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| 2/19/1996 12:00:00 AM

EL PRECIO DEL DEBER

Lo increíble del asesinato de la directora de la cárcel de Palmira es que, a pesar de estar tan amenazada, no tuviera protección.


A MEDIADOS DE DICIEMbre del año pasado la directora de la cárcel de Palmira, Martha Elena Sánchez, recibió una carta de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolivar en la que en su último párrafo aparecía una frase lapidaria que decía, "así que ya sabe, y como soldado advertido no muere en guerra, estaremos atentos al curso que tomen las cosas y cuidado, con las represalias que tomen contra los presos políticos, pues agilizaría su muerte ".
La carta estaba acompañada de otra serie de advertencias a la funcionaria por su supuesto maltrato a los guerrilleros detenidos en ese penal, entre quienes se encontraban varios comandantes de cuadrillas. La directora de la cárcel, una mujer que siempre se caracterizó por su fuerte temperamento, su honestidad a toda prueba y un gran valor para resistir las amenazas, no le dio mayor trascendencia al asunto y sólo comentó el tema con algunos de sus amigos más cercanos. En cierta forma ella tenía la piel curtida contra este tipo de represalias. Amenazas similares había recibido cuando se desempeñó como directora de la cárcel de Itaguí, donde están detenidos varios integrantes del cartel de Medellín.
En la misma cárcel de Palmira habia dado muestras de su verticalidad en la aplicación del reglamento interno a los reclusos. Inclusive en varias oportunidades confrontó sus puntos de vista con los de los detenidos del pabellón de máxima seguridad, entre quienes se encuentran guerrilleros, miembros del cuerpo de seguridad del cartel de Cali y cabecillas de grupos paramilitares. "La doctora Martha no era de las que se arrugaba con las amenazas", dijo a SEMANA un funcionario judicial de Palmira.
La carta llevó a las autoridades a pensar que detrás del asesinato de la funcionaria, ocurrido el sábado 13 de enero a pocas cuadras del penal, estarian los grupos guerrilleros. El crimen, sin embargo, hasta el momento no ha sido reivindicado por ninguna organización subversiva, hecho que llama la atención de las autoridades porque la guerrilla acostumbra a reconocer públicamente sus ajusticiamientos.
Pero las autoridades también investigan en otro frente: los narcotraficantes, quienes tendrian tantos o más motivos que la guerrilla para atentar contra Sánchez. La directora asesinada fue una de las personas que más se opuso al traslado de varios miembros del cartel de Cali a la cárcel de Palmira y fue ella quien denunció la compra de propiedades en inmediaciones de la cárcel por parte de Víctor Patiño, cuando éste se encontraba detenido en ese penal en compañia de Phanor Arizabaleta. Las investigaciones dejaron al descubierto los planes de Patiño de instalar una sofisticada red de comunicación entre su celda y el exterior. Ello le habria ocasionado a Sánchez un fuerte altercado con miembros de esa organización delictiva, según los investigadores.
La muerte de la funcionaria dejó sobre el tapete el alto grado de indefensión en que se están moviendo los directores de las cárceles del país. Cuesta creer que la responsable del penal donde están varios de los hombres más peligrosos del país no contara, por lo menos, con un grupo de guardaespaldas a su servicio y un carro blindado para movilizarse.
De esta forma, al peligro que representa tomar medidas contra los delincuentes se viene a sumar la falta de garantías por parte del Estado para conservar la vida de los funcionarios amenazados.
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