Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2014/11/01 22:00

El plan de Santos para el posconflicto

El presidente hará una gira por Europa con el fin de recoger fondos para financiar el posconflicto.

A mediados de octubre en una entrevista para SEMANA en Vivo, el presidente Juan Manuel Santos anunció que viajaría a Europa a buscar fondos para el posconflicto. “Voy a visitar seis jefes de Estado para convencerlos y pedirles que me ayuden a crear un fondo a través de la comisión de la Unión Europea para financiar el posconflicto, una especie de Plan Marshall”. En un entorno de crisis en Europa y sin un monto total definido sobre cuánto costará el posconflicto, la gira de Santos será seguramente un éxito diplomático que no se reflejará en abultados cheques a favor de la paz.

El tour es ambicioso no solo por sus objetivos sino por su paralelo histórico. El Plan Marshall, bautizado en 1947 por el secretario de Estado, George Marshall, fue el proyecto más importante de Estados Unidos para la reconstrucción de los países europeos después de la Segunda Guerra Mundial (1939–1945), que a la vez buscó contener el avance del comunismo. Duró cuatro años y costó aproximadamente 160.000 millones de dólares actuales. Comparar el histórico esfuerzo de Estados Unidos por cambiarle la cara a una Europa devastada por la guerra, con la ‘vaca’ que pretende recoger Santos es un poco desproporcionado. Pero es justo reconocer que su iniciativa busca lograr la titánica tarea de reconstruir el país y pensar desde ya en la magnitud económica del posconflicto.

La gira incluye seis países: España, Bélgica, Alemania, Francia, Reino Unido y Portugal. El lunes amanecerá en Madrid, donde se reunirá con el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy y el rey Felipe. El martes va para Bélgica donde hablará con el primer ministro Charles Michel. Allí también aprovechará para visitar a los directivos de la recién instalada Comisión Europea. Ese día será clave porque de esa reunión podrían salir acuerdos regionales. El miércoles irá a Alemania a reunirse con Angela Merkel y el jueves aterriza en Lisboa para dialogar con el presidente de Portugal, Aníbal Cavaco Silva, el primer ministro, Pedro Passos Coelho, y el vice primer ministro, Paulo Portas. La gira termina en París, donde se reunirá con el presidente François Hollande y en la noche con el vice primer ministro británico, Nick Clegg.

El eurotrip suena bastante positivo, pero una de las dificultades más grandes son las disímiles cuantificaciones de cuál sería el costo del posconflicto. Hasta el momento, nadie se pone de acuerdo con una cifra. Según el alto comisionado de paz, Sergio Jaramillo, serían unos 40 billones de pesos. Según la Comisión de Paz del Senado, costaría 93 billones a diez años y de acuerdo con estimativos preliminares mencionados por Fedesarrollo, se estaría hablando de 80 billones de pesos a diez años.

El monto total y el tiempo de su inversión es un misterio difícil de calcular por varias razones. En primer lugar, los costos de la paz están íntimamente ligados a los acuerdos. Si bien, varios expertos ven en el punto agrario y en el de cultivos ilícitos una importante proporción de lo que el Estado estaría obligado a gastar, la incertidumbre en el punto de víctimas y de justicia transicional deja la puerta abierta para más erogaciones. En segundo lugar, un problema es la definición misma de posconflicto. No se sabe a ciencia cierta qué inversiones cubren la implementación directa de los acuerdos y qué inversiones tienen que ver con el funcionamiento normal del Estado. Un ejemplo claro se dio cuando se presentó el Presupuesto General de la Nación para 2015, cuando el ministro Mauricio Cárdenas dijo que para el posconflicto destinaría 5 billones en agricultura y 8 en víctimas.

Y en tercer lugar, está el frágil entorno económico europeo. Desde 2008, el continente ha sido protagonista de una profunda crisis financiera que ha debilitado el bolsillo de los estados y sus ciudadanos. Varios países del norte de Europa han tenido que ayudar a los del sur, inmersos en revueltas sociales, agitaciones y un inconformismo generalizado. De manera que no es el mejor momento para que los europeos se metan la mano al dril.

A esas dificultades se suma algo evidente. Las necesidades de un eventual posconflicto superan con creces el más generoso de los aportes de cualquier país europeo. De hecho son más realistas las esperanzas de que Estados Unidos, que ha sido un aliado fundamental de Colombia en la lucha contra el narcotráfico y la criminalidad, sea la nación que de lejos aporte más recursos a este fondo. El Plan Marshall de Santos se parecería más a una versión 2.0 adaptada a la paz del Plan Colombia.

Convencer a los europeos de apostarle al posconflicto implica hablar más allá de paz. El gobierno tiene claro que el tiempo que pasa entre la firma de los acuerdos y la implementación de lo pactado no puede ser muy largo porque la gente empezaría a perder la confianza en el proceso. Por eso lo que se planeó en Presidencia es empezar a diseñar posibles proyectos que resulten de los acuerdos y buscar fondos que estén dispuestos a financiarlos. Para lograrlo, la Casa de Nariño tiene preparado un discurso que va más allá del diálogo con las Farc.

Básicamente, Santos argumentará que si se logra la paz, la contaminación que ha generado la violencia colombiana en la región y en el resto del mundo se reducirá significativamente. Esto se verá en dos escenarios: disminuirá el tráfico de drogas hacia el exterior, y el medioambiente saldrá ganando pues como los cultivos ilícitos han ido deforestando buena parte de los territorios selváticos colombianos, si se firma la paz, se contribuiría a preservar a Colombia como ese pulmón que mantiene al planeta oxigenado.

Otro argumento que el mandatario tendrá bajo la manga es que la FAO (Food and Agriculture Organization of the United Nations), ha identificado al país como una de las grandes despensas alimentarias del mundo. Si se logra el acuerdo, la idea sería volver productivos territorios que llevan décadas inmersos en el conflicto. “Sabemos que no vamos a llegar desde ya con plata en el bolsillo pero sí con un camino recorrido de haber compartido la idea a quienes nos van a financiar cuando lo necesitemos” le dijo la alta consejera de comunicaciones Pilar Calderón a SEMANA.

Un tema importante a los ojos internacionales es que mientras el mundo habla de guerra, en Colombia se habla de paz. Ese será el mensaje para conquistar a los grandes inversionistas, los estados, los organismos internacionales y la comunidad europea.

Es muy valioso que el presidente esté preocupado sobre cómo financiar el posconflicto y aunque es un paso en la dirección correcta, no hay que dejarse engañar: las magnitudes económicas de la reconciliación son altas, seguramente Estados Unidos invertirá más que Europa y parte del costo vendrá de créditos internacionales y del bolsillo de los colombianos.

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