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| 2/27/1995 12:00:00 AM

EL PESO DE LA LEY

El caso del asesinato de un oficial del Ejército compromete a Iván Urdinola y pone a prueba la eficiencia de la Fiscalía de Valdivieso.

A MEDIADOS DE 1991 LAS caudalosas aguas del río Cauca arrastraban cuerpos sin vida que iban a parar a las riberas de los municipios del norte del Valle del Cauca. Las escenas parecían sacadas de la época de la violencia, cuando centenares de personas, brutalmente asesinadas, flotaban sobre las aguas del río. A diferencia de los años 50, en esta oportunidad los muertos que bajaban por el Cauca no habían sido asesinados por razones políticas, sino que eran víctimas de la violencia demencial del narcotráfico. Ese año los legistas lograron identificar 300 víctimas, la mayoría de ellas mutiladas y quemadas.
Uno de esos cuerpos fue hallado por unos pescadores el 19 de agosto de 1991 en la vereda Beltrán, a pocos minutos de Marsella, Risaralda. Se trataba del teniente de infantería (r) Ricardo Andrés Petersson Bernal, quien era buscado afanosamente por sus familiares que habían distribuido por la región carteles con su foto, su identificación y un teléfono donde se podía informar sobre su paradero. Esas señales fueron suficientes para que los pescadores reportaran su hallazgo a la familia Petersson en Cali y así evitar que su cuerpo hubiera terminado en una fosa común como N. N.

OFICIAL DESTACADO
La vida del teniente Ricardo Petersson había terminado, pero la historia de cómo fue asesinado apenas comenzaba a escribirse. Este joven de 28 años, miembro de una respetable familia bogotana, vivió durante varios años en Estados Unidos, y en Colombia estudió en el colegio San Carlos en Bogotá. En 1978 decidió seguir la carrera militar en la Escuela Militar de Cadetes. Allí se destacó por ser uno de los mejores oficiales en cada uno de los cursos que realizó. Se especializó en contraguerrilla y combatió en las zonas más conflictivas del país, especialmente en los Santanderes. En 1988 fue trasladado a la base militar de Tolemaida con el fin de preparar a los soldados en los cursos de lanceros y contraguerrilla. Posteriormente viajó a Estados Unidos a realizar un curso de ranger, soldados especializados en combates en selva, donde ocupó el primer puesto y se convirtió en el único soldado colombiano que ha recibido la medalla al mérito otorgada por el Ejército estadounidense. Sus calificaciones le sirvieron para que se quedara en Estados Unidos por un poco más de un año como instructor de rangers.
A mediados de 1989 regresó a Colombia para continuar con su carrera militar. Hasta ese momento todo parecía indicar que el futuro del teniente Ricardo Petersson estaría marcado por el éxito. Cuando Petersson llegó a Tolemaida quedó bajo las órdenes del capitán Jorge Rojas Cruz con quien entabló una estrecha amistad. Los dos no solo trabajaban en llave, sino que eran compinches en las noches de farra que armaban en las discotecas de Melgar, Tolima.

MALOS VIENTOS
Las cosas marchaban bien en Tolemaida hasta que a finales de 1989 Rojas Cruz le anunció a sus amigos que se retiraba de la institución. En abril de 1989 el teniente Petersson volvió a saber de su amigo. Rojas Cruz le contó que le iba muy bien en su nueva vida como civil, que se había radicado en Cali y que trabajaba para una compañía de vigilancia privada industrial. Rojas le hizo una oferta a su amigo para que dejara el Ejército y se fuera a trabajar con él a Cali. "A mi hijo había dos cosas que le gustaban: las mujeres y la plata. Dejó el Ejército por una oferta de un millón 200 mil pesos", le contó a SEMANA su padre Guillermo Enrique Petersson Rivadeneira, un veterano oficial retirado del Ejército.
En junio de 1990 Ricardo Petersson se instaló en la capital del Valle del Cauca, pero en ese entonces ignoraba los pasos en los que andaba su amigo Rojas, quien era investigado por contrabando de armas. Rojas se movía en el Valle como pez en el agua, especialmente en el mundo del narcotráfico. Era pública su amistad con una familia de apellido Jaramillo, cuyos miembros, de acuerdo con las investigaciones, lo conectaron con Iván Urdinola. Para entonces, Rojas era conocido en ese bajo mundo como el famoso 'K-6'.
De la mano de 'K-6', el ex oficial Petersson conoció el dinero en abundancia, la buena vida y las excéntricas fiestas, donde siempre estuvo rodeado de hermosas mujeres que nunca le faltaron porque, como lo aseguró uno de sus amigos, "muchas veces tenía que espantarlas porque Ricardo era un hombre muy bien plantado".
En abril de 1991 Petersson regresó a Bogotá a visitar a su familia y durante esos días le contó a su padre que ya no trabajaba con Rojas y que además había tenido un fuerte altercado con él que había acabado con la amistad. De acuerdo con la versión de don Guillermo Petersson, el joven ex oficial se había alejado de 'K-6' porque éste pretendió obligarlo a desplazarse a Popayán a recoger un armamento que seria vendido a la guerrilla. Pero la gota que rebosó la copa fue la propuesta que le hizo 'K-6' para que fuera a Medellín a arreglar un 'negocio', es decir, eliminar a un enemigo de la organización para la cual trabajaba Rojas. Ese día Petersson, frente a unas 30 personas, lo golpeó sin piedad, sacó su pistola y le dijo: "No me joda, porque le pego un tiro".

RELACIONES PELIGROSAS
Por esa época Ricardo Petersson había conocido a Lorena Henao, esposa de Iván Urdinola, en la finca La Porcelana, localizada en Corinto, Valle del Cauca. De acuerdo con el testimonio rendido ante la Fiscalía General de la Nación el 3 de febrero de 1994 por Guillermo León Valencia Montoya, la relación de Ricardo Andrés con Lorena fue el principio del fin de su vida. Valencia Montoya le confesó a la Fiscalía, en febrero de 1994, que era primo de Iván Urdinola y de su esposa Lorena Henao, de quienes había sido su conductor entre 1989 y 1992. Declaró que su trabajo le había permitido conocer de primera mano los atroces crímenes cometidos por la organización de Urdinola. Y que por "motivos de conciencia y religión" desertó y se había escondido para evitar que lo mataran.
La confesión sobre quién, por qué y cómo fue asesinado el ex oficial Ricardo Petersson quedó grabada en varios casetes que fueron analizados por expertos del FBI y de la DEA, quienes posteriormente avalaron la declaración. Igualmente, la Fiscalía le solicitó a Medicina Legal una evaluación siquiátrica de Valencia Montoya, cuyo resultado dejó en claro que no padecía de trastorno mental alguno y que en su relato había una correcta orientación en espacio y tiempo.
¿Qué fue lo que contó Valencia Montoya? En un escalofriante relato el ex conductor de los Urdinola Henao señaló que el autor intelectual del asesinato de Ricardo Andrés Petersson fue Iván Urdinola Grajales. Señaló, igualmente, que el motivo para ordenar el crimen fue que Petersson "sostenía relaciones íntimas con Lorena Henao".
En la declaración que posee la Fiscalía General, Valencia Montoya señaló: "yo estaba presente, vi y oí cuando Iván Urdinola llamó por teléfono desde su finca La Porcelana en Corinto, con un vaso de licor en la mano, a Jorge Eliécer Rodríguez Orejuela en Cali y lo comisionó para contratar sicarios muy buenos para levantar, o sea asesinar con tortura, a Ricardo Andrés Petersson".
Según el relato de Valencia Montoya, las personas escogidas para realizar el asesinato fueron Jorge Eduardo Rojas Cruz, alias 'K-6', Carlos Lozano, alias el 'Gato', y Juan Carlos Ortiz Escobar, alias 'Cuchilla' y que a ellos se sumaron Omar García, alias 'Capachivo', y un hombre que conoció con el alias de la 'Guala'. De acuerdo con la confesión del ex conductor, Ricardo Andrés Petersson fue secuestrado en Cali al medio día del sábado 10 de agosto de 1991 por 'K6', el 'Gato' y 'Cuchilla'. Lo llevaron en un carro a Cartago y en el edificio Ana María lo mantuvieron durante dos días y medio amarrado y drogado. "Durante todo el fin de semana Ricardo Andrés fue sometido a muchas torturas de toda clase pero manteniéndolo vivo", dive la confesión de Valencia Montoya.
El lunes 12 de agosto de 1991, según el testimonio de Valencia Montoya, a las seis y 30 de la tarde, Petersson fue transportado en carro a la finca La Piedad, localizada en Cartago, propiedad de Hernando Gómez, alias 'Rasguño', amigo y socio de Iván Urdinola. "A La Piedad llegaron todos en cuatro carros Mitsubishi tipo burbuja, y como a las siete de la noche comenzó el juicio y la tortura. Allí Ricardo Andrés fue, entre otras cosas, quemado con ácido y mutilado. Uno de los asesinos le dijo: 'Ahora sí le vamos a cortar el Peter Pan'. Ricardo lo único que decía era: 'No mano, no. Yo no dije nada. Yo no hice nada'. Pero la 'Guala' había puesto una grabadora en el teléfono de Lorena y no había nada que hacer".
Ese es el relato descarnado que Valencia Montoya le hizo a la Fiscalía. Después agregó: "Yo estaba entre unas matas de café en el camino de entrada que lleva a la casa donde Ricardo Andrés estaba amarrado de pies y manos, aguantando sufrimiento y desangrándose después de que lo golpearon, lo mutilaron y lo abrieron con un cuchillo de la pelvis hasta la quijada. El no gritaba pero seguía vivo".
Los siguientes minutos fueron los más dramáticos de la confesión que hizo Valencia Montoya a la Fiscalía:"Entonces llegó el momento de rematarlo y varios querían hacerlo, pero 'K-6' reclamó su derecho porque Ricardo Andrés lo había abofeteado varias veces e insultado delante de mucha gente y porque no había querido colaborarle en sus negocios. 'K-6 ' al fin ganó y le puso a Ricardo su propia pistola en la boca y le dijo: 'Usted me puso a mí esta pistola en el mismo sitio, pero yo sile pego el tiro'. Y disparó. Así lo ejecutó".
En el documento que contiene la confesión del ex conductor de los Urdinola Henao se establece que después de la ejecución del ex oficial Petersson su cuerpo fue subido en la parte trasera de uno de los carros y llevado hasta orillas del río Cauca, donde fue arrojado a eso de las nueve de la noche de ese lunes 12 de agosto de 1991.
Unos días después el ex conductor de Urdinola se retractó de lo que había confesado, pero la verificacion que hicieron las autoridades colombianas y estadounidenses sobre su relato coincidieron en que no había mentido. Lo que en verdad sucedió, según las autoridades fue que tanto él como su familia habían sido amenazados de muerte.

PRUEBAS DE FUEGO
En diciembre de 1991 don Guillermo Petersson se enteró que la muerte de su hijo había sido de una manera brutal. Por esa razón decidió él personalmente asumir el peso de la investigación para establecer quién, cómo y por qué habían asesinado a su hijo: "Era un deber moral y de padre que tenía que cumplir" . Durante 31 meses recogió las pruebas que hoy están en manos de la Fiscalía y que después de haber sido reconfirmadas por el propio ente acusador, llevó a un fiscal sin rostro de Cali a llamar a indagatoria el pasado 22 de diciembre a Iván Urdinola dentro de la investigación que se sigue por la muerte del teniente Petersson. El 16 de enero de este año, evaluadas las declaraciones de Urdinola, la Fiscalía Regional de Bogotá dictó medida de aseguramiento contra el confeso narcotraficante.
Así como en su momento la Fiscalía tuvo como prueba de fuego condenar a Iván Urdinola por enriquecimiento ilícito y tráfico de drogas, ahora tiene la difícil misión de comprobar su participación o nó en el crimen de un ex-oficial del Ejército.
El otro gran reto que tiene la Fiscalía es garantizar la vida de don Guillermo Enrique Petersson, quien es sin duda alguna la pieza fundamental del rompecabezas que le permitirá al ente acusador condenar al autor intelectual y a los autores materiales de ese brutal asesinato. Sería la primera vez en la historia judicial de Colombia, que un pez gordo del narcotráfico podría ser condenado por el delito de homicidio. -
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