Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2008/07/12 00:00

‘El periodista nunca va a desaparecer’

Juan Luis Cebrián, fundador de 'El País', presidente del Grupo Prisa y uno de los intelectuales más respetados de España, habló sobre las inversiones en Colombia y sobre el futuro de la prensa ante la globalización, Internet y los conglomerados.

“El tamaño del mercado de bogotá no corresponde con los medios de comunicación escritos que hay”

SEMANA: Después de más de una década en 'Caracol', ¿Cuál es el balance del grupo Prisa en Colombia?
Juan Luis Cebrián: Estamos encantados. La inversión en Caracol la hicimos como hemos hecho otra ahora en Chile, con un criterio panamericano. Nosotros lo que queremos es crear una red de radios en América Latina, incluida la América Latina de los Estados Unidos. La radio sigue jugando un papel en la generación de opinión pública, sobre todo en determinados estratos. Y tenemos un modelo que funciona basado en dos cosas: en la independencia de los periodistas y en la generación de una conciencia de equipo.

SEMANA: La bandera de Prisa sigue siendo el diario 'El País', ¿Cómo ve el futuro de los impresos después de la crisis de los periódicos en Estados Unidos?
J.L.C.: En primer lugar, yo no creo que los periódicos vayan a desaparecer. Lo que sí creo es que su papel central en los medios de comunicación se va a ver un poco lateralizado. Yo en España declaré hace un año que si tuviera que fundar ahora El País, lo fundaría en la red, y haría una versión en papel del periódico que fundara en la red. Esto porque la red no son periódicos, es otra cosa. Es evidente que el papel impreso tiene dificultades de circulación y de rentabilidad, pero creo que sigue teniendo un futuro racional y rentable.

SEMANA: El Grupo Prisa estuvo en la puja por el diario 'El Tiempo'. Luego tuvieron conversaciones con los Santo Domingo para discutir una integración con 'Caracol', radio y televisión, y 'El Espectador'. ¿Siguen con la idea de sacar un periódico en Colombia?
J.L.C.: Colombia es un mercado que nos interesa mucho. Primero, porque se dan las condiciones necesarias para invertir. Hay seguridad jurídica, lo cual no es tan evidente en otros países de América Latina. Además, existe un mercado real con capacidad de compra e interés por la cultura y la comunicación. Tiene una buena tradición de periodismo escrito y oral. Hay muy buenos profesionales en periodismo y en la gestión de las empresas. Y encima, es un mercado abierto con pocas barreras proteccionistas iniciales a la entrada de capital extranjero. Por lo tanto, se dan las condiciones óptimas para extenderse en Colombia en medios de comunicación.

SEMANA: ¿Qué esquema de negocio utilizan a la hora de entrar a los diferentes países?
J.L.C: Nuestra tesis es que en el negocio de la comunicación hay que ir, si es posible, con socios locales y con aliados que te añadan valor no sólo económicamente, sino en la interpretación del país y de la comunidad a la que se dirigen. Hemos buscado siempre alianzas estratégicas con socios locales.

SEMANA: Pero ¿qué pasó finalmente con las conversaciones sobre 'El Espectador'?
J.L.C: La verdad es que estuvimos hablando con ellos y no llegamos a nada concreto. Creemos que El Espectador es una buena marca. Nos parece que el tamaño y la calidad del mercado bogotano no se corresponden con los medios de comunicación escritos que hay en Bogotá. Creemos que hay más mercado y más oportunidades. Los periódicos son el elemento más chauvinista y nacionalista que existe en los medios de comunicación. Cuando llegas a la televisión o a la radio, puedes tener resistencias variadas, pero al final se admite mejor. Nuestra experiencia de invertir en periódicos ha sido en Inglaterra, con The Independent; en Portugal, con Público; en México, con La Prensa; en Bolivia ahora, con La Razón, y en Francia, con Le Monde. La experiencia es que estas resistencias chauvinistas y nacionalistas se producen en todos los países. Entonces, a la hora de entrar con periódicos, es necesario hacerlo con socios locales y con un liderazgo local muy fuerte. Y eso fue lo que nos llevó a hablar con los Santo Domingo, al ver que El Espectador era una cabecera mítica e importantísima. Nosotros tuvimos mucha relación y amistad con la familia Cano, y si podíamos participar en relanzar El Espectador, nos parecía, primero, un acto interesante, pero también un deber cívico de la comunidad periodística con un diario que ha sido tan importante en este país.

SEMANA: ¿Descartarían la posibilidad de lanzar un periódico nacional en Colombia?
J.L.C: No lo hemos evaluado. Teóricamente no lo descartamos porque realmente un periódico nacional en Colombia no es tan evidente que exista. Es decir, El Tiempo se considera un periódico nacional porque se publica en la capital. ¿Se dan las condiciones para la existencia de un periódico nacional en Colombia? Objetivamente, parece que sí. Yo siempre he dicho que los periódicos se venden por lo que dicen. Pueden estar muy bien diseñados, muy bien gestionados, muy bien distribuidos y muy bien impresos. Pero, o hay una comunidad lectora que les apoya y se ve reflejada en las posiciones editoriales del periódico, o es muy difícil pensar que eso va a funcionar. Para hacer un proyecto así se necesita un liderazgo empresarial colombiano. Nosotros podemos ayudar, aportar y cooperar, pero se necesita un liderazgo periodístico colombiano.

SEMANA: ¿Cómo ve el fenómeno de la prensa gratuita?
J.L.C: La prensa gratuita no ha ganado dinero en ninguna parte del mundo. La sacaron los fabricantes nórdicos de papel, que no sacaron prensa gratuita en sus propios países. Se puede uno imaginar que hay un intento de generar marcas globales de cara a Internet. Pero al margen de las condiciones económicas, yo no creo en la información como un commodity. Si hay un vínculo fuerte en la historia de la comunicación, ahora que hablamos de interactividad e Internet, es entre el lector de un periódico y la redacción de ese periódico. Por lo tanto, es la adhesión de los lectores lo que genera la estabilidad y el crecimiento del periódico. Yo creo que los periódicos se venden por lo que dicen, no porque sean más baratos o porque los regalen en las calles. Y hacer periódicos sólo como soporte de la publicidad, pues te lleva a hacer periódicos con la información como commodity, que no es la base de un periódico. Yo me enteré de que habían liberado a Íngrid Betancourt no leyendo El Tiempo, ni oyendo radio Caracol, ni viendo la CNN, ni comprando SEMANA. Me enteré por un mensaje de texto que me envió un amigo al celular. Por lo tanto, yo creo que los periódicos cumplen una función en la socialización y en la creación de opinión pública, y eso nada tiene que ver con la prensa gratuita.

SEMANA: En el mundo, la información está cada vez más concentrada y en manos de grandes corporaciones de medios donde muchas veces priman los intereses económicos sobre los periodísticos. ¿Cómo analiza este fenómeno?
J.L.C: La tendencia a la concentración de los grupos responde a las tendencias de concentración de los demás sectores de la economía. Tiene que ver con los avances tecnológicos, con la globalización del mercado, con la generación de márgenes en la producción, y es una tendencia que va a seguir. Yo diría que va a convivir esa tendencia con el mantenimiento de empresas que serían equiparables a las empresas artesanales cuando aparece el proceso de industrialización, locales y potentes, que pueden vivir durante mucho tiempo sirviendo a su mercado.

SEMANA: Pero ¿Cómo se resuelve el dilema del corporativismo, el pluralismo y la libertad?
J.L.C: Creo que al final las grandes corporaciones van a seguir en el mercado global, que tiene sus peligros, sobre todo para la libertad de información y para el pluralismo. Y que tiene sus ventajas también. Lo que hay que hacer es convivir, saber responder a las necesidades de la autonomía de las redacciones y la libertad de información en las grandes corporaciones. Y al mismo tiempo, que esa autonomía se beneficie de las bondades de la corporación.

SEMANA: ¿Qué hacer para que perdure el periodismo en medio de la globalización, y tantos cambios tecnológicos, intereses económicos y juegos de poder? ¿Sobrevivirán el alma del periodista y la naturaleza intelectual del oficio?
J.L.C:
Qué es la información, qué es el conocimiento y qué es la sabiduría, son los tres escalones de la percepción intelectual del hombre. Personalmente sigo creyendo que el periodista del futuro va a ser el mismo del pasado. Sigo creyendo que el periodista es un señor que cuenta a los demás lo que pasa.

La dificultad que tenemos ahora es que la sociedad digital tiende a anular los procesos de intermediación. Eso significa que hay mucha información veraz mezclada con muchas mentiras, muchos rumores y mucha basura. Es lo que pasa con algunos blogs, pues como no hay una intermediación, la verdad convive con la mentira. Hoy cualquiera que saca una foto o un video o tenga acceso a una noticia, la puede colgar en la red inmediatamente. Pero todavía tendrá que haber una gestión de la calidad de esa información. En Corea hay un periódico en Internet hecho sin redacción, donde los redactores son 200.000 ciudadanos; es un gran éxito económico y participativo. ¿Qué capacidad hay de mediación o de interpretación de la realidad? No lo sé. Y vamos a convivir con estas paradojas mucho tiempo. Pero al final asistiremos a un proceso de mediación entre la realidad y los ciudadanos, o de interpretación o análisis, y eso es lo que hacen los periodistas: mediar entre la realidad y los lectores, los oyentes, los televidentes o los usuarios de Internet. Pero hasta que eso se produzca, vamos a convivir con una etapa de confusión.

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