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| 12/8/2014 12:00:00 AM

El poder que Vargas Lleras ha alcanzado

Germán Vargas Lleras es jefe de tres ministros, dos superintendentes y ha recuperado a su propio partido político.

Nunca antes, desde cuando se instauró la figura de la Vicepresidencia, en 1991, un vicepresidente había acumulado tanto poder. Germán Vargas Lleras, en el segundo gobierno de Juan Manuel Santos no sólo es el encargado de reemplazarlo, en caso de una ausencia temporal o absoluta, sino que maneja una agenda propia, cada vez más y más amplia, que lo convierten en el funcionario del Ejecutivo que más está al tanto de todo cuanto sucede en el Estado. Prácticamente todas las grandes decisiones pasan antes por sus oídos.

En un decreto, expedido a los pocos días de haberse posesionado para su segundo periodo, el presidente Santos le dio el anunciado vuelco al cargo de la vicepresidencia. Y lo hizo confiriéndole a Vargas Lleras unas funciones tan amplias que nunca antes vicepresidente había tenido.
Ese decreto fue la llave para que hoy Vargas Lleras se dé el lujo de llevar las riendas de tres políticas públicas, de manejar un billonario presupuesto que el propio vicepresidente confiesa que supera los 12 billones de pesos. Y pese a ello, hoy más que nunca, es el jefe de un partido político, Cambio Radical, que hace cuatro años apuntaba a fusionarse con el oficialismo liberal, pero que hoy, a pesar de ser el tercero de la Unidad Nacional,  tiene  mayor participación burocrática que La U y los liberales. En solo 100 días, el poder de Vargas Lleras ha crecido.

Una imagen de su poderío fue la que dejó en su visita al Hotel Hilton de Barranquilla el viernes de la semana pasada, cuando, precisamente, Cambio Radical adelantaba su congreso ideológico. Congresistas, diputados, alcaldes de varios lugares del país viajaron únicamente a tener al menos un par de minutos con Vargas Lleras. Todos los movimientos del vicepresidente eran perseguidos. Allí se le instaló un despacho provisional donde atendió a algunos de ellos, todo en algo más de cuatro horas, las cuales sacó de su apreteda agenda de firma de contratos, inauguración y entrega de casas, carreteras, acueductos. No todos fueron atendidos. Un buen número se quedó con las ganas de verlo.

Esa aureola no es gratuita. Vargas Lleras, uno de los animales políticos del país, se ha convertido en menos de una década en uno de los dirigentes más influyentes del actual gobierno. Aunque muchas veces ya había disfrutado las mieles del poder, como las que recibió en seis de los ocho años del gobierno de Álvaro Uribe, lo que ha conseguido acumular al lado de Santos le ha ido mejor.

Aunque se ha marginado de temas tan cruciales como la paz, o la misma reforma al Estado, en sus manos está el desarrollo de tres políticas públicas, algo que nunca antes alguien había logrado concentrar.

Al liderazgo de las políticas de vivienda y agua que tuvo en el pasado cuatrienio, Vargas Lleras ahora agrega la de infraestructura. Se ha comprometido con la mayor revolución en la historia del país, pues va reducir el déficit de vivienda, va a construir acueductos hasta en el último rincón del país, y va a dejar la geografía surcada de carreteras competitivas, de nuevos y remodelados aeropuertos, de habilitar al río Magdalena. Por eso todos los alcaldes y gobernadores de este país quieren una reunión con el vicepresidente. El poderoso Vargas Lleras se erige como una pieza clave en las elecciones regionales del año próximo, pues el vicepresidente, por sus objetivos políticos, jugará a apoyar a los candidatos ganadores con un solo propósito, que este apoyo se le retribuya en el 2018.

Porque ese es sin duda el principal objetivo del vicepresidente. Si cumple las ambiciosas metas indudablemente tendrá réditos sociales, que como mejor se traducen son en votos. Vargas Lleras disfruta, y mucho, recorrer a diario todo el país. Pasa más tiempo en aviones y helicópteros. Pero a donde llega es recibido como una estrella.

Y por si fuera poco, Vargas Lleras tiene ocupado una buena parte del gabinete. Es el jefe directo de los ministros de Vivienda, Luis Felipe Henao, y de Transporte, Natalia Abello. Todo lo que decidan estos funcionarios debe tener el visto bueno del vicepresidente. Los dos son miembros de Cambio Radical. Henao es hechura de Vargas Lleras, con quien ha trabajado desde el 2010 en los ministerios de Interior y Vivienda. Y Abello es una de las consentidas de la poderosa casa Char en Barranquilla.   

A estos ministerios hay que sumarles dos entes de control como la Súper Intendencia de Industria y Comercio y la de Notariado y Registro. En la primera está Pablo Felipe Robledo, otro de los miembros del kínder de Vargas, quien lo llevó como viceministro de Justicia. Y en la segunda, a Jorge Enrique Vélez, un excongresista antioqueño de Cambio Radical.
Esto significa que Vargas Lleras tiene conocimiento de las decisiones que tiene que ver con proteger la libre competencia y el derecho de los consumidores, pero lo que es más trascendental, la política de restitución de tierras en la que la superintendencia de notariado es por dónde pasan muchas de las decisiones.

Y por si fuera poco, es muy cercano al ministro de la Presidencia, Néstor Humberto Martínez, quien no sólo está a cargo de la defensa de la obra del gobierno de Juan Manuel Santos, sino que se encarga de la gobernabilidad, la relación con los congresistas, y quien hoy es el dueño del famoso ‘computador de palacio’. Funciones que, de alguna forma, se cruzan con las del Ministerio del Interior y que Martínez eclipsa. Practicamente, Vargas Lleras tiene conocimiento de cuánto hagan los congresistas.

Aparte de esta presencia en el gabinete, Vargas Lleras maneja tras bambalinas a Cambio Radical. Un partido que que en el 2006 alcanzó la nada despreciable presencia de 17 senadores, pero que en cuatro años, y tras haberse separado de Uribe, se redujo a 7 senadores, y fue uno de los más castigados por la parapolítica. De hecho, el único congresista condenado después del 2010 por estos hechos fue Javier Cáceres, de Cambio Radical.

En las elecciones del 2010 Cambio Radical alcanzó 800.000 votos en las de Congreso y 1,5 millones en las presidenciales. En el 2014 era uno de los amenazados a no superar el umbral. Pese a estos pronósticos, y sacando rédito de las viviendas gratis, fue el partido de la Unidad Nacional que más creció en votos y el único que aumentó su representación, a nueve senadores. Pero en todo caso un millón de votos menos que liberales y La U. Por eso no son pocas las molestias en estos dos partidos por el poder que está acumulando Cambio Radical. 

El partido también tiene los gobiernos de ciudades como Barranquilla y Pasto, donde han desarrollado el modelo de Vargas Lleras y que se han convertido en sus principales fortines.

Y además, la influencia de Vargas Lleras en todo el Estado ha sido varias veces puesta en evidencia. El expresidente Álvaro Uribe dijo que había hecho lobby para que escogieran a Augusto Ibáñez en la Corte Suprema, y más recientemente se le señaló de tener a Edgardo Maya como su candidato a la Contraloría.

Por eso los tiempos en los que la Vicepresidencia era una figura decorativa del Gobierno parecen lejanos. Hoy el vicepresidente ha acumulado más poder y representación que La U o el Partido Liberal, tiene las mejores armas para una contienda electoral, y un partido político que lo ha puesto a crecer. Un poder que Vargas Lleras ha alcanzado en tan solo cien días de gobierno.
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