Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1997/06/30 00:00

EL REGRESO DE FERNANDO LONDOÑO

El polémico abogado de Fernando Botero se enfrenta con Ecopetrol por la millonaria compra de parte de una empresa comercializadora de gas.

EL REGRESO DE FERNANDO LONDOÑO

Desde su ferviente defensa de Fernando Botero, Fernando Londoño Hoyos había desaparecido de la escena nacional. Sin embargo la semana pasada volvió con la misma fuerza que el país ya le conoce.
Esta vez se trata de un escándalo generado alrededor de la compra de un porcentaje de Invercolsa, una holding de compañías comercializadoras de gas. Detrás de este episodio está la pugna por el control de un negocio de inmensa rentabilidad por la gran importancia que tiene el gas para el futuro económico del país.
El principal socio de Invercolsa era Ecopetrol, con el 52 por ciento de las acciones, mientras que el segundo era el empresario cucuteño José Urbina con el 32 por ciento. Por mandato legal Ecopetrol, en su calidad de productor, tuvo que vender su participación en esta empresa comercializadora. Para el efecto realizó una operación por bolsa que se llevó a cabo a principios de mayo. En seguimiento de las normas que regulan los procesos de privatización, Ecopetrol puso en venta su participación en primera instancia al sector solidario y a los trabajadores y ex trabajadores de Invercolsa.
Aunque muchos esperaban que se tratara tan sólo del cumplimiento simbólico de un requisito, en esa primera oferta Londoño dio el gran golpe. Del 52 por ciento de Ecopetrol 20,66 puntos fueron vendidos. El Fondo Mutuo de Inversión de Confedegas y Enrique Vargas Ramírez, para ese momento presidente de Invercolsa, adquirieron 0,66 por ciento. El 20 por ciento restante fue comprado por Fernando Londoño, quien para participar en esta oferta presentó un certificado en que constaba que él había sido presidente de Invercolsa entre 1990 y 1995, argumentando que como tal debía considerarse como ex trabajador de la compañía.
Para los asesores laborales de la empresa estatal el carácter de ex trabajador reclamado por Fernando Londoño no era legítimo pues a él nunca se le había pagado sueldo sino honorarios, lo que significaba que no había prestaciones sociales de por medio. Basado en este argumento el presidente de Ecopetrol, Antonio Urdinola, dijo a SEMANA que "Fernando Londoño sí fue presidente de Invercolsa pero nunca tuvo la condición de trabajador, y por tanto su compra carece de fundamento legal". Expertos laboralistas, sin embargo, han señalado que la pretensión de Londoño no es absurda. Según ellos diversos fallos con similares características han determinado que cuando una compañía le retribuye a una persona un servicio personal por honorarios se podría decir que se trata de un trabajador de la misma.


Empieza el pulso
En medio de estas posiciones divididas se inició la disputa que sorprendió al país la semana pasada. En su calidad de nuevo accionista Londoño solicitó junto con otro socio de Invercolsa -con el que sumaban más del 25 por ciento de las acciones- al presidente de la empresa que convocara a una reunión extraordinaria de la asamblea general. Esta posibilidad era de extrema gravedad para Ecopetrol, pues su participación accionaria se había reducido a 30 por ciento tras la compra de Londoño, lo que significaba estar en desventaja en cualquier decisión crucial que se tomara en la asamblea. La reunión se convocó para el viernes 23 de mayo.
La reacción de Urdinola no se hizo esperar. Como Ecopetrol todavía controlaba la junta directiva de la empresa, cuya estructura se basaba en la anterior composición accionaria, citó a una reunión de la misma, la cual se llevó a cabo antes de la asamblea convocada por Vargas. Los temas de la junta eran la polémica transacción de Fernando Londoño y el aplazamiento de la asamblea solicitada por él, pues para Ecopetrol no convenía que ésta tuviera lugar hasta que no se aclarara la legalidad de la operación.
Cuando Londoño se enteró de ello viajó desde Nueva York para exponer sus argumentos a la junta y propuso conformar un tribunal de arbitramento para disipar cualquier duda. Urdinola planteó que sólo aceptaría esa figura si la asamblea era aplazada, pero Londoño no accedió. Entonces la junta, por instrucciones de Urdinola, destituyó a Vargas como presidente de Invercolsa por negarse a aplazar la asamblea, y nombró a Vivian Cock, funcionaria de Ecopetrol.
A pesar de los esfuerzos de Ecopetrol, al día siguiente se reunió la asamblea convocada por Vargas una semana atrás, sin la presencia de ningún representante de la empresa estatal, situación que no impedía la toma de cualquier decisión que requiriera mayoría. La asamblea nombró entonces una nueva junta directiva sin representantes de Ecopetrol, pues al no haber asistido a la asamblea la empresa estatal no propuso ningún candidato para la elección. Dicha junta se reunió al finalizar la asamblea y nombró como presidente de Invercolsa a Alvaro del Valle. De esta manera Ecopetrol había perdido el control de la sociedad.

Cuestión de mayorías
La situación para Ecopetrol es desastrosa. Al perder el control de Invercolsa se desplomó el valor de las acciones de la misma que aún conserva en su poder. Una cosa es vender el 52 por ciento de una empresa, y otra el 31,3 por ciento. Para no ir más lejos, algunos conocedores estiman que la operación le significó a Ecopetrol dejar de ganar alrededor de 10 millones de dólares.
Mientras tanto otros son los ganadores. Según expertos del sector consultados por SEMANA lo que está en juego en esta operación es el control de la compañía por parte de otro de sus accionistas. De acuerdo con ellos, José Urbina, propietario del 32 por ciento de Invercolsa, estaba interesado en que Londoño comprara el 20 por ciento para aliarse con él y así tener entre los dos el control de la compañía. A pesar de ser un socio minoritario, Urbina siempre ha tenido mucho juego en las decisiones de la empresa. Si Londoño no hubiera comprado el 20 por ciento, Ecopetrol habría puesto en venta al público el paquete del 52 por ciento. Este habría sido adquirido por un grupo económico o por una multinacional, lo cual habría dejado a Urbina en una posición más débil que la que tradicionalmente ha tenido frente a Ecopetrol.
La disputa ha adquirido un tono agrio. Londoño y Urdinola, que habían sido amigos durante 30 años, han llegado a hacer insinuaciones que tocan el terreno de lo personal. El presidente de Ecopetrol en declaraciones a SEMANA manifestó que Londoño debería dar a conocer a la opinión pública cómo consiguió el crédito para comprar las acciones. A esto Londoño responde que puede demostrar que para conseguir esos recursos no sólo pignoró las acciones sino también parte de su patrimonio. Por otra parte, Londoño ha sugerido que las objeciones de Urdinola a su negocio se deben a que tendría intereses en favorecer a un tercero facilitándole la venta del 52 por ciento que habría dado el control de la empresa.
Por el momento la Cámara de Comercio de Bogotá aceptó el jueves pasado la inscripción de la nueva junta, presidida por el mismo Fernando Londoño. Por su lado, Urdinola ha afirmado que está dispuesto a llegar hasta el Consejo de Estado en defensa de sus argumentos. Aunque Londoño se ha anotado el primer gol de un partido que promete ser largo e intenso, lo que está claro es que la última palabra saldrá de los estrados judiciales.

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