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| 3/7/2009 12:00:00 AM

¿El Polo está quebrado?

Las refriegas internas por el aparato del partido dejaron muy maltrecho al Polo Democrático. Petro y Lucho ratificaron que se quedan. ¿Hasta cuándo?

Para estar a tono con una palabra que se ha puesto de moda se podría decir que el segundo congreso del Polo Democrático se convirtió en algo parecido a una hecatombe para las esperanzas de la izquierda en el país.

El domingo de la semana pasada el senador Gustavo Petro se levantó arrepentido, con la idea de que se había equivocado al asistir al congreso de su partido. Hasta el jueves, día en que comenzaba la cumbre, tanto él como Lucho Garzón y María Emma Mejía, representantes de la llamada ala moderada del Polo, estaban convencidos de que era mejor no asistir a una reunión donde el libreto estaba ya escrito. Para nadie era un secreto que los otros dos sectores mayoritarios del partido -la izquierda radical y el anapismo- habían sellado una alianza para controlar las decisiones.

Petro lo resumió así: "Mientras ponen a Carlos Gaviria para que destruya su propia imagen política, quienes verdaderamente controlan el partido hacen negocios en Bogotá o siguen con las tesis filosóficas de Mao Zedong, Trotsky y Stalin", se refería al ala radical, representada por el Moir y el Partido Comunista, y al ala del anapismo, representada por la familia Moreno Rojas y el senador Jaime Dussán.

Sin embargo, Petro a último momento cambió de opinión. Entre otras, porque el presidente del Polo, Carlos Gaviria, habló con un tono de apertura en su discurso inaugural. "Yo ya he cumplido, bien o mal, mi ciclo (...) alguien debe relevarme en la presidencia y otra persona distinta de mí debe asumir la candidatura del partido en las próximas elecciones presidenciales". También, a última hora, le permitieron a Petro hablar ante los 1.500 delegados. El senador no sólo se echó un discurso que algunos calificaron como el mejor de su carrera política, sino que hizo dos jugadas maestras: convenció al también senador Luis Carlos Avellaneda, de la llave Anapo-radical, que se pusiera de su lado para que fuera el reemplazo de Gaviria en la presidencia del partido y también se ganó a otros delegados que hasta ese momento no estaban aliados con ninguno de los dos bandos. En un momento dado, parecía inevitable que el ala moderada iba a lograr el milagro de voltear la torta y se quedaría con las mayorías del congreso.

Las alarmas se dispararon en el otro bando y el senador Jaime Dussán, como él mismo lo reconoció, decidió promover la idea de que Carlos Gaviria se mantuviera como presidente del partido. Se dieron cuenta de que no tenían otra alternativa que volver a recurrir a la figura del carismático ex magistrado para poder ganar. Y eso, aunque le significó el triunfo, tuvo un costo para Gaviria. Por más que explicó que lo nominaron contra su voluntad, quedó el sabor amargo de que el ex magistrado había hecho lo contrario a lo que prometió un día antes.

¿Por qué es tan importante el presidente y el secretario general? Porque son ellos los que tendrán la sartén por el mango a la hora de decidir los nuevos pasos que dará la colectividad. Por ejemplo, ya hay un primer problema en los acuerdos a los que llegaron en el congreso. Sobre uno de los principales temas de discordia, el hacer coalición con otros partidos para enfrentar al uribismo, los del ala moderada quedaron convencidos de que se empezaría a construir muy pronto. Pero el senador Iván Moreno dio una interpretación distinta, dijo que se haría coalición sólo si se da una segunda vuelta presidencial. "Un acuerdo después de la primera vuelta no es una coalición sino una adhesión", replicó el concejal Antonio Sanguino, del sector de Lucho Garzón.

Más allá de las divergencias y de las destrezas en materia de mecánica electoral que demostraron, podría decirse que al final todos resultaron perdedores. Como escribió León Valencia en su columna en el diario La Patria: "Es lamentable lo que ocurrió. Se reunieron 1.500 delegados de todo país y (...) no dedicaron ni un minuto a construir un proyecto de gobierno para superar al presidente Uribe y airear la política colombiana. Todas las energías se fueron en la lucha por controlar el aparato partidario. Toda la pasión se orientó a la pelea entre las distintas facciones de la izquierda".

El espectáculo que dieron por momentos parecía deplorable. Las acusaciones que se hicieron fueron de tal calibre (ver gráfica) que más parecían enemigos acérrimos que socios de un proyecto político. Se sacaron los trapitos al sol y, como suele suceder, la opinión tomó atenta nota de ello.

En primer lugar, terminaron quitándoles brillo a todas sus figuras. Carlos Gaviria, quien esgrime como uno de sus grandes patrimonios su verticalidad, vio cómo se ponía justa o injustamente su ética en entredicho. Gustavo Petro, quien para muchos dio una batalla valiente y necesaria para la democracia, al declararse en desobediencia quedó como un mal perdedor. El sector de los Moreno Rojas y Dussán, por las denuncias reiteradas de Petro, quedó con la marca indeleble de clientelistas perversos. Y Lucho Garzón y María Emma Mejía, si bien no sufrieron los embates de la refriega, no sólo sus delegados perdieron el pulso en el congreso sino que hoy se ven, como Gustavo Petro, sin una ubicación clara en el horizonte político.

En segundo lugar, la refriega intestina también le dejó servida en bandeja de plata a los contradictores del alcalde Samuel Moreno la idea de que el clientelismo puede acabar con el proyecto de ciudad que se venía construyendo en Bogotá. Si bien mal se haría en criticar a Petro por hacer una denuncia que propende por el ejercicio transparente de la política, en términos del partido es como si le hubiera lanzado una puñalada al corazón, pues la Alcaldía de Bogotá es prácticamente la única joya de su corona.



¿Qué va a pasar?

Un principio clave de la política es que se trata de sumar y no de restar. Y el Polo, que ya venía perdiendo terreno electoral, puede estar reduciendo aún más su caudal. Una cosa es el Carlos Gaviria que representando a toda la oposición a Uribe sacó la histórica cifra para la izquierda de 2,6 millones de votos, otra cosa es el Polo que sacó 570.000 votos (contando los de jóvenes de 14 a 17 años) en su más reciente votación de partido y otra muy distinta podría ser el resultado si no cuenta con figuras mediáticas y que recogen voto de opinión como Lucho Garzón, Gustavo Petro o María Emma Mejía.

Como si fuera poco, el Gallup Poll publicado esta semana muestra un escenario aun más complicado. Piedad Córdoba toma fuerza en el Partido Liberal (ganaría la consulta, según el sondeo) y eso implicaría que votos de opinión de izquierda, que no están atados a partidos, podrían deslizarse hacía ella. Que Carlos Gaviria le gane por un solo punto a Piedad en una eventual primera vuelta presidencial es un dato demostrativo (8 por ciento de intención de voto para Gaviria y 7 por ciento para Piedad).

Por el momento en el Polo todo parece congelado mientras se lleva a cabo la reunión de la Dirección Nacional, que la integran 250 delegados, el próximo mes. Se decidirá si Carlos Gaviria sigue como presidente, cuándo se hará la consulta del partido y cuáles serían las condiciones de una eventual coalición.

La permanencia de Lucho y Petro en el Polo es todo un interrogante. Por un lado, personas cercanas a ellos aseguran que no creen que terminen el año en el partido, pero por otro lado, esta semana los dos salieron a ratificar con bríos que se quedan. En últimas, por ahora, la realidad es que ninguno de los dos tiene para dónde irse.

La idea de que se dé una alianza interpartidista en la cual ambos aterricen no pasa de ser por ahora una frase en un papel. Petro, de todas maneras, trata de calentar motores y ya bautizó su disidencia como 'Espacio de la izquierda democrática'. Hablar de cuál será el rumbo de los dos puede ser una completa especulación, entre otras, porque ellos tampoco parecen tenerlo muy claro.

Es toda una paradoja. Lucho Garzón y Gustavo Petro, dos de las figuras por antonomasia del Polo, quienes crearon el partido hace seis años con Antonio Navarro y les abrieron las puertas a otros movimientos, ahora están casi en la puerta de salida.

Pero como en política nada está escrito, no se puede descartar que al final del día terminen en una consulta del partido en la que participen Gaviria, Lucho y Petro. La encuesta de Gallup muestra que las apuestas están parejas: Gaviria tiene 37 por ciento, Lucho 34 y Petro 24 por ciento.

Ese, tal vez, sería el mejor escenario para la izquierda. Porque como dijo hace unos años Navarro Wolff cuando el Polo se amplió: "Aquí es necesario que todos salgan en la foto".
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