12 septiembre 2004

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El regreso de los Gilinski

negociosCon la compra del Banco Sudameris y de la cadena de cajeros automáticos Servibanca, padre e hijo vuelven a entrar con fuerza en la banca colombiana.

El regreso de los Gilinski. Los Gilinski, Isaac y su hijo Jaime, son reconocidos en el ambiente de los negocios por su capacidad de reacondicionar empresas bancarias y ponerlas a dar resultados. Vuelven al escenario de las finanzas nacionales con el interés de ganarse un lugar a "músculo", como dicen sus asesores cercanos. Ambos aparecen en esta imagen de hace 10 años.

Los Gilinski, Isaac y su hijo Jaime, son reconocidos en el ambiente de los negocios por su capacidad de reacondicionar empresas bancarias y ponerlas a dar resultados. Vuelven al escenario de las finanzas nacionales con el interés de ganarse un lugar a "músculo", como dicen sus asesores cercanos. Ambos aparecen en esta imagen de hace 10 años.

Isaac y su hijo Jaime Gilinski tienen la virtud de los buenos jugadores de póquer. Saben apostar duro cuando la mano promete y retirarse a tiempo cuando las cartas no son buenas. Apenas se confirmó la recuperación del sector financiero en Colombia y las perspectivas económicas del país mejoraron, re
gresaron al negocio bancario con dos golpes certeros. En septiembre de 2003 compraron el Banco Sudameris y la semana pasada se quedaron con el control de Servibanca, la segunda red de cajeros automáticos más grande del país.

Estas dos jugadas serían sólo el primer paso del regreso de los Gilinski. Aunque por ahora con la adquisición del Sudameris sólo tienen el 2 por ciento del mercado y con la compra de la mayoría accionaria de Servibanca ingresan al negocio de los servicios financieros, su interés es convertirse de nuevo en uno de los grandes jugadores de la banca en Colombia.

La historia de los Gilinski en el sector financiero comenzó en agosto de 1991, cuando adquirieron el Banco Andino, una entidad que en ese entonces perdía ocho millones de dólares mensuales. Lograron sacar adelante el banco para venderlo cuatro años después, en abril de 1995, al ecuatoriano Nicolás Landes. Según asesores cercanos a la familia, la razón de vender el Andino fue enfocarse en la consolidación del Banco de Colombia, que le habían comprado al Estado en febrero de 1994, y por el cual pagaron 375 millones de dólares, equivalentes a cerca del 70 por ciento de las acciones de la entidad.

Esta fue la operación que catapultó a los Gilinski, quienes de golpe se quedaron con el 11 por ciento de los activos del sector financiero. Apenas tres años más tarde, en agosto de 1997, vendieron el 51 por ciento de las acciones del Banco de Colombia al Banco Industrial Colombiano (BIC), propiedad del Sindicato Antioqueño, por 418 millones de dólares, en uno de los negocios más grandes de los últimos tiempos. Luego ambas entidades se fusionaron dando origen a Bancolombia. Al principio el trato parecía marchar sin problemas hasta que en 1999 los Gilinski decidieron demandar al Sindicato Antioqueño. Según ellos el nuevo banco -en el que mantenían una participación accionaria del 19 por ciento- tenía créditos por alrededor de 250.000 millones de pesos que el BIC había tomado antes de fusionarse justamente para comprarles sus acciones. Es decir, acusó a los nuevos propietarios de hacerse autopréstamos.

En 2001 el Sindicato contraatacó. Demandó para cobrar una garantía sobre 18 casos de créditos incobrables otorgados por el Banco de Colombia cuando los Gilinski eran sus dueños. Asesoradas por algunos de los abogados más prestantes del país, ambas partes acordaron en noviembre de 2003 dirimir sus conflictos en dos tribunales de arbitramento que antes de un año deberán dar un fallo definitivo. Los Gilinski esperan recibir 250 millones de dólares por el caso de los supuestos autopréstamos. A su vez, los empresarios antioqueños, 60 millones de dólares por la garantía. De compras

Mientras se resolvían estos pleitos y los bancos en Colombia atravesaban la peor crisis de los últimos años, los Gilinski continuaron con sus operaciones bancarias por fuera del país. Son dueños del Eagle National Bank, una entidad pequeña con sede en Miami enfocada a clientes de ingresos altos, que habían adquirido junto con el Banco de Colombia en 1997. Jaime Gilinski es el único banquero colombiano con autorización de operar en cualquier parte de Estados Unidos. También siguieron operando el GNB de Panamá y su filial en Ecuador, aunque esta última fue vendida en 2002.

Sin embargo, nunca dejaron de considerar la posibilidad de comprar otra vez un banco en Colombia. El gobierno se acercó a ellos para ofrecerles Bancafé, el tercer banco más grande del país que había sido intervenido en la crisis de 1999. Y aunque mucho se rumoró que los Gilinski participarían en la puja por el banco estatal, al final no lo hicieron. Sus altos costos laborales y los riesgos jurídicos que rodeaban el negocio los hicieron desistir.

En el círculo de los banqueros se conoció que también el Bbva y el Banco Santander estuvieron en la baraja de opciones de los Gilinski. Pero finalmente su retorno se dio a través de la compra del Banco Sudameris al grupo italiano Intesa, que desde finales de 2001 había decidido salir de sus filiales en toda Latinoamérica.

Volver al escenario como nuevos dueños de un banco exigía antes una autorización de la Superintendencia Bancaria. La imagen de que los Gilinski siempre compraban bancos para venderlos poco tiempo después, a mejor precio, generó preguntas a las autoridades sobre si esta vez su interés era permanecer a largo plazo. Las dudas se despejaron y a finales de 2003 los Gilinski se hicieron al 94 por ciento de las acciones del Banco Sudameris.

Aunque no se sabe a ciencia cierta cuál fue el monto del negocio, personas cercanas a los Gilinski revelaron que fue inferior a los 25 millones de dólares que vale el banco en libros. "¿Barato o caro? Eso lo dirán los resultados en el tiempo, aunque sin duda fue un buen precio", dice Camilo Verástegui, actual presidente del Sudameris. Sin embargo, al igual que en la compra del Banco Andino, las cifras del banco al momento de cerrarse el negocio no eran las mejores. Entre 1998 y 2002 generó pérdidas por 65.000 millones de pesos por cuenta de la crisis que vivió todo el sector financiero y de algunos negocios en banca de consumo que no dieron resultado.

La más reciente operación de los Gilinski, la compra del 53 por ciento de las acciones de Servibanca, por algo menos de 5.000 millones de pesos, es una señal del camino que piensan recorrer. Con un banco de tamaño pequeño como el Sudameris, concentrado en créditos corporativos, no les resultaría fácil ampliar su base de clientes y aumentar su portafolio de cartera. Al adquirir una red de cajeros como Servibanca se vislumbra que su propósito, al menos por ahora, es entrar en un negocio cada vez más rentable para los bancos: el de los servicios financieros.

Servibanca recibe ingresos anuales por cerca de 36.000 millones de pesos y es la marca de cajeros más recordada por los colombianos. Sin embargo, desde comienzos de este año se hicieron cada vez más evidentes los conflictos entre sus accionistas, 23 bancos nacionales y extranjeros, que no lograban ponerse de acuerdo sobre el futuro de la compañía. Algunos de ellos, como el Banco de Bogotá o de Occidente, habían montado su propia red de cajeros automáticos de forma tal que terminaron convertidos en propietarios de su competencia. Con el negocio realizado la semana pasada, sólo tres entidades quedaron como dueñas de la red: el Banco de Crédito, Lloyds Bank y Sudameris, su accionista mayoritario.

¿Qué van a hacer ahora los Gilinski? Esa es la pregunta que hoy se hacen los jugadores de la banca colombiana. Ya conocen las estrategias audaces y la eficacia de estos banqueros cuando se empeñan en crecer. Por lo pronto, el negocio del Banco Sudameris, cuyas utilidades hasta agosto de 2004 se multiplicaron por cinco en relacion con el año pasado, ya comenzó a dar resultados. Y las condiciones están dadas para que en el futuro los Gilinski hagan apuestas más duras.
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