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| 9/27/2011 12:00:00 AM

El remezón que viene para los partidos políticos

El intento de reunificación liberal, la adhesión de los verdes a la Unidad Nacional y la fractura del Polo son muestra de que el régimen de partidos no ha madurado. ¿Por qué?

“La política es dinámica” es la frase con la que en Colombia se explican las trapisondas del poder. Para la muestra: los liberales quieren recibir a los hijos pródigos que un día se apartaron del partido; un sector de La U ve con buenos ojos la propuesta de volver a sus orígenes, y al otro le parece un embeleco; el Polo está a punto de partirse en dos; los verdes que entraron en la Unidad Nacional (coalición integrada por liberales, conservadores, Cambio Radical y La U) a mitad de año, corren el riesgo de perder su identidad; el Partido Conservador necesita una "reingeniería”; los partidos indígenas se mantienen en el debate debido a los avales que otorgan, y el lanzamiento de candidaturas por firmas dejó de ser una excepción para convertirse en costumbre.
 
En el fondo hay una crisis de los partidos que ha intentado paliarse con las recientes reformas políticas del 2003 y el 2009, que buscan fortalecer esas organizaciones, pero que en criterio de los analistas no resuelven el problema. ¿Qué está en juego en el ajedrez político?
 
La reunificación liberal
 
A pesar de que el Consejo Nacional Electoral (CNE) no ha abierto la puerta para que en las próximas elecciones se consulte a los electores si están de acuerdo con una reunificación del Partido Liberal, para que Cambio Radical y otros sectores vuelvan a la casa, “ese proyecto sigue en pie y será una discusión de los próximos tres años”, explica el analista de Razonpublica.org Ricardo García Duarte.
 
El senador Luis Fernando Velasco considera que “se trata de aceptar una realidad política”. En su criterio, los integrantes de Cambio Radical y de una parte de La U “se sienten liberales”, y por eso es necesario buscar un mecanismo para lograr la reunificación.
 
Aunque la consulta popular propuesta por el jefe del liberalismo, Rafael Pardo, busca revestir de legitimidad la iniciativa, en caso de que el CNE no la apruebe, el partido buscará una salida legislativa.
 
Pero la propuesta se enfrenta a la desaprobación del Partido Conservador y de la dirigencia de La U. El presidente de los azules, José Darío Salazar, ha dicho que la consulta “representa un gasto enorme”, y su homólogo en La U, Juan Lozano, que "es un embeleco” y que la reunificación solo sería posible si se hace en torno a La U.
 
La propuesta al final depende de la voluntad del presidente Santos, quien ha dicho que si el Partido Liberal lo considera su presidente, él lo considera su partido. Pero más allá de que Santos haya sido liberal y de que muchas de las banderas de su Gobierno, como la Ley de Víctimas, sean reclamadas por ese partido, hay otra variable que conspira con la reunificación liberal: la posibilidad de que el mandatario aspire a una reelección. Según los analistas, para Santos no es conveniente permitir un cisma en ningún partido, sino mantenerlos a todos bajo el amparo de la Unidad Nacional para así garantizar no solo la reelección, sino la gobernabilidad en un segundo período.
 
La escisión del Polo
 
Un grupo de congresistas del Polo Democrático, integrado por Camilo Romero, Luis Carlos Avellaneda, Jorge Guevara y Mauricio Ospina, y la parlamentaria andina, Gloria Flórez, ha expresado abiertamente su descontento con “decisiones equivocadas de la dirigencia del partido”.
 
Una cadena de hechos anticipó la fractura que parece irreconciliable en esa colectividad. Primero fueron las diferencias de criterios frente a la administración de Samuel Moreno en la Alcaldía de Bogotá; después, el cisma que causó la elección de Gustavo Petro, en una consulta abierta, como candidato de la colectividad a la Presidencia; luego vinieron las denuncias de Petro a Moreno, y al final su consecuente salida del Polo junto con otras figuras del partido.
 
El problema es que los cuatro senadores (la mitad de la bancada) no pueden salirse del Polo Democrático porque la Reforma Política del 2009 prohíbe la doble militancia. Por eso Romero ha propuesto, en el marco de la regulación de las disidencias dentro de los partidos, la creación de un mecanismo que permita “la escisión, fusión y liquidación de partidos”. Para él, la escisión, término heredado del derecho administrativo, debería darles autonomía política y financiera a los disidentes de un partido que conformen una representación considerable, como la del bloque parlamentario que integra.
 
Esta propuesta está en consonancia con la de reunificación liberal, pero requiere de la anuencia de la mayoría en el Congreso. La pregunta que sigue es: ¿Cómo será el debate de una propuesta como esa en un Congreso amarrado por la Ley de bancadas, que obliga a los partidos a votar unánimemente?
 
Los verdes en la unidad
 
El futuro del Partido Verde es imprevisible. Para los analistas, esa organización corre el riesgo de terminar absorbido por La U o dividido.
 
El pasado 20 de julio, el presidente Juan Manuel Santos anunció la entrada del Partido Verde a la Mesa de Unidad Nacional. Para ese momento, el candidato de los verdes a la Alcaldía de Bogotá, Enrique Peñalosa, ya había recibido el apoyo de La U y el excandidato presidencial de la colectividad, Antanas Mockus, había renunciado. 
 
La adhesión no cayó bien en a los representantes Carlos Amaya y Ángela Robledo, y al senador John Sudarsky, quienes no fueron notificados de la decisión y han acompañando a Antanas Mockus. Por eso sentencia Javier Duque, politólogo y profesor Universidad del Valle: “Todos los partidos que surgen por agregación de sectores corren un alto riesgo de escindirse”.
 
Los analistas consideran que la cercanía de Peñalosa con el uribismo, al final, tampoco le favorece al Partido Verde, aun si gana las elecciones. García, de manera figurada, explica: “En caso de que pierda, quedaría con el pecado y sin el género”. Es decir, con el estigma de haber puesto su partido a merced del uribismo y sin la alcaldía. Pero en caso de que gane, aunque sea bueno para él, le resultará muy difícil orientar la identidad del partido, aduce.
 
El Partido Conservador
 
Un artículo titulado “Reunificación liberal: ¿cómo debe moverse el conservatismo?”, publicado por El Nuevo Siglo la semana pasada, da cuenta de la existencia de varias salidas de los azules ante la iniciativa de los rojos: hay quienes consideran que la propuesta aún está “biche” y no se preocupan; quienes creen que el partido debe recuperar sus integrantes que se fueron a La U, y quienes piensan que la organización necesita una reingeniería urgente, al margen de las movidas de su competidor histórico.
 
La sola pregunta del artículo sugiere que sí hay una preocupación por el futuro de ese partido y señala la necesidad de una redefinición de su estrategia. Al final, el artículo advierte lo que podría pasar en caso de que no renueve los liderazgos: “el conservatismo apuntaría 16 años sin poder presidencial y se podría ver abocado a un proceso de marchitamiento acelerado”.
 
Los movimientos políticos
 
El surgimiento de candidaturas como las de Gina Parody y Gustavo Petro, en Bogotá; Rodrigo Guerrero, en Cali, y de Luis Pérez Gutiérrez, en Medellín, entre otros, quienes se inscribieron por firmas, son muestra de la crisis de los partidos. Los analistas coinciden en señalar que las reformas legales que permiten las candidaturas por recolección de firmas se hicieron para permitir el equilibrio del sistema político, pero no para que se convirtiera en la regla.
 
Ante el reacomodamiento de las fuerzas políticas, el mapa electoral del futuro próximo es incierto. Para algunos analistas como Fernando Giraldo, “vamos a volver al bipartidismo”. Para otros como Duque, “hemos transitado hacia un multipartidismo confuso”. Ejemplo de ello son las mezclas que en la actual campaña se han visto, en la que algunos partidos que son adversarios en la contienda, en otra región, son parte de una coalición que busca el poder. Ver: Política de barrio.
 
La sacudida de la marea política, sin embargo, no es sinónimo de un sistema de partidos frondoso. Por el contrario, es muestra de la debilidad institucionalidad. “Desde el 91 estamos en un proceso de transición, largo e indefinido, que no termina. El régimen bipartidista no ha podido ser sustituido por un nuevo sistema de partidos con unas tendencias definidas”, explica Armando Novoa, director del Centro de Estudios Constitucionales Plural. “Hemos llegado al techo de las reformas políticas”, agrega.
 
La crisis va para rato, pues las movidas son interpretadas como falta de madurez de estas organizaciones. De hecho, los partidos políticos figuran entre las instituciones más desprestigiadas: dos de cada tres encuestados tienen una opinión desfavorable de ellos, según lo indica el más reciente estudio de opinión hecho por Gallup en cuatro ciudades principales, el mismo porcentaje de encuestados que dice no considerarse de ningún partido.
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