio.

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La historia de un minero en esta turbulenta zona antioqueña, quien por tratar de trabajar en lo que sabe ha sido víctima de todos los grupos armados, y el Estado lo declara ilegal.

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CUENCA DEL RÍO NECHÍLa plata en las minas de oro

La historia de Zabala, a quien las Farc le encargaron exprimir la minería de oro en Zaragoza y El Bagre, desnuda cómo los grupos armados hacen fortunas extorsionando a toda la cadena de producción del metal.

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La selva herida por la minería. La mina de oro de la fotografía es controlada por la guerrilla en la serranía de Neuquén entre Brasil y Colombia. Calculan que hay 60 dragas operadas en su mayoría por brasileños y 300 indígenas.GUAINÍALa selva herida por la minería

Colombianos y extranjeros están afectando la frágil geografía de la Orinoquia y la Amazonia, afiebrados por la ambición del oro y del coltán.

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Contar con un título colectivo puede haber hecho toda la diferencia para que en esta aldea del sur de Bolívar, literalmente asentada sobre los socavones, la violencia que pasó no se haya instalado.

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