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| 3/26/2001 12:00:00 AM

El relevo

Aunque despertaron poca emoción, los tres nuevos ministros son bastante buenos.

Tradicionalmente al comienzo de los gobiernos los ministros son mejores que al final. Al fin y al cabo la emoción de una nueva era sumada al prestigio de un presidente recién elegido seduce a los más honestos y a los más capaces, como diría el ex presidente Julio César Turbay. No es este el caso en la etapa final de un gobierno cuando los ministerios tienden a quedar en manos de personas de menos calibre.

Por esto llama la atención que los tres nombramientos de la semana pasada son bastante buenos. En todo caso mejores que los de la última crisis ministerial cuando el Presidente sorprendió al país nombrando gente buena, pero en el lugar equivocado.

De los nuevos ministros hay dos desconocidos y uno con imagen controvertida. Los desconocidos son Armando Estrada en Interior y Aracely Morales en Cultura. Pero si bien el primero es desconocido a nivel nacional es uno de los hombres más respetados en el Congreso. Liberal oficialista en el pasado, hizo su carrera a la sombra de Bernardo Guerra en Antioquia. Después de ser diputado llegó a la Cámara donde se destacó en temas como hacienda pública, derecho laboral y como internacionalista. Tras el proceso 8.000 se alejó del oficialismo y se erigió como crítico de su colectividad. Cuando Andrés Pastrana presentó su candidatura, Estrada lo apoyó en la Alianza para el Cambio. Eso lo convierte hoy en una ficha valiosa para el gobierno y para el Partido Liberal.

Más desconocida que Estrada es la ministra de Cultura, Aracely Morales. En su caso llama la atención que exista una persona con una hoja de vida tan perfecta para el cargo. Es hermana del prestigioso y fallecido pintor Darío Morales, ha sido secretaria de Educación de Bolívar y fundadora del Instituto de Cultura de Cartagena.Y se especializó en Francia en una materia denominada, ni más ni menos, Gestión de Cultura.

Si esto suena elitista para los partidarios de la cultura popular Aracely es la mayor defensora de la ‘champeta’ con que cuenta el país. Y fue Señorita Bolívar en 1977. Su origen es liberal, pero ha hecho su carrera bajo administraciones conservadoras en Bolívar.

A pesar de tales credenciales la verdad es que en el mundo de la cultura nadie conocía a la nueva ministra y ésta tendrá que enfrentar los mismos problemas de su antecesora ‘La Cacica’, Consuelo Araujonoguera: un Ministerio quebrado y unos grupos de interés con más celos y envidias de lo que doña Aracely padeció en el reinado de Cartagena.

Ramiro Valencia, el segundo antioqueño de este relevo, es el más conocido pero también el más controvertido. El poder genera enemigos y los Valencia Cossio han sido muy poderosos. Esto los ha dejado con más detractores que el común de los mortales y sus nombramientos nunca son objeto de aplauso unánime. Sin embargo, por lo menos en lo que se refiere a Fabio y a Ramiro, cada uno es muy competente en lo suyo. La habilidad de Fabio como político la tiene su hermano como administrador. Es inteligente, zorro, ejecutivo y audaz. Su gestión en las Empresas Públicas de Medellín ha demostrado que sabe manejar negocios de la dimensión económica de los de su cartera, la de Minas y Energía.

Había dos aspectos del nuevo Ministro que preocupaban. Había asumido posiciones radicales en el pasado frente a la privatización de Isagen y frente a la Creg, entidad reguladora del mercado energético. A este respecto Valencia se declaró impedido en el primer caso y anunció que llevaría la camiseta del gobierno en el segundo. Esto tranquilizó a algunos sectores que estuvieron inicialmente nerviosos con su nombramiento.

La mayor incógnita de la crisis , sin embargo, no es cómo van a ser los nuevos ministros, sino por qué se fue uno de los viejos: Humberto de la Calle. Había abandonado hace pocos meses la embajada en Londres para aceptar el Ministerio del Interior y lo abandonó de la noche a la mañana. Se rumora que va a encabezar lista para Senado o que va a ser candidato presidencial. Para estas dos eventualidades no suena muy lógico irse a la embajada ante la OEA en Washington, pues quedaría inhabilitado para esas aspiraciones en unos seis meses.
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