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| 8/6/2011 12:00:00 AM

El policía de la cuadra

El Plan Cuadrantes de la Policía lleva un año. Una reciente evaluación dice que, donde se aplica, las mejoras en seguridad son visibles. Pero aún falta mucho.

Colombia está volviendo al policía de la cuadra, ese agente que el ciudadano conoce por su nombre y que sabe (o debería saber) no solo qué delitos, pillos y pandillas hay en el barrio, sino hasta de los postes sin luz y los huecos sin reparar en las calles, que aprovechan los atracadores. Revivir esa figura -en una edición corregida y aumentada- es la tarea del Plan Nacional de Vigilancia Comunitaria por Cuadrantes que implica toda una revolución en la Policía y puede llevar a una drástica mejoría en la seguridad ciudadana. Pero su implementación marcha lentamente.

El Plan Cuadrantes, lanzado en julio de 2010, es la mayor apuesta estratégica de la Policía Nacional en una generación para atacar la inseguridad. Las ocho 'metropolitanas' (así llama la Policía a sus divisiones administrativas que cubren a Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga, Cartagena, Cúcuta y Pereira) se dividieron en 1.545 'cuadrantes', compuestos por cuadras de similares características socioeconómicas, de infraestructura y de criminalidad. A cada uno se le asignaron tres patrullas de dos policías, que hacen turnos de ocho horas, deben conocer personalmente a los habitantes y dueños de negocios y responder por la vigilancia. Lo mismo se planea en otros cincuenta municipios.

Organizar así a los casi nueve mil hombres de la Policía que vigilan las calles permite, como dice la Fundación Ideas para la Paz (FIP) en su primer informe de evaluación del plan, "estudiar con lupa la situación delictiva de cada cuadrante". Con ello, las autoridades civiles ganan herramientas para tomar decisiones y focalizar la inversión, y la Policía puede intervenir de manera diferenciada. Bogotá, por ejemplo, se dividió en 768 cuadrantes. Unas son las medidas por tomar en los 633 cuadrantes donde prevalece el hurto, sobre todo de celulares, y otras, en los 52 cuadrantes donde prima el homicidio. Si esta atención micro a la delincuencia se aplica en serio, la reducción en la criminalidad podría ser dramática.

Sin embargo, una cosa es la idea en el papel y otra llevarla a la práctica en una institución de 180.000 hombres, con una cultura y unas inercias tan arraigadas como las de un paquidermo. El proceso implica una revolución en la manera de dar órdenes, relacionarse con la gente y trabajar. Del policía que se la pasaba tomando tinto y 'gallinaceando' a las muchachas del barrio, hay que pasar a un patrullero con iniciativa, que conozca su zona, genere planes de trabajo para enfrentar los problemas y tenga superiores pendientes de lo que hace. Por eso, la aplicación del plan ha sido lenta. En realidad, arrancó en forma en diciembre, y solo en mayo pasado empezaron las capacitaciones de los agentes y oficiales, que irán hasta fines de 2011.

Hasta ahora, según la evaluación, solo una pequeña parte de las 110 estaciones de Policía involucradas en el plan en las ocho ciudades está aplicando a fondo la nueva estrategia. Pero el resultado es alentador: es en esas estaciones donde se detectan reducciones importantes de las tasas de hurto a residencias, vehículos y entidades comerciales y, sobre todo, de riñas. La implementación del plan, dice la FIP, "está empezando a producir resultados positivos en cuanto a bajar los índices de delincuencia".

Habrá que dar tiempo a la Policía para adaptarse. Habrá que ver cómo los nuevos alcaldes asumen el Plan Cuadrantes y cómo este se implementa en zonas de crimen organizado y narcotráfico, ante los cuales un par de patrulleros son impotentes sin apoyo de unidades especializadas. Y habrá que encarar líos como la falta de personal -nueve mil efectivos para vigilar las ocho principales ciudades de Colombia es un pie de fuerza muy limitado- y la corrupción policial, ambas quejas de no pocos mandatarios locales. Pero si se logra revivir la figura del policía de la esquina como está planeado, la seguridad ciudadana, que no fue prioridad en los últimos años, podría dejar de ser, como es hoy, la primera preocupación de los colombianos.
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