Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2005/07/03 00:00

El Quijote

Para Rafael Pardo, el camino hacia la Presidencia va a ser largo y difícil. Su mejor arma es que se sintoniza con las sensibilidades del voto de opinión.

Muchos creen que Pardo cometió un error estratégico al pasarse del uribismo al Partido Liberal. Pero él cree que su programa tiene mejores posibilidades si se promueve desde un partido fortalecido.

Rafael Pardo y Andrés González están en la consulta liberal, y el ex alcalde Enrique Peñalosa deshoja la margarita para decidir si se queda o se sale. Un cuadro, que en general, refleja los vientos de cambio producidos por los nuevos estatutos y la elección de César Gaviria como director nacional. Hace muy poco estos nombres -que comparten el escenario con los más predecibles de Cecilia López, Horacio Serpa y Rodrigo Rivera- eran considerados representantes de una nueva política que sólo podría crecer en territorios externos a los de los partidos tradicionales. Y sobre todo del liberal que, envuelto en graves escándalos de corrupción, perdió en las últimas dos elecciones el carácter mayoritario que había conservado durante más de medio siglo.

Para regresar al liberalismo oficialista, Rafael Pardo hizo una voltereta que ha suscitado críticas. De representante puro del uribismo -bajo cuya sombra alcanzó 72.000 votos para el Senado en 2002- a uno de sus más severos contradictores. Los cuestionamientos no sólo le han llovido por la supuesta incoherencia, sino por el posible error estratégico: se fue en momentos en que las encuestas indican que la reelección del Presidente es muy probable. Y Pardo, quien como senador votó a favor de la reforma que permite la reelección, habría sido un influyente lugarteniente de segunda línea del uribismo. Con posibilidades de convertirse en opción de relevo a mediano plazo.

Pero hubo tres razones que llevaron al frío y reflexivo precandidato a tomar la decisión de competir contra (y no con) Uribe. En diálogo con SEMANA, Pardo las resumió así: "El congreso liberal, que demostró vocación de supervivencia e intenciones de cambio; la jefatura de Gaviria, y el acuerdo para elegir el candidato mediante una consulta". Otra más, evidente por sus acciones en el Senado durante los últimos 18 meses, fue el desacuerdo con el gobierno Uribe sobre la política frente al paramilitarismo. Pardo tiene autoridad en el tema, por su hoja de vida, con lo cual sus vehementes críticas contra las propuestas gubernamentales de 'Justicia y Paz' causaron un profundo dolor en el Palacio de Nariño y produjeron un alejamiento imposible de zanjar.

¿Qué significa la precandidatura de Rafael Pardo? Fortalece la posibilidad de que con la llegada de Gaviria -en cuyo gobierno Pardo fue ministro-, el Partido Liberal busque un auténtico cambio de rumbo. Ese es, incluso, su principal desafío. Dejar el uribismo para perderse en un partido igual al de los últimos 10 años, pondría en tela de juicio la carrera política del senador. Desde el punto de vista ideológico, Pardo es uno de los pocos gaviristas que se sienten cómodos con la bandera, recientemente enarbolada, de la socialdemocracia.

Según le dijo a SEMANA, su propuesta girará en torno a tres temas: Seguridad, crecimiento económico y lucha contra la pobreza. En el primero de ellos -el tema de Uribe, pero también de Pardo- "hay que construir un esquema de seguridad más allá del actual". La idea es concentrarse en la inseguridad urbana, construir una guardia nacional, consolidar lo logrado en el sector rural, y enfrentar problemas -como las pandillas de las grandes ciudades- que no se solucionan con policía. Considera que se pueden obtener recursos para estos programas con una sobretasa al teléfono y subir la tasa al impuesto predial, que debe ser más baja en las ciudades que en los campos, donde se ha valorizado el valor de la propiedad con las mejoras en la seguridad.

En las otras dos propuestas, crecimiento y pobreza, Rafael Pardo va a proponer convertirlas en un propósito prioritario, y no dejarlas al vaivén de las fuerzas económicas, ni permitir que queden relegadas a un segundo plano por la atención a la seguridad. Cree que es realista reorientar subsidios, rediseñar programas en vivienda y expandir planes como el de Lucho Garzón contra el hambre, para exterminar la pobreza extrema que afecta al 5 por ciento de la población colombiana.

Frente a un gigante de las encuestas, como Álvaro Uribe, Pardo se ve como un Quijote. No faltan quienes consideran que su participación en la consulta busca un posicionamiento para el futuro. El precandidato, sin embargo, le concede un gran valor a lo que significa hacer parte de una organización partidista sólida. A diferencia de Uribe, el candidato oficial del liberalismo podrá comprometerse con propuestas de largo plazo, y ofrecer gobernabilidad si logra una amplia representación en el Congreso, que es el primer objetivo que se ha fijado César Gaviria. Formar parte de un proyecto colectivo puede convertir en competitivo a quien enfrente a Uribe.

Antes de plantear sus posibilidades en la pelea de fondo, Pardo tendrá que enfrentar a los competidores en la consulta. Serpa y Peñalosa, en el punto de partida, le llevan una gran ventaja en las encuestas. Cecilia López le disputa la camiseta del más serio en materia programática. Rivera le ha cogido una enorme distancia en apoyos parlamentarios. Y Andrés González (ver recuadro) ha tenido más experiencia en la arena política. Pardo sólo ha hecho una campaña electoral y no cuenta con una red de apoyo en el nivel nacional. No tiene congresistas, aunque Luis Fernando Velasco seguramente acabará en su campaña.

El camino hacia la Presidencia, para Rafael Pardo, tiene muchas etapas: ganarle a Peñalosa la investidura de retador de Serpa; disputarle a este último la base liberal, y derrotar a un Uribe que no se va a dejar destronar fácilmente. "El primer esfuerzo de la campaña se debe dirigir a aumentar el nivel de conocimiento de manera tal que haga viable su candidatura", según el publicista Germán Medina. Su principal activo es la imagen de un estadista, con experiencia y con visión. Pardo tiene un perfil que se ajusta a las sensibilidades del voto de opinión. Y es el precandidato más cercano a Lucho Garzón, dueño de la plaza donde ese tipo de votantes es más numeroso.

Para coronar, en síntesis, Pardo tendrá que lograr una hazaña semejante a la de su antiguo jefe, Uribe, quien a estas alturas de la campaña pasada seguía en el famoso 2 por ciento. Pero eso, en 2006 y con reelección, es más difícil que en 2002. Es una auténtica quijotada.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.