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| 6/2/2012 12:00:00 AM

El regreso de Angelino

Luego del fracaso de la candidatura a la OIT, el vicepresidente vuelve recargado. ¿Qué va a pasar con él?

Perder es ganar un poco. Ese aforismo que tanto le han criticado a Francisco Maturana se ha convertido en la frase de batalla del gobierno colombiano para defender la derrota del vicepresidente Angelino Garzón en la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

El propio Garzón dijo que su candidatura había sido un "éxito". La canciller María Ángela Holguín anotó: "Creo que nos fue realmente bien". Y el presidente Juan Manuel Santos felicitó vía Twitter "por la excelente campaña" a la Cancillería y a Garzón. Al leer estas frases, cualquiera pensaría que ganó. Pero no.

El gobierno ha expuesto todo tipo de argumentos para tratar de convertir la derrota en un triunfo. Garzón, por ejemplo, aseguró: "Definimos quién es el nuevo director de la OIT", haciendo referencia a que los siete votos de Estados latinoamericanos que lo apoyaban luego fueron definitivos para la victoria del británico Guy Ryder. La canciller, por su parte, arguyó que la candidatura de Garzón responde a la política de "hacer presencia en el mundo".

Más allá de esos aportes, que de todas maneras deben ser tenidos en cuenta, la candidatura es considerada en varios sectores de opinión como un revés de la política exterior del gobierno. En primer lugar, porque no era el nombre de Angelino Garzón el que estaba en juego, sino el del vicepresidente de Colombia. No existe registro reciente de un país que haya puesto a un funcionario de ese nivel a competir por un puesto de un organismo internacional cuando apenas lleva un año en el cargo para el que fue elegido por voto popular. Jugarse esa carta era arriesgado. En segundo lugar, el resultado estuvo por debajo de las expectativas. En las últimas dos semanas el gobierno dejó trascender la versión de que Garzón tenía un 55 por ciento de posibilidades y con ello se generó la idea de que podía ganar. Esa expectativa creada hizo aún más sonora la derrota.

Y en tercer lugar, porque apostarle a esta candidatura dejó en el camino o en dificultades a otras que podían ser igualmente importantes. En la arena internacional cada voto es objeto de canje y los países no apoyan a otros por simple amistad. No se ganó el cupo en la Corte Penal Internacional con Eduardo Cifuentes y tampoco está garantizado el de Humberto Sierra Porto en la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Por no hablar de la polémica creada con la candidatura de José Antonio Ocampo a la presidencia del Banco Mundial, que Colombia no apoyó con el argumento de que tenía que concentrarse en la candidatura a la OIT.

Pero el hecho de que pueda interpretarse como un revés en política exterior no quiere decir que el gobierno de Juan Manuel Santos haya salido perdiendo. Por el contrario, logró con la candidatura de Garzón a la OIT mantener ocupado a su vicepresidente y de esa manera neutralizar a un personaje que venía convirtiéndose en una piedra en el zapato. Ahí sí cabe mejor lo de "perder es ganar un poco".

De todos los vicepresidentes elegidos en los últimos 20 años, cuando se introdujo la figura en la Constitución, ninguno puso en aprietos a su jefe o se enfrentó en público con los ministros del gabinete como Angelino Garzón. Lo de Humberto de la Calle, con el presidente Ernesto Samper, fue otro tipo de discrepancias.

En el caso de Garzón, apenas estaba prendiendo motores el gobierno cuando el vicepresidente sorprendió al decir a los medios que era "injusto" el aumento del 3 por ciento al salario mínimo anunciado por el gobierno. Luego criticó al ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, por un artículo del Plan de Desarrollo que aumentaba la edad de jubilación. Y después al del Interior, Germán Vargas, porque, según él, con la reforma a la Ley de Justicia y Paz se buscaba indultar a los paramilitares. Más allá de quién tenía la razón, si Angelino o los ministros, lo que más sorpresa causó fue que al gobierno, que había logrado armar una unidad nacional sin parangón en la historia reciente, le saliera el mayor crítico donde menos se lo esperaba.

Fue precisamente después de uno de esos encontrones Garzón-gobierno que nació la idea de la candidatura a la OIT. La gota que rebosó la copa cayó en septiembre del año pasado. Esa vez Angelino cuestionó la nueva metodología para medir la pobreza y puso en entredicho a los funcionarios a cargo. "Por ahí hay unos asesores que andan diciendo que quienes tienen ingresos por encima de 190.000 pesos ya no son pobres. Yo los invito a que nos vayamos a Corabastos y yo les regalo 790.000 pesos a ver si pueden hacer un mercado para cuatro personas que les alcance para un mes". Y en tono de burla agregó: "Habría que candidatizar a los asesores del gobierno para los premios Nobel de Economía y de Paz".

Pero no. Al que candidatizaron fue a él. No al Nobel sino a la OIT. El presidente Santos, primero, lo regañó con diplomacia: "La discusión es bienvenida. Pero el funcionario que quiera discrepar lo puede hacer al interior del gobierno. Si lo quiere hacer en público, tendría que retirarse". Y casi automáticamente se anunció la candidatura de Angelino Garzón a la OIT. El propio vicepresidente se encargó el jueves pasado, en rueda de prensa, de dejar claro quién fue el que lo lanzó a esa aventura. "El presidente Santos fue quien me planteó la candidatura. Yo le hice ver todas las dificultades, pero asumimos el reto", explicó.

El resultado de esa candidatura, en términos de política interna, fue que durante poco más de siete meses el vicepresidente estuvo dedicado a su campaña y se mantuvo mudo sobre los asuntos del país. Sobre todo en temas que para él habrían resultado un verdadero bocatto di cardinale como la reforma tributaria, que en principio iba a subir el IVA a artículos de la canasta familiar. Se perdió de darse un baño de popularidad con lo del TLC y, tal vez, poner sus banderillas sobre la nueva medición de pobreza y el debate pensional que fue también noticia en estos meses.

¿Qué va a hacer Angelino Garzón de regreso?

Tal vez el interrogante más grande es el de su eventual interés de aspirar a la Presidencia en 2014. El propio vicepresidente despejó dudas. "Yo seré fiel al mandato del pueblo y mi función como vicepresidente de la república va hasta el 7 de agosto de 2014", afirmó el jueves pasado. En rueda de prensa, Garzón también pidió a sus amigos personales (como Julio Roberto Gómez, quien insinuó su aspiración presidencial para 2014) así como a sus contradictores (como el senador Roy Barreras, quien afirmó que Angelino sería el candidato del expresidente Álvaro Uribe también para 2014), no entrar en el escenario de las especulaciones "que puedan ir en contravía del mandato popular".

Ese planteamiento, de mantenerse en el cargo hasta el final de su periodo, apunta a una de dos interpretaciones. La primera es que si Santos llega a buscar la reelección -como la mayoría cree-, Garzón estaría descartando su candidatura en la próxima contienda a la Presidencia, pues se lo prohíbe el artículo 204 de la Constitución que dice: "El vicepresidente podrá ser elegido presidente de la república para el periodo siguiente cuando el presidente en ejercicio no se presente como candidato". En caso de que Garzón quisiera aspirar, tendría que renunciar un año antes a la Vicepresidencia y allí vendría todo un debate jurídico sobre si quedaría o no inhabilitado. O la segunda interpretación de su compromiso de ir hasta el final es que Garzón esté allí esperando la eventualidad -para muchos improbable- de que Santos decida no lanzarse a la reelección.

En cualquiera de los dos escenarios, Garzón seguirá construyendo capital político desde la Vicepresidencia, como lo venía haciendo. Él es consciente de que allí se está jugando su cuarto de hora en política. Y por eso también advirtió que no regresa "mudo": "En este resto de tiempo estaré llamando la atención para que todas las políticas económicas, monetarias y fiscales que tome el gobierno tengan rostro humano".
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