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| 7/14/2012 12:00:00 AM

"El presidente Santos no va a tener con qué reelegirse"

Después de su reciente homenaje el exministro Fernando Londoño habla del proyecto uribista, del fantasma de Invercolsa y de su oposición al gobierno.

María Jimena Duzán: Usted ha dicho que su homenaje en El Nogal fue un acto académico. Con todo respeto: ¡eso no lo cree nadie!

Fernando Londoño: ¿Y cuál es la diferencia? Fue un acto académico que tuvo objetivos políticos. El atentado en mi contra fue un acto político, así no haya sido hecho contra un político, que no lo soy, sino contra un periodista y exministro.

M.J.D.: ¿Periodista, Fernando Londoño? ¿No será más bien un político que utiliza el periodismo para su propia causa?

F.L.: ¡En lo absoluto! ¿Para hacer cuál política?

M.J.D.: ¡Pues la que está haciendo! ¿No acaban ustedes de declarar en El Nogal su oposición a la reelección del presidente Santos?

F.L.: Yo creo que los periodistas tenemos que tomar partido en todos los temas, sean culturales, deportivos o políticos. Pero además no hay que hacerme estudios muy profundos para saber dónde estoy. Soy un uribista en el más puro sentido de la expresión. Creo en el pensamiento político del presidente Uribe. En la seguridad democrática como valor fundante de la sociedad, en el desarrollo económico como único camino para llegar a la paz y en la necesidad de tenderles la mano a los desplazados. Si eso es ser de derecha o de izquierda, me tiene sin cuidado. José Ortega y Gasset, que es uno de mis más grandes maestros en filosofía, decía que ser de derecha o ser de izquierda son las dos maneras que el hombre contemporáneo se inventó para ser imbécil. ¿A la derecha de quién y a la izquierda de quién?

M.J.D.: Pues a la derecha de Juan Manuel Santos, desde luego.

F.L.: Si la cosa está planteada en que ser de izquierda significa ser marxista-leninista e hijo de la planificación centralizada de la economía, o socialista, al estilo de regalar todas las cosas para que acabemos el Estado, que es lo que está pasando, pues entonces soy de derecha. Si me quieren asociar con Hitler o con Mussolini, pues no lo soy.

M.J.D.: Según esa diatriba, el Santos de centro-derecha que conocemos, ¿sería socialista?

F.L.: Es que Santos no representa nada porque no es nada. Siempre me han producido cierto recelo los políticos que optan por el camino de en medio y hablan de terceras vías.

M.J.D.: ¿Y quién cree que el uribismo es el ‘Puro Centro Democrático’?

F.L.: Uribe tuvo dos discursos. El primero duró 42 minutos y fue magistral porque habló el hombre estadista. Con el segundo, si usted quiere que nos confrontemos, que duró ocho minutos y que es un agregado, no estuve de acuerdo. En esa parte es que se habla del Puro Centro Democrático y de hacer una constituyente. Hacerla demanda una cantidad de energías inmensas, como sucedió en la del 90, que fue un desastre. El país se paralizó y se dedicó a discutir un poco de pendejadas. Esa energía la tenemos que usar en buscar un buen candidato presidencial.

M.J.D.: ¿Es cierto que ese agregado del segundo discurso de Uribe fue de José Obdulio Gaviria, quien presidió la mesa como oferente de su homenaje?

F.L.: Él no fue oferente, no intervino en absoluto ni estaba previsto que lo hiciera. El origen de la segunda parte del discurso de Uribe, averígüelo usted. José Obdulio es el íntimo amigo del presidente Uribe y uno le tiene que respetar a sus amigos. Es una persona intelectualmente interesante con el que tengo discrepancias y puntos de convergencia.

M.J.D.: Si van a ser ahora de centro, ¿cómo van a lidiar con esa intolerancia que tanto ha caracterizado al uribismo?

F.L.: En el gobierno del cual yo formé parte no la hubo. ¿Cuál fue el autoritarismo o la intolerancia que hicimos?

M.J.D.: Estigmatizaron a políticos que los criticaron y a los periodistas que se atrevieron a cuestionarlos. Los señalaron mil veces como auxiliadores de la guerra. ¿No se acuerda?

F.L.: ¿Cuándo dije yo eso? ¡Deme una cita mía y demuéstreme lo que usted afirma!

M.J.D.: Eso no lo dijo usted, pero sí el presidente Uribe, que tildó a Petro de “terrorista vestido de civil”.

F.L.: Si alguna vez dijo el presidente Uribe que no estar de acuerdo con él equivalía a ser de la guerrilla, pues yo no estaría de acuerdo con él, como no lo estuve en muchos temas.

M.J.D.: Es curioso que usted le guarde tanta lealtad al presidente Uribe, cuando fue él quien lo echó del gobierno.

F.L.: O me sacaron sus amigos. Luego vino el procurador Maya y me sancionó por haberle dicho prevaricador al juez Suárez Vaca, con quien me enfrenté por haber dejado en libertad a los Rodríguez Orejuela.

M.J.D.: Pero es que usted era el ministro de Justicia. Y acusar de prevaricador a un juez, sin pruebas…

F.L.: ¡Sí tenía las pruebas y las mostré! Los Rodríguez Orejuela estaban debiendo, por multas impuestas por la CSJ, más de 100.000 millones de pesos y el juez los soltó con una caución de diez. Yo lo enfrente y me sancionaron. Sin embargo, hay periodistas amigos suyos que siguen diciendo que yo estoy sancionado por Invercolsa y no es cierto: ni estoy sancionado por eso, ni me pueden sancionar nunca porque cuando hice ese negocio, cuya legitimidad siempre sostendré, era un particular.

M.J.D.: Pero de todas maneras ese fantasma de Invercolsa siempre lo persigue.

F.L.: Eso es otra cosa. Me persiguen con una historia que nunca quisieron contar bien. Ofrecí diez veces devolver las acciones y hace años que esas acciones no están en mi poder. La segunda condena es aún más incomprensible. Pedí que se cumpliera una sentencia del Consejo de Estado y me opuse a que unos extranjeros, que siete años antes fueron mis clientes, ganaran intereses de mora del 44,5 por ciento anual en dólares. Pero créame: no me importa. ¿Sabe quiénes iban a interponer un recurso contra las decisiones de la Procuraduría? Mis hijos. A ellos les parecía muy poquito esa condena. La querían perpetua a ver si yo no me volvía a meter nunca en política.

M.J.D.: No le creo cuando dice que no tiene aspiraciones presidenciales.

F.L.: Créamelo porque es heredado. Mi padre pudo ser presidente de la república por lo menos en tres ocasiones pero se hizo a un lado. Le parecía terrible y detestable ser presidente de la república. Me dan un pesar los presidentes: ¡tenerse que aguantar a periodistas como usted y yo!

M.J.D.: En su discurso usted propone un acuerdo sobre lo fundamental, como lo hizo Álvaro Gómez. ¿Estaría dispuesto a sentarse a discutirlo con Piedad Córdoba o Gustavo Petro?

F.L.: ¡Claro que sí!... salvo que Piedad Córdoba me diga, porque de esos hay, que no está de acuerdo con el desarrollo económico o con la lucha de todos contra el terrorismo.

M.J.D.: ¿Y en ese acuerdo caben todos los uribistas que hoy están acusados de narcotráfico o de paramilitarismo?

F.L.: ¿Como quiénes?

M.J.D.: Por ejemplo, ¿el general Santoyo o el “buen muchacho” de Noguera?

F.L.: ¡Ay!, por Dios, el presidente jamás habría sido amigo de Santoyo si hubiera sabido que era narcotraficante. Noguera es un tipo sano y el señor Narváez es un alma buena.

M.J.D.: ¿El que está acusado de haber participado en el asesinato del periodista Jaime Garzón?

F.L.: Sí, el mismo. Narváez es un hombre delicado, fino, un buen hombre. Lo que pasa es que quieren desviar esa investigación como lo han hecho en mi caso. El otro día estaba reunido con Enrique Gómez Hurtado y el director de la Sergio Arboleda, Rodrigo Noguera, y les dije: “ahora ustedes, como miembros de la derecha, están de sospechosos de haberme puesto la bomba. ¡Por Dios!”.

M.J.D.: ¿Cómo ve al gobierno del presidente Santos?

F.L.: El espectáculo del Cauca con los indígenas en Toribío fue lamentable. A pocos kilómetros de donde él estaba, había un retén de las Farc, por lo que le tocó encerrarse en Toribío en un salón con sus ministros a hacer un consejo de ministros. Si vino a encerrarse a Toribío, era mejor que se hubiera quedado en Bogotá. Y si es cierto que el avión Tucano que se cayó en esa zona fue derribado por las Farc, sería la primera prueba de que las Farc tienen misiles tierra-aire, conseguidos ya sabemos dónde, lo cual significaría un punto de inflexión en la guerra. ¡Lamentable!

M.J.D.: ¿Insinúa que el presidente Chávez les habría facilitado esa arma tan potente?

F.L.: Esa es una frontera donde el negocio de la cocaína da para todos. Para las Farc, para los Rastrojos, las bacrim y para los militares venezolanos. Según la DEA, cerca de 300 toneladas métricas se exportan anualmente por esta frontera.

M.J.D.: En una entrevista en ‘El Nuevo Siglo’ usted ha señalado a dos personas como posibles candidatos presidenciales: Marta Lucía Ramírez y Óscar Iván Zuluaga. ¿No le faltan más nombres?

F.L.: El del exgobernador de Antioquia, Luis Alfredo Ramos.

M.J.D.: ¿El que hoy es blanco de unas serias denuncias de corrupción por parte del gobernador Fajardo?

F.L.: Denuncias que son totalmente injustas, porque son todas mentiras.

 
M.J.D.: ¿Y las investigaciones de la Contraloría por irregularidades en la contratación también lo son?

F.L.: En La hora de la verdad entrevisté a la contralora departamental y quedó claro que en esos contratos no hubo sobrecostos, porque no es lo mismo un kilo de cemento en Medellín que en Carmen de Viboral.

M.J.D.: ¿Y no será que el verdadero candidato va a ser el procurador Ordóñez?

F.L.: No se equivoque: él está dedicado a su campaña por su reelección.

M.J.D.: ¿Será que lo terna el presidente Santos?

F.L.: Pues se lo tiene prometido, a no ser que haya otros candidatos a quienes les haya dicho lo mismo. Pero si el presidente no lo terna, lo hace la Corte Suprema de Justicia o el Consejo de Estado.

M.J.D.: Ustedes critican a Santos porque es un derrochador. Pero, ¿los cheques de Familias en Acción que repartía en los consejos comunales?

F.L.: A ver: cuando empezó el crecimiento de Familias en Acción había con qué, había margen fiscal. Eso se acabó.

M.J.D.: ¿Y qué van a hacer con La U?

F.L.: La U no sirve. ¿Acaso uno con Roy Barreras puede hacer uribismo? Pero deje que los de La U vayan a las provincias a recoger votos a ver si lo van a poder hacer a nombre de Santos.

M.J.D.: Veo que no cree que Santos se pueda reelegir.

F.L.: No va a tener con qué, ni remotamente. Lo peor está por venir
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