Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2009/08/15 00:00

"El primer cuatrienio de Uribe fue mejor"

Entrevista con el precandidato liberal Alfonso López Caballero

“El presidente consiguió que la opinión pública, antes pasiva frente a la guerra, la asumiera como propia y rodeara con vehemencia a las fuerzas armadas”

Semana: Usted ha sido descrito como un liberal uribista enemigo de la reelección. ¿Comparte esta apreciación?

Alfonso López Caballero: Con algunos matices. Soy liberal, amigo de Uribe y definitivamente antirreeleccionista.

Semana: Si es tan definitivamente antirreeleccionista, ¿qué tiene que decir del hecho de que su papá también hubiera tratado de reelegirse?

A.L.C.: Una cosa es buscar la reelección dentro del marco jurídico existente y otra cambiar la Constitución para hacerlo. A él, que buscó una vez la reelección, y a Carlos Lleras, que lo intentó dos veces, no se les habría ocurrido cambiar la Constitución para hacerse reelegir. En esa época la reelección no sucesiva estaba permitida.

Semana: ¿Y esa modalidad le parece aceptable?

A.L.C.: A mí la reelección en principio no me gusta, No me gusta ni la sucesiva, ni la no sucesiva, ni la de Álvaro Uribe, ni la de mi padre. En un país donde el poder ejecutivo es tan desproporcionado frente a los otros poderes, la posibilidad de reelegirse desinstitucionaliza el Estado y desequilibra aun más nuestro frágil sistema de pesos y contrapesos.

Semana: ¿Cómo calificaría usted el gobierno de Álvaro Uribe?

A.L.C.: Considero que el primer período del presidente Uribe fue uno de los mejores cuatrienios de cualquier presidente en la historia contemporánea. Pero que el segundo, por concentrar tantos esfuerzos en cambiar la Constitución para hacerse reelegir, ha sido inferior a lo que pudo haber sido.

Semana: ¿Qué es lo que más le gusta del gobierno de Uribe?

A.L.C.: Antes de este gobierno el conflicto interno era visto como un mano a mano entre el Ejército y la guerrilla, y los colombianos se consideraban espectadores. Uribe consiguió que la opinión pública se sintiera comprometida y que rodeara con vehemencia a las Fuerzas Armadas, que hoy tienen la moral en alto y sienten un apoyo de la ciudadanía que nunca habían sentido. Las tropas dependen del calibre de sus generales y el presidente Uribe ha sido, sin duda, un gran general.

Semana: ¿Usted cree entonces que las Farc están prácticamente derrotadas?

A.L.C.: Todavía no. Las Farc están arrinconadas en las selvas, pero no derrotadas. Por cuenta de los éxitos militares de este gobierno han tenido que cambiar su estrategia y retroceder en el campo militar a emboscadas de pequeñas patrullas aisladas.

Semana: ¿Por qué?

A.L.C.: Antes de que llegaran los helicópteros Blackhawk del Plan Colombia la guerrilla podía movilizar contingentes de 1.000 o más hombres y atacar poblaciones y bases militares. Con los viejos helicópteros de carga que tenía el Ejército, las tropas no podían llegar al lugar de la batalla y debían desembarcar antes. Esto le permitía a la guerrilla emboscarlos y a veces permanecer hasta 24 horas en la zona de combate antes de que llegara el Ejército. Ahora se puede llegar en menos de dos horas.

Semana: ¿Usted cree que la guerrilla puede llegar a recuperarse?

A.L.C.: Después de 50 años de un conflicto como el colombiano uno nunca puede cantar victoria por adelantado. A mí me preocupa que se ha confirmado que la guerrilla está tratando de adquirir cohetes tierra aire rusos de última generación, que son capaces de tumbar un helicóptero o un avión en pleno vuelo y el día que eso suceda, el impacto será enorme.

Semana: ¿Será posible que unos cohetes cambien el rumbo de la guerra?

A.L.C.: Fue lo que ocurrió en Afganistán, que militarmente era un país insignificante. La invasión del Ejército soviético fue derrotada porque los mujadines consiguieron misiles tierra aire denominados Stingers que les proporcionaba la CIA, y neutralizaron los helicópteros y aviones rusos.

Semana: Hablando de helicópteros artillados, la Operación 'Fénix' que dio de baja a 'Raúl Reyes' creó los problemas que la región está viviendo. ¿Cree que se justificó?

A.L.C.: Para mí, se trató de un caso excepcional. En principio no soy partidario de la teoría de que el fin justifica los medios y no creo que un Estado deba asumirla. Violar la soberanía de un país vecino es un asunto gravísimo y estamos viviendo las consecuencias.

Semana: Pero hay que reconocer que aun teniendo usted razón, la muerte de 'Raúl Reyes' fue el punto de quiebre en la guerra.

A.L.C.: El punto de quiebre en la guerra no la produjo la muerte de 'Raúl Reyes' sino el hallazgo de su computador. Sin esa información, Colombia no tendría un buen argumento para justificar ese operativo.

Semana: Pero, independientemente de los argumentos, el hecho es que, según Chávez, soplan vientos de guerra. ¿Cómo cree que se puede desactivar esa bomba de tiempo?

A.L.C.: Me parece un gran error decir que ese tipo de acciones militares preventivas es política oficial del Estado colombiano. Hay que decir exactamente lo contrario: que se trató de un caso excepcional, que no volverá a suceder y que la información del computador de 'Reyes' debe ser utilizada para involucrar a toda la región en la solución del problema.

Semana: Eso es exactamente lo contrario de lo que ha pregonado Juan Manuel Santos, quien, según las encuestas, es el puntero en la carrera presidencial.

A.L.C.: Juan Manuel Santos es víctima de su propio éxito. La operación contra 'Raúl Reyes', en términos militares, fue impecable. Pero haber reclamado el triunfo en términos personales lo convirtió en enemigo personal del gobierno ecuatoriano. Y en cuanto a Venezuela, tuvo un gran acierto político al haber sido el primero en anticipar lo que iba a suceder con Chávez. Pero ahí también reclamó esto en forma tan insistente y mediática, que se convirtió en enemigo personal del gobierno venezolano.

Semana: ¿Y usted no cree que los colombianos admiran esa firmeza frente a vecinos bastante complicados y de pronto peligrosos?

A.L.C.: Muchos se impresionan con lo que llaman "tener pantalones". Sin embargo, no se puede minimizar las implicaciones comerciales y diplomáticas de que los dos socios naturales del país consideren un posible presidente de Colombia como un enemigo personal.

Semana: Hablemos ahora un poco de economía. Después de casi una década de muy buenos resultados de este gobierno, la recesión mundial finalmente golpeó duro a la economía colombiana. ¿Cuál sería su propuesta para volver a las vacas gordas?

A.L.C.: El mundo está totalmente globalizado. Los siete años de crecimiento que vivimos no son resultado de la genialidad de los ministros de este gobierno, sino de que China e India se convirtieron en potencias económicas mundiales, al crecer a tasas del 10 por ciento anual o más en los últimos años. Esto produjo un aumento en la demanda mundial de materias primas que hizo que prácticamente el planeta entero tuviera una época de crecimiento y de bonanza. La cifra de crecimiento de Colombia está más dentro del promedio de la región que a la cabeza. Y ahora la quiebra del sistema financiero americano se tradujo en una recesión mundial que ha hecho disminuir el consumo en nuestros principales mercados y, en consecuencia ha producido la caída de nuestras exportaciones, que es la causa del problema actual.

Semana: Pero no ha contestado usted qué es lo que haría en esta circunstancia.

A.LC.: Lo más importante es desarrollar una política fiscal anticíclica para compensar con un aumento del gasto público la caída del sector externo haciendo énfasis en las actividades que requieren más mano de obra, como el sector de construcción de vivienda social y el de construcción de infraestructura. El problema es que con el déficit fiscal aproximándose al 4 por ciento del PIB, hay un escaso margen de maniobra y se corre el riesgo de que se produzcan presiones inflacionarias.

Semana: ¿Qué expectativas tiene usted del gobierno de Obama? ¿Qué explicación le da usted al desplome que ha tenido en las encuestas?

A.L.C.: A mí me gusta Obama y su llegada fue un cambio históricamente necesario después del gobierno de Bush. Pero él es más de izquierda de lo que es Estados Unidos. Y en sectores de derecha, que en ese país son muy poderosos, se comienza a creer que por tratar de quedar bien con todo el mundo está siendo poco firme con los enemigos. Proporciones guardadas, le puede estar comenzando a pasar lo que a Gorbachev. Es el estadista más popular del mundo porque acabó con el comunismo. Pero en la ex Unión Soviética es enormemente impopular por ser considerado el hombre que acabó con el imperio. Esta percepción es, obviamente, sesgada, pero la tienen sectores reaccionarios norteamericanos.

Semana: Hablemos de política electoral. Usted no está en el radar de la mayoría de los colombianos. ¿Qué sentido tiene una candidatura sin perspectivas de triunfo?

A.L.C.: Eso no es así. La consulta es como un reinado de belleza. Uno es la señorita Nariño o Señorita San Andrés y no le paran muchas bolas. Pero la que triunfa en el concurso y se convierte en la Señorita Colombia, al día siguiente es candidata a Miss Universo. Eso le va a suceder al precandidato liberal que gane la consulta interna.

Semana: Muchos dan por hecho que ese candidato será Rafael Pardo.

A.L.C.: Yo lo que doy por hecho es que ningún precandidato liberal tiene mucha fuerza. Pardo tiene un liderazgo, pero con unas encuestas que sólo le dan entre el 25 por ciento y el 30 por ciento del apoyo del partido. Por esta misma época en elecciones anteriores, candidatos como Serpa tenían el 70 por ciento. Esa cifra sí define una candidatura. Pero el 27 ó el 28 por ciento, después de una campaña de varios años con presencia permanente en los medios masivos de comunicación y con el apoyo del jefe y de la maquinaria del partido, no da para destapar champaña. Más bien me parecería que esa candidatura tocó techo.

Semana: ¿Está usted criticando a César Gaviria?

A.L.C.: El problema de Gaviria no es lo que pensamos los precandidatos, sino la forma en que ha manejado el otorgamiento de los avales, que son requeridos para que una persona sea candidata a nombre de un partido. Como se los ha otorgado exclusivamente los recomendados de sus amigos parlamentarios, ha tenido que negárselos a sectores tradicionales del liberalismo que están fuera del Congreso. Estos en consecuencia se han alejado de la dirección del partido. Es el caso, por ejemplo, del gobernador del Cauca Guillermo Alberto González, Amylkar Acosta en La Guajira y Ali Dalel en el Casanare. Mientras no se reforme el sistema de avales, no se podrá reagrupar a todas las vertientes del partido que hoy están atomizadas.

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