Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1995/06/12 00:00

EL POETA, EL APOSTOL, EL HOMBRE.

En el centenario de la muerte de Martí, prócer cubano de proyección continental, SEMANA presenta en exclusiva la siguiente semblanza por el escritor José L. Díaz Granados

EL POETA, EL APOSTOL, EL HOMBRE.

CUANDO JOSE MARTI NACIO, EL 28 DE ENEro de 1853, Cuba era, con Puerto Rico, la última de las colonias españolas existentes en este lado del mundo. El padre, don Mariano Martí Navarro, era valenciano; la madre, Leonor Pérez Cabrera, canaria. Al nacer el futuro Apóstol de la Independencia, a quien pusieron los nombres de José Julián, don Mariano era sargento primero de la Cuarta Batería de la Primera Brigada del Regimiento Español de Artillería. Tres años después, ya retirado con el grado de subteniente de Infantería, se emplea como celador del barrio del Templete, en el primer distrito de La Habana, antes de partir con su familia para España.
En 1865, de nuevo en Cuba, José Martí ingresa a la Escuela Municipal de Varones, que dirige don Rafael María de Mendive, quien influye poderosamente en la formación de su conciencia patriótica y americanista. El joven escribe sus primeros versos y reflexiona profundamente sobre el devenir de su patria.
Muy pronto, un importante suceso lo impactará de manera decisiva: el 10 de octubre de 1868 se produce cerca de Yara el estallido de la guerra contra España, cuya fase inicial se extiende por un lapso de 10 años. El joven Martí adhiere de inmediato a la causa y escribe el soneto 10 de octubre, que comienza: "Del ancho canto a la Escambraica Sierra Truena el cañón...".
En esta década, Martí escribe poemas febrilmente, colabora y edita periódicos democráticos como El Diablo Cojuelo y La Patria Libre y promueve reuniones de encendido sabor anticolonial. La reacción no se hace esperar: el maestro Mendive es puesto preso y posteriormente deportado. En seguida Martí es detenido, enjuiciado y condenado a realizar trabajos forzados en canteras; luego es enviado a la isla de Pinos y más tarde desterrado a España, donde con sólo 18 años da a conocer su defensa bajo el título de El presidio político en Cuba.
En la tierra de sus mayores ocupa los días estudiando leyes y filosofía, dictando clases, escribiendo en periódicos y publicando folletos con textos de fogosa entraña política.
En 1874 viaja a Francia y de allí se dirige a México. Más tarde lo hallamos en Guatemala, Venezuela y Nueva York. En esta ciudad, "en las entrañas del monstruo", vivirá hasta enero de 1895, con rápidas estancias en Centroamérica y el Caribe. Son años de incansable quehacer literario, periodístico y revolucionario. Son innumerables los artículos que publica en más de una veintena de periódicos de "nuestra América ".
Entretanto, la vida sentimental del Apóstol es procelosa e inestable: en 1877, estando en México, había contraído matrimonio con la dama cubana Carmen Zayas Bazán, de cuya unión nace su único hijo, José Francisco. Todo ello coincide con una de las etapas más activas de Martí en su vida pública: es deportado nuevamente a España, donde es hecho prisionero en una cárcel de Santander. Puesto en libertad bajo fianza, viaja a Madrid y de allí sale clandestinamente a Francia. En enero de 1880 llega a Nueva York, donde llegan más tarde Carmen y el niño.
Los continuos viajes que dan lugar a obligadas separaciones, alteran la estabilidad emocional del matrimonio, y en 1891 la ruptura es definitiva. En Nueva York, Martí ha entablado relación amorosa con otra Carmen -Miyares, viuda de Mantilla-, en cuya casa de huéspedes había residido el poeta durante algún tiempo. La hija de Carmen, María Mantilla, predilecta de Martí, escribiría más tarde sobre su madre: "En ella encontró (Martí) todo el consuelo, apoyo, cariño y calor que jamas encontró en su propia mujer".
Pero entre persecuciones y destierros, entre batalla y batalla, José Martí ama y escribe, sufre ansiedades y reflexiona, sueña y actúa. En 1892 echa las raíces del Partido Revolucionario Cubano, con el fin de "lograr la independencia absoluta de la isla de Cuba y fomentar y auxiliar la de Puerto Rico". Con este partido prepara una ofensiva tendiente a la guerra de liberación nacional para "que en la conquista de la independencia de hoy vayan los gérmenes de la independencia definitiva de mañana".
En enero de 1895 parte de regreso a la patria. El 24 de febrero, la guerra de Independencia estalla en diferentes sitios de la isla. Un mes después, el general Máximo Gómez y José Martí, lanzan el famoso Manifiesto de Montecristi, en donde expresan: "La revolución de independencia iniciada en Yara después de preparación gloriosa y cruenta, ha entrado en Cuba en un nuevo período de guerra, en virtud del orden y acuerdos del Partido Revolucionario en el extranjero y en la isla, y de la ejemplar congregación en él de todos los elementos consagrados al saneamiento y emancipación del país, para bien de América y del mundo".
De Santo Domingo, donde ha firmado el documento se dirige a Haití, de donde parte hacia Cuba, haciendo escala en la isla de Inagua, en las Bahamas. En atención a sus servicios, el general Gómez le informa el 15 de abril que ha sido nombrado Mayor General del Ejército Libertador. Días antes, el legendario militar ha manifestado en su Diario de campaña: "Nos admiramos los viejos guerreros, acostumbrados a estas durezas, de la resistencia de Martí, que nos acompaña sin flojeras de ninguna especie, por estas escarpadísimas montañas".
Entretanto, desde el 30 de marzo, Antonio Maceo ha llegado a Cuba y se reúne con Martí y Máximo Gómez el día 5 de mayo en el ingenio La Mejorana. Después de leves discrepancias que terminan felizmente en acuerdos fraternales, Martí entra en combate.
El día 19 -hace 100 años- es sorprendido por una columna española en el sitio denominado Boca de Dos Ríos, cerca de la confluencia de los ríos Cauto y Contramestre, en la región oriental. Contraviniendo la orden de Gómez de situarse en la retaguardia, Martí avanza con su lugarteniente Angel de la Guardia, y es herido de muerte. Las tropas cubanas luchan por encontrar su cadáver, pero los españoles lo han llevado a enterrar a Santiago de Cuba. Al tener noticia de su muerte, Rubén Darío exclamó: "Era todo un hombre. Más aún, era como debería ser el verdadero superhombre:grande y viril; poseído del secreto de su excelencia, en comunión con Dios y con la Naturaleza". Tenía 42 años.
A nadie como a José Martí se le podría aplicar la frase que el Libertador Simón Bolívar acuñó para sí mismo: "Me tocó la misión del relámpago ". Es difícil comprender la magnitud de acción y de pensamiento proyectada por el cubano en tan sólo 42 años de existencia, pues en este breve lapso escribió textos que completan más de 30 volumenes.
Como poeta es considerado el padre del Modernismo, movimiento literario que por primera vez logra el regreso de las carabelas: su influjo sobre los europeos es notable, hasta el punto que los poetas cosmopolitas de finales de siglo no tienen derroteros distintos a los impuestos por los cubanos José Martí y Julián del Casals, por el colombiano José Asunción Silva y por el nicaraguense Rubén Darío. Y desde la publicación del famoso Ismaelillo, en 1882, muchos críticos, entre ellos José María Vargas Vila, gran amigo de Martí, lo saluda como la iniciación de una nueva era en la poesía escrita en español.
En este sentido, las obras más importantes de Martí son Versos sencillos, La edad de oro, Flores del destierro, Nuestra América, Versos libres y Diario de campaña, entre otras.
El 24 de febrero de 1907, los restos de Martí fueron trasladados a un sepulcro en el cementerio de Santa Ifigenia, en la ciudad de Santiago de Cuba. En 1947 se exhumaron y se llevaron al Retablo de los Héroes y el 30 de junio de 1951 fueron depositados en el mausoleo que actualmente se conoce.
Su mejor epitafio bien pudieran ser sus propios versos: "Cultivo una rosa blancaen junio como en enero, para el amigo sincero que meda su mano franca. Y para el cruel que me arranca el corazón con que vivo, cardo ni oruga cultivo: cultivo la rosa blanca... ".

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