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| 2/26/1996 12:00:00 AM

EL PRESIDENTE TIENE LA PALABRA

El Gobierno de Ernesto Samper ha dejado de ser viable. Esto significa que los hechos recientes han llegado a debilitarlo a tal punto que ha perdido gran parte de su credibilidad. Ante la clase dirigente esta pérdida es casi total. A un le queda un apoyo popular nada insignificante, pero sin clase dirigente es muy dificil gobernar. El tiro de gracia se lo dio Fernando Botero. Precisamente por pertenecer a esa clase.
La trinchera que rodeaba al Presidente hasta el lunes de la semana pasada tenia como unica defensa el que todos los que denunciaban formaban parte de unas fuerzas oscuras narcos, conspiradores y opositores que querían desturir el gobierno del SAlto Social. Para el circulo del primer mandatario, Santiago Medina y María Izquierdo podían caber dentro de esta categoria. Fernando Botero no. Tras la confesión del exministro de Defensa, los que aún respaldaban a Samper con la convicción de que una csa era que el dinero hubiera ingresado a la campaña y otra cosa era que el Presidente supiera, se quedaron sin argumento.
Fernando Botero asumió riesgos enormes y contribuyó a definir un asunto que tenía que ser definido. Pero no se dio la pela entera. Por esa razón su confesión dejó un sabor agridulce. Para muchos minimizó su responsabilidad y maximizó su arrepentimiento.
Sin embargo, estas son consideraciones estratégicas marginales frente a la dimensión de los resultados obtenidos. Logró convencer en forma categórica a la mayoría de colombianos de que el primer mandatario 'sí sabía". Quedó desvirtuado lo que hasta ese momento muchos creían: que Fernando Botero había recibido aportes del cartel de Cali para elegir a Ernesto Samper sin el conocimiento de éste.
Que el Presidente "sí sabía" es considerado como un pecado venial en muchos sectores. Por esa razón todas las manifestaciones de protesta populares contra el gobierno han sido relativamente insignificantes. Tanto las de apoyo como las en contra. Por esto es que en este proceso no ha habido ni probablemente habrá multitudes enardecidas, ni paros sindicales, ni enfrentamientos entre policías y estudiantes, ni buses incendiados. En estos sectores el sentimiento no es que Samper sea inocente, sino como le dijo él mismo a María Isabel Rueda: "El narcotráfico no me lo inventé yo ".
Sin embargo, para el establecimiento el "sí sabía" fue mortal. Y es allí donde se definen los negocios, donde se escogen los ministros, donde se pronuncian los gremios, donde se aceptan las embajadas y donde se manejan los medios de comunicación. Por cuenta de la falta de credibilidad de estos sectores en el gobierno es que el país ha llegado a un punto muerto.
Nadie quiere que esta situación se prolongue, pues existe un temor de que los costos, que hasta ahora no han sido altos, puedan incrementarse en la medida que el tiempo pase. De otra parte, casi nadie cree que sea posible retornar a algún tipo de normalidad que le permita al Presidente llegar hasta el 7 de agosto de 1998. Por esto, en la búsqueda del empujón final, tanto malintencionados como bien intencionados le han dado rueda suelta a una escalada antisamperista de una ferocidad sin antecedentes. Los excesos de esta campaña han hecho que el jefe del Estado, lesionado en su dignidad personal, se radicalive a su turno y recurra a lo que sus críticos consideran una amenaza de lucha de clases para defenderse. De la polarización de estas dos posiciones no saldrá una solución.

¿CUAL ES LA REALIDAD?
La campaña de Ernesto Samper fue financiada en forma muy sustancial por el cartel de Cali. Esto se trató de ocultar desde el alto gobierno, pero gradualmente la verdad ha ido saliendo a flote, involucrando cada vez más a funcionarios de alto rango, hasta llegar a la denuncia de Fernando Botero contra el Presidente de la República. La conclusión inevitable de lo sucedido es que el primer mandatario no es aún responsable de esos hechos en términos judiciales pero sí en términos políticos.
La responsabilidad política es uno de los principios fundamentales de la democracia. Ante la gravedad de ciertos hechos no se puede limitár la responsabilidad a un nivel subalterno. El jefe tiene que asumir el costo político. Es así como a principios de los años 70 el jefe del gobierno alemán, Willy Brandt, renunció a su cargo cuando se reveló que su secretario privado era un espía de la Alemania comunista. Nadie sospechó que Brandt tuviera el menor conocimiento de esto cuando lo nombró. Pero teniendo en cuenta que el conflicto Este-Oeste era el tema más importante de la política del país en ese momento, el primer ministro consideró que su obligación era renunciar.
Algo similar ocurrió en la Unión Soviética en 1982. Un audaz estudiante alemán voló desde su país hasta Moscú en una avioneta que aterrizó finalmente en la Plaza Roja. Al día siguiente el ministro de Defensa soviético, Sergei Sokolov, quien era la cabeza del ejército más grande del mundo, renunció. Nunca pretendieron que él estuviera manejando los radares que fueron burlados. Simplemente consideraron que, siendo la seguridad externa la gran prioridad de la Unión Soviética, el responsable de ese oso monumental no podia permanecer en su carga.
El problema central de Colombia en 1994 era el narcotráfico. Acababa de terminar una guerra de 10 años contra Pablo Escobar y el cartel de Medellín en la cual el Estado, después de muchos muertos ilustres y anónimos,logró una victoria. El país, que en el pasado había sido tolerante frente a la convivencia con el narcotráfico, se indignó ante el descubrimiento de que esa cercania nunca habia sido más grande que en la campaña presidencial de 1994. Este es un hecho gravisimo del cual la responsabilidad penal tendrá que ser determinada por la Fiscalía y la responsabilidad politica recae sobre Ernesto Samper.
La gravedad de la situaci6n anterior y el intento del gobierno de taparla hizo que se alinearan contra el Presidente una serie de fuerzas aisladas que nunca lo dejaron gobernar. La indignación original con el transcurso del tiempo desembocó en una confluencia de intereses políticos, económicos y periodísticos, que aunque desordena- da se convirtió en un verdadero bloque de oposición.
En la confrontación de éste con el gobierno se cometieron toda clase de excesos. Tal vez en forma inevitable, por tratarse de un juicio presidencial, el proceso se politizó desde el principio. La reserva del sumario nunca existió. La vida pública y privada de Samper y su señora fueron objeto de toda suerte de exageraciones y calumnias, muchas de las cuales llegaron a aparecer en medios de comunicación. No hubo aspirante presidencial que no pescara en río revuelto. Existen pocos antecedentes en la historia de Colombia de una campaña contra un presidente de esta magnitud.
El país se polarizó en forma radical entre defensores y opositores del gobierno. Cada uno de estos bandos tenía su propia verdad. Y para definir la situación algunos enemigos de Ernesto Samper han procedido a dar golpes más bajos que los anteriores. Por cuenta de una serie de hechos circunstanciales, comprensibles para un jefe político que se desenvuelve en la Colombia de los últimos 15 años, le están acomodando una hoja de vida digna de cualquier Rodriguez Gacha. Se está tratando de crear la impresión de que el Presidente de Colombia tenia una vida secreta que en este momento ha sido descubierta. Esto, más que una ficción, es una injusticia. Ernesto Samper, el protagonista del escándalo de narcipolitica más grande de America Latina, ni tiene ni ha tenido nunca patrimonio económico personal de ninguna clase.
Pero de esas dos verda- des, la de la injusticia personal y la de la responsabilidad politica, una tiene jerarquia sobre la otra. Es menos grave que se hubieran cometido excesos contra el Presidente de la República, a que el Presidente de la República haya sido elegido con el dinero de la mafia. Y si bien este vergonzoso episodio habria sido manejable politicamente si el escándalo se hubiera tapado, al hacerse público ante los colombianos y el mundo entero se ha creado una situación insostenible.
La definición de ésta se encuentra en manos del primer mandatario. El no es el demagogo que piensa llevar al país a una guerra civil enfrentando a los ricos contra los pobres Tampoco es el lider irresponsable que piensa desafiar a Estados Unidos en la batalla de la certificación. Ni es el politico enceguecido dispuesto a arruinar a todo el pais para mantenerse en el poder. Es simplemente un hombre bien intencionado a quien le fue muy mal. Queria implantar unos programas sociales en Colombia, pero el escándalo con que nació su administración nunca le permitió tener esa oportunidad. Es un hombre tolerante que jamás ha recurrido a la arbitrariedad frente a sus criticos. Es igualmente una persona herida en su dionidad personal. Ha sido precisamente esa dignidad la que se ha visto a lo largo de toda su defensa en este melancólico capitulo de su vida. Y todos los que quieren que Ernesto Samper abandone la Casa de Nariño no lo van a lograr mientras no le reconozcan esa dignidad.
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