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| 9/20/2014 12:00:00 AM

El pulso que se vive en la cúpula de los gremios

El relevo en la vocería del Consejo Gremial, que se dará en unas semanas, ha calentado el ambiente en esta organización empresarial. ¿Cómo están las fuerzas?

En el pasado, los cambios en la cabeza del Consejo Gremial Nacional (CGN) no generaban ruido, ni despertaban mucha atención, pues se veían como un asunto de trámite interno de este organismo. Ahora, cuando se aproxima un nuevo relevo en la vocería del Consejo, el proceso ha cobrado un inusitado interés.

Hay varias razones que explican por qué el tema ha saltado a escena y por qué detrás de esta elección hay más que un simple relevo.

Primero, tiene que ver con las tensiones que existen en el Consejo Gremial, agudizadas por la polarización política que vivió el país con la pasada campaña a la Presidencia de la República. Segundo, con el hecho de que hay demasiados intereses sectoriales e incluso personales enfrentados entre sí, que si bien en el pasado han sido manejables, ahora parecen salir a flote con mucha más fuerza. Otro motivo tiene que ver con las nuevas reglas del juego del CGN, lo que hará que a partir de ahora se elimine la reelección del presidente y se limite su periodo a un año.

En cuanto al primer punto, no es un secreto que la pasada contienda electoral dividió al empresariado colombiano, como al resto del país. Algunos dirigentes gremiales tomaron partido abiertamente, como hacía mucho tiempo no se veía, por alguno de los dos candidatos que se enfrentaban y en varias ocasiones lo hicieron de una manera muy radical. Esto ha hecho que el ingrediente político haya tomado un asiento en el CGN y comenzado a generar discordias y calentar el ambiente.

Las posiciones políticas han dificultado las decisiones. Cuando se posesionó Juan Manuel Santos en agosto pasado el Consejo Gremial, integrado por 21 miembros de varios sectores de la economía, no logró ponerse de acuerdo para emitir un mensaje común. Un documento que llegó a surgir a nombre de todos recibió el veto de algunos dirigentes y no consiguió ver la luz como declaración unificada.

Otra muestra de cómo la polarización política terminó afectando a los gremios es el incidente ocurrido hace dos semanas con Guillermo Botero de Fenalco. La ausencia del presidente de la República en el congreso de los comerciantes en Ibagué y el relevo de Botero de la junta directiva de la Cámara de Comercio de Bogotá, se prestaron para toda clase de lecturas dentro y fuera del CGN.

Algunos lo interpretaron como una revancha del alto gobierno con el presidente de Fenalco por su posición política durante la campaña, cuando expresó su apoyo al candidato Óscar Iván Zuluaga y criticó el proceso de paz. Otros creen que esto estaba cantado y que era obvio que Botero, al no estar de acuerdo con el gobierno, no debía representarlo en ninguna junta y que él mismo debió apartarse. Ahora bien, al gobierno le molestó que Botero insinuara que Santos no instaló su congreso en Ibagué como una especie de cobro político a los tolimenses por las votaciones de la pasada campaña electoral. En realidad esto no es así. El director de la Cámara de Comercio de Ibagué, Silverio Gómez, dice que la región no siente que haya hostilidad del presidente ni del gobierno hacia ellos.

El asunto es que en el Consejo Gremial hay tres corrientes. Un grupo claramente opositor al gobierno; otro bloque que se siente identificado con la Casa de Nariño, y otro que se muestra más neutral pues piensa que los dirigentes gremiales no deben jugar en la política partidista porque representan intereses colectivos.

Pero además de las posiciones políticas, hay otras tensiones motivadas por diferencias personales y sectoriales entre los miembros del CGN. En el desarrollo de la actividad gremial, muchas veces rivalizan las posiciones de los comerciantes con la de los industriales; la de los banqueros con la de los comerciantes; la de los industriales con la de los empresarios del campo; o se contraponen los intereses de los algodoneros con los textileros; los cultivadores de cebada con los cerveceros; los ganaderos con los agricultores; los importadores con los exportadores, solo para mencionar unos casos de la realidad que se vive a diario en una economía.

Ahora bien, en un grupo tan heterogéneo como este, es natural que se puedan presentar choques pues hay personalidades diferentes, estilos de liderazgo y concepción de lo que debe ser el Consejo Gremial. Esto no es nuevo. En el pasado, algunos dirigentes no volvieron al Consejo por discrepancias con sus colegas. Pero esto puede minar la unión esencial en este tipo de organizaciones. No es un secreto que hoy existen rivalidades entre algunos dirigentes gremiales y que se han ido ahondando.

Algo que revela que falta cohesión en el Consejo es el tema tributario, actualmente sobre el tapete. Si bien, en forma individual, todos los dirigentes gremiales critican la reforma y en especial el impuesto al patrimonio –aunque no todos lo digan públicamente– , no se ha producido una declaración del CGN. Aunque este es uno de los temas transversales sobre los que usualmente hay consenso en el Consejo, ahora cada uno parece remar por su lado. Algunos opinan que hacen más ruido si los 21 dirigentes se pronuncian por separado; otros creen que es más fuerte un pronunciamiento del Consejo Gremial y hay quienes consideran que hay que combinar las dos estrategias.

En este contexto, en un mes se realizará el relevo en la presidencia, que hoy está en cabeza de Rafael Mejía, de la SAC y en la vicepresidencia de Sandra Forero de Camacol.

Las nuevas reglas del juego señalan que el presidente y el vicepresidente del Consejo Gremial Nacional serán elegidos con el voto favorable del 70 por ciento de los presidentes de los gremios miembros. En el evento en el que no se obtenga este porcentaje, se procederá inmediatamente a una segunda votación en la cual la decisión se tomará con la mayoría simple de los votos presentes. En cualquier caso la votación será secreta. Los dos dignatarios deberán pertenecer a sectores empresariales distintos.

En el pasado el presidente del CGN se escogía por consenso, pero pocos estaban dispuestos a tomar el timón. Luis Carlos Villegas, expresidente de la Andi, estuvo por diez años entre 2002 y 2012. Ahora varios dirigentes están dispuestos a hacer campaña. El hecho de que sea por un año ha despertado el interés porque permitirá la rotación.

Pero ¿quién es el candidato ideal? Consultados varios dirigentes se concluye que quieren a alguien equidistante entre el gobierno y la oposición. Con conocimiento y capacidad para manejar la agenda pública más allá de los temas sectoriales. Y con liderazgo y que no tenga conflictos pendientes ni con sus colegas del Consejo, ni con el gobierno.

Superada la elección del nuevo vocero, al Consejo Gremial le espera un gran debate interno. Hay quienes se preguntan si esta institución debería existir o si solo debería dedicarse a fijar posiciones en temas excepcionales y dejar que cada gremio asuma la vocería en los temas que le competen. Dada la amplitud de intereses que toman asiento en el Consejo Gremial, los acuerdos por consenso son necesarios para que haya pronunciamientos que comprometan la voz del empresariado en su conjunto. Sin embargo, cada vez llegar a esto es más difícil.

Lo cierto es que este es un momento oportuno para la reflexión sobre el papel del Consejo Gremial Nacional. Está cumpliendo 20 años y en estas dos décadas se ha convertido en el gremio cúpula más representativo del sector privado. Puede decirse que cuando se reúne en pleno está representado casi todo el PIB de Colombia. Aunque ha cumplido un papel muy significativo en la agenda económica nacional y ha contribuido al desarrollo institucional y a la estabilidad del país, hay muchas cosas que con los tiempos han cambiado y a lo mejor es necesario revaluar.
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