Viernes, 20 de enero de 2017

| 2008/06/21 00:00

El relevo

Fabio Valencia Cossio asume como cuarto ministro del Interior de Álvaro Uribe y queda claro que el Presidente alista baterías para los duros forcejeos que se avecinan en la política.

Fabio Valencia Cossio llega al Ministerio del Interior después de siete años de ausencia de la movida política. Le espera un fuerte pulso en el Congreso por la reforma política y la releección

E l rumor sobre el retiro de Carlos Holguín Sardi del ministerio del Interior y de Justicia fue recurrente en los últimos meses. Y él siempre lo desmintió. Holguín no quería ser embajador, ni volver al directorio del partido Conservador, ni jubilarse de la política. Quería estar al frente de su cartera hasta el momento en que sintiera cumplida su tarea.

Pero el 20 de junio era una fecha fijada seis meses atrás por el Presidente para que Holguín saliera del gabinete. Así había quedado acordado en enero, cuando Uribe le ofreció la embajada en Madrid, que Noemí Sanín dejó libre. En ese momento Holguín pareció animarse con la idea, pero días después le anunció al Presidente que prefería quedarse en su cargo hasta cuando el Congreso terminara su legislatura. Y así fue. Su renuncia se conoció el último día de la actividad legislativa.

Mientras Holguín formalizaba el fin de su gestión, en una oficina en la Presidencia que se conoce como la del Consejero Presidencial para la Competitividad, Fabio Valencia Cossio, conservador como Holguín, calentaba de nuevo sus baterías para la política.

El ex senador, ex presidente del Congreso y negociador en los diálogos del Caguán estaba en el sonajero como el más opcionado para ser ministro, a pesar de que el Presidente guardaba su última palabra bajo prudente silencio.

Valencia completaba ya siete años en una especie de retiros espirituales de la política pública. Primero, como embajador en Italia, y luego dedicado a relacionarse con empresarios sin hacer aspavientos en los medios, ni hacer notar su influencia política. Pero sus consejos se escuchaban siempre en el despacho del Presidente: la del curtido cacique conservador antioqueño, toreado en muchas plazas, es una de las pocas voces que Uribe escucha. Lo cual no deja de ser llamativo, si se tiene en cuenta que en el pasado, no sólo estuvieron en bandos opuestos en la política de Antioquia, sino que tuvieron altercados políticos que llegaron hasta los puños.

La cercanía de Uribe con Valencia es una de las pocas que existen entre el Presidente y sus enconados adversarios políticos del pasado. Y es tan buena su relación y tan alta la confianza depositada en este nuevo ministro, que será él el encargado, nada menos, de muñequear en el Congreso la viabilidad de una reforma que le permita al Presidente ir por un tercer mandato.

Qué hará con la crisis

El 20 de julio de 1998, Fabio Valencia Cossio se posesionó como presidente del Congreso. Ya estaba electo Andrés Pastrana como Presidente y se venía venir el proceso de paz con las Farc. En su discurso, Valencia habló del compromiso que el Congreso debería tener con ese anhelo de llegar a un acuerdo de paz, pero su frase más recordada tuvo que ver con el futuro del Parlamento: "O cambiamos o nos cambian", les dijo a los colegas que empezaban labores legislativas, tras sobrevivir al escándalo del proceso 8.000.

Valencia llega al ministerio en una coyuntura peor que la de aquella época. La crisis creada por el escándalo de la para-política está lejos de terminar y la polarización en el Congreso entre las fuerzas uribistas y las opositoras está al rojo vivo. Sumado a esto, la coalición de los partidos de gobierno se empieza a fracturar y es muy probable que en la próxima legislatura se agudice aun más.

"Valencia está recargado", dijo a SEMANA un funcionario de la Casa de Nariño. Y más le vale que sea cierto. El 20 de julio, cuando el gobierno presente la nueva reforma política que seguramente llegará sin un consenso entre los partidos, el Ministro del Interior tendrá que mantener el pulso. La credibilidad del gobierno en una iniciativa como esta quedó en entredicho después del trabajo que hizo Holguín para hundir la pasada reforma.

Y claro, está el tema de la reelección. En el segundo semestre del año llegará al Congreso el proyecto de ley que busca aprobar un referendo que le abra paso a una nueva reforma a la Carta que permita la segunda reelección del presidente Álvaro Uribe. Y es fácil anticipar que llegado este momento, toda la actividad política se centrará exclusivamente en ese forcejeo.

Pero, además de la cartera de Gobierno, Valencia asume la de Justicia en el peor momento de las relaciones entre Uribe y la Corte Suprema. El miércoles de la semana pasada ya tuvo contactos con el presidente de la Corte, Francisco Ricaurte, para empezar a tender puentes que mejoren los vínculos. Está por verse cuán efectivos podrán resultar esos acercamientos, ya que los temas que distancian al Palacio de Nariño y sus vecinos del Palacio de Justicia son de grueso calado: la extradición de los jefes paramilitares y la para-política, entre muchos otros.

En su primera aparición frente a la prensa con el nuevo cargo, Valencia Cossio envió el viernes un mensaje conciliador a la rama judicial: "Cuando la justicia brilla, brilla también la libertad".

En el papel de ministro de Justicia tendrá también que frentear el 'chicharrón' del Inpec y el caos carcelario, un problema crónico que prácticamente ningún gobierno ha podido solucionar.

Fabio Valencia es uno de esos políticos a los que el tema de la paz tocó irremediablemente, y es previsible que su participación en este asunto no sea marginal. Alguna vez, en estos tres años en Palacio, el presidente Uribe lo encargó de los contactos con las Farc, pero su gestión fue flor de un día. Además de la complejidad que tiene el tema para el Presidente, también trascendieron los roces que tuvo con el alto comisionado para la paz, Luis Carlos Restrepo.

Pero Valencia no es un toro fácil de domar. Y con seguridad será protagonista de las movidas que se den en la eventualidad de que reviva alguna posibilidad de un acuerdo humanitario

Sin duda empieza una nueva etapa para el gobierno con Valencia a la cabeza de la política. Desde cuando comenzó, esta cartera es la que más cambios ha tenido y ha estado a cargo de cuatro personajes de muy distinto perfil.

Primero fue Fernando Londoño, que en el ímpetu del comienzo del gobierno de la seguridad democrática desató trifulca con la Corte Constitucional y fracasó en su intento de sacar adelante una reforma a la justicia. Luego llegó Sabas Pretelt, que con su espíritu conciliador supo manejar al Congreso para aprobar leyes tan difíciles como la de Justicia y Paz. Y al último, Carlos Holguín, le tocó padecer la crisis de la para-política que marcó con un sello de ilegitimidad al Congreso.

Y ahora llega Valencia Cossio. De los tres, es el más experimentado jugador de la política. Por algo será.

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