Domingo, 21 de diciembre de 2014

| 2013/01/26 23:57

El Plan ‘Vargas Lleras’: su futuro político

El futuro político del presidente Juan Manuel Santos está estrechamente ligado al ministro de Vivienda, Germán Vargas Lleras. ¿Por qué?

El presidente Juan Manuel Santos y el ministro Germán Vargas Lleras en la inauguración de la nueva sede del Ministerio de Vivienda. Foto: León Darío Peláez / Semana

“¿Vamos por los votos? ¿Vamos a seguir construyendo casas? Esa es una decisión que vamos a tener que tomar juntos”. Con esas palabras el presidente de la República, Juan Manuel Santos, puso el dedo en la llaga de la encrucijada política del momento: el futuro de su ministro de Vivienda, Germán Vargas Lleras. Aunque la cercanía entre ambos políticos ha sido una constante durante la administración Santos, el comentario del primer mandatario no solo evidenció el nivel de consolidación de esa manguala, sino que despertó especulaciones sobre el futuro de su ministro y el de sí mismo en la eventualidad de que haya reelección en 2014.

Desde su alianza en junio de 2010, Santos y Vargas han tenido muy buena química. La selección del senador de Cambio Radical en el poderoso cargo de ministro del Interior puso al actual presidente en trayectoria de colisión con su antecesor. Aunque pocos se acuerdan, lo que hundió definitivamente la segunda reelección de Álvaro Uribe en la Cámara fue el manejo que le dio Germán Varón, mano derecha de Germán Vargas, a esa iniciativa cuando era presidente de esa corporación. La entrada al gobierno de Vargas fue considerada por el exmandatario como la primera de muchas traiciones ideológicas de Santos. Para el presidente ese nombramiento era parte de su estrategia de incluir en su administración ideas y personas que se habían opuesto a él en la campaña: los liberales con Rafael Pardo y el bloque de Germán Vargas. Su famoso “equipo de rivales”, al mejor estilo del libro de Abraham Lincoln que llevaba ese nombre y se había convertido en el best seller de ese momento.  

Como jefe de la política, el exparlamentario tuvo una gestión destacada. En el primer año y medio de gobierno, Vargas Lleras armó la Unidad Nacional, la mayor coalición de gobierno que haya disfrutado mandatario colombiano en años recientes, y aprobó un ambicioso paquete de reformas constitucionales. Cumplida esta misión, vio la oportunidad de cumplir una de las promesas de su campaña presidencial como candidato de Cambio Radical: vivienda popular. El matrimonio se fortalecía: Santos tendría un audaz programa de casas gratuitas para los más pobres y el ministro le sumaba a su imagen de antiguo manzanillo y de mano dura el tema social. 

Menos de un año después, Vargas Lleras está en lo que Uribe llamó “la encrucijada en el alma”. En la actualidad tiene tres escenarios posibles: 1) Estar disponible para ser candidato a la Presidencia en la eventualidad de que Santos no se lance a la reelección. 2) Retirarse para encabezar una lista al Senado que le haga contrapeso a la de Uribe 3) Quedarse hasta el final del gobierno entregando casas. 

Los escenarios 2 y 3 requieren que él no esté inhabilitado, por lo tanto tendría que retirarse del Ministerio de Vivienda en marzo para ser senador o en mayo para ser candidato a la Presidencia. Por esto, todo el mundo da por descontado que en las próximas semanas Germán Vargas Lleras se retirará del gobierno. Eso, sin embargo, es probable, pero no seguro. Cada una de esas tres opciones tiene vericuetos y arandelas bien complejas, que es justificable analizar detenidamente. 

Candidatura presidencial

Esto obviamente es lo que más le interesa a Vargas. El problema es que plantearlo de frente es un tabú. Él no puede prácticamente ni mencionarle ese tema a su jefe. Y Santos no le va a abrir esa puerta ni a él, ni a nadie antes de tiempo. Lo que para Vargas sería una tragedia es creer que Santos definitivamente se va a lanzar y encontrarse él inhabilitado si por alguna casualidad el presidente cambia de opinión posteriormente. Pero como el tema es intocable debe limitarse a una cantaleta idéntica a la que Santos tenía con Uribe: yo lo apoyo a él incondicionalmente y mi candidatura solo sería posible si él no es candidato. A Santos ese juego le funcionó pues la Corte Constitucional le hundió la reelección a Uribe, y la carta de la lealtad se impuso sobre la posición contradictoria de Noemí Sanín de candidata uribista contra Álvaro Uribe. Pero así como Santos rogaba, mientras apoyaba a Uribe, que la Corte lo tumbara, Vargas ruega que firmada la paz Santos prefiera retirarse en la cima con su lugar en la historia asegurado. 

Encabezar lista al Senado

Esta es la opción que menos le interesa a Vargas. Cuando uno ha conocido el poder real, ser senador es aburridísimo. Como dijo Julio César Turbay “es mejor un milímetro del Ejecutivo que un kilómetro del Legislativo”. El problema es que si el presidente Santos le pide que enarbole la bandera de la prosperidad democrática, Vargas no puede negarse. Y fuera de él, el gobierno no tiene un gallo de pelea que tenga las espuelas y el prestigio para frentear el tsunami uribista. Esto necesariamente implica dejarse contar frente a Uribe y curiosamente, el resultado de esa medición de fuerzas no dependería tanto del propio Vargas sino por cuál partido se presenta. 

Sobre ese aspecto hay dos posibilidades: encabezar la lista del Partido Liberal o encabezar la de Cambio Radical. Cada una tiene ventajas y desventajas. La mejor para Vargas y para el presidente sería que el Partido Liberal y Cambio Radical se fusionen. En la actualidad el liberalismo tiene 17 senadores y Cambio Radical siete. Con el impulso de una fusión podrían superar la cifra de 25. El problema es que esa fusión no es fácil. Muchos senadores del liberalismo no simpatizan con Vargas y ven en riesgo su puesto en la lista si hay que abrirle cupo a los varguistas. Por otra parte, varios congresistas de Cambio Radical quieren mantener vivo ese partido porque una vez elegidos tienen mayor jerarquía a nivel regional. En política es mejor ser cabeza de ratón que cola de león. Pero como el umbral va a ser del orden de 400.000 votos es casi seguro que sin Germán Vargas a la cabeza no lo alcanzarían y el partido desaparecería. Por lo tanto, para ellos es prioritario que Vargas encabece la lista de Cambio Radical y no la del Partido Liberal. Como cabeza de una lista de Cambio Radical, Germán Vargas puede aspirar a algo del orden de diez senadores, cifra respetable, pero la mitad de la de Uribe. Con los partidos fusionados la lista santista probablemente superaría a Uribe. Sin embargo, por esa combinación de intereses individuales de congresistas de cada uno de esos partidos, es muy difícil que haya fusión a menos que el presidente Santos se la juegue a fondo por esta.

Por todas esas complicaciones Vargas preferiría no encabezar lista para el Senado. A pesar de esto, hay un escenario en el que le parecería atractivo o por lo menos aceptable. Sería el de que en los próximos meses se apruebe una reforma constitucional denominada la Ley Chupeta. Esta sería una norma que permitiría que un congresista elegido pudiera ser designado ministro, lo cual está hoy prohibido. En esas circunstancias, Vargas prestaría su nombre para arrastrar votos y después podría ser nombrado canciller o ministro de alguna cartera igual de importante. Lamentablemente para él, también hay poderosos intereses que bloquean la Ley Chupeta. Si esta se aprueba, iría acompañada de la aprobación del transfuguismo, es decir, de la posibilidad de cambiar de partido en la mitad del camino. El presidente Santos, el Partido de la U y el Partido Conservador quieren evitar el transfuguismo a toda costa para que no pueda haber deserciones hacia la lista uribista. Hoy ningún parlamentario de esos partidos puede cambiar de bando y la lista de Uribe se enfrenta al problema de no contar con parlamentarios elegidos.  

Incluso la vicepresidencia está dentro de las opciones del ministro. Este cargo por lo general no ha servido como plataforma presidencial, pero teniendo en cuenta la estatura política que ya tiene Vargas y el hecho de que quien ocupa ese cargo puede ser nombrado por el presidente en cualquier otro simultáneamente, la fórmula podría volverse atractiva. Por ejemplo, se puede ser vicepresidente y ministro o incluso ser vicepresidente y ser una especie de primer ministro con ascendiente sobre el resto del gabinete si el presidente le otorga ese poder. De llegar a darse este arreglo, Vargas sería claro desde el principio frente al hecho de que a los tres años renunciaría para aspirar a la Casa de Nariño.  

Por todo lo anterior, Germán Vargas tiene pocas ganas de encabezar una lista para el Senado. Si de él dependiera, preferiría finiquitar su gestión entregando casas que acabar en las interminables sesiones del Senado. Lamentablemente, ante el fenómeno Uribe, todo indica que el presidente lo necesita. 

Las casas

Antes de que Vargas llegara al Ministerio el presupuesto para Vivienda en Colombia era de menos de 1 billón de pesos para el cuatrienio. Por cuenta de su nombramiento esta cifra se quintuplicó. Serán destinados para vivienda y agua potable más de 5 billones de pesos. Ese es un monto que pocos políticos han tenido la oportunidad de gastar con beneficio de imagen personal. Pocas plataformas políticas son más atractivas que regalar casas, por lo tanto la opción de quedarse en lo que está no tiene nada de absurdo. Además, construir rápidamente cientos de miles de casas no es fácil y Vargas ha resultado ser un gran ejecutor. Con él, el programa se cumple. Otra ventaja de quedarse es que le permitiría ser jefe de debate en la reelección presidencial, lo cual es imposible si encabeza una lista al Senado. En Colombia, la jefatura de debate con frecuencia ha sido la antesala de la Presidencia cuatro años después, ya que recorrer todo el país consolidando relaciones personales con todos los políticos de provincia es un activo incuantificable para una aspiración presidencial. Y fuera de eso, como no estaría inhabilitado para ningún cargo en el segundo cuatrienio de Santos, podría ser nombrado en la cartera que él quisiera. Algunos piensan que la jefatura de debate no se le puede otorgar a un miembro de un partido de la coalición, pero para todos los efectos el jefe de gabinete es el que quiera el presidente.

De todo este abanico de posibilidades, unas tienen más peso que otras. Lo que le convenga al presidente de la República tiene prioridad sobre lo que quiere Germán Vargas. Y una cosa que este último tiene totalmente clara es que su única posibilidad de ser el sucesor de Santos es ser leal con él en forma incondicional. Esto lo va a hacer no solo por estrategia sino por convicción. La prioridad y la obsesión de Juan Manuel Santos en este momento es neutralizar a Álvaro Uribe. Y en sus filas solo hay un hombre adecuado para esta misión: Germán Vargas Lleras.

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