Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2004/08/22 00:00

El rey de la amapola

La Dijin capturó en Santander de Quilichao a un ex carnicero al que acusa de ser el zar de la heroína en Colombia. Esta es su historia.

Según las autoridades Juan Carlos Crespo creó un imperio para la exportación de heroína que le generó ganancias superiores a los 100.000 millones de pesos.

"Yo sabía que esto venía", fueron las únicas palabras que pronunció Juan Carlos Crespo Ballesteros el 27 de julio, cuando un detective de la Dijin y otro de la DEA le leyeron la orden de captura con fines de extradición por la cual fue detenido. "Quedó como congelado", asegura uno de los efectivos del grupo Jungla que lo detuvieron al salir de su finca cerca de Santander de Quilichao, Cauca.

Esa calurosa mañana la camioneta de Crespo Ballesteros, una Nativa roja con vidrios polarizados, se detuvo en un retén, y casi de inmediato los agentes que lo buscaban lo identificaron plenamente. Pero para evitar que intentara fugarse le pidieron que los acompañara a la estación con el pretexto de corroborar los salvoconductos de las armas que llevaban él y sus escoltas. Con la tranquilidad de quien está en casa, Crespo esperaba sentado a que se arreglara el problema, cuando entraron los dos detectives, le leyeron la orden y lo arrestaron.

La captura de este hombre, pedido en extradición por un juzgado de la Florida, está entre las más significativas de los últimos días. A pesar de la importancia que las autoridades le atribuyen en el tráfico de heroína, Crespo es un completo desconocido en Colombia. Según aquellas este hombre era el jefe máximo de un novel cartel cuya zona de influencia es el norte del Cauca y que, según las cifras, se encontraba en pleno desarrollo.

Para los detectives que lo capturaron, este hombre conocido con al alias de 'Amigazo' ya igualaba en importancia a otros capos como 'Don Diego', 'Jabón' y 'Rasguño', aunque su especialidad era la compra y transformación del látex de amapola en heroína. Quienes conocieron a Crespo Ballesteros, a mediados de los años 90, jamás se imaginaron que este sencillo comerciante de carnes oriundo de Piendamó, que atendía un diminuto local en la plaza de mercado de Santander de Quilichao, lograría en 10 años exportar más de 400 kilos de heroína y acumular una fortuna alrededor de los 100.000 millones de pesos.

En Santander de Quilichao todavía recuerdan a Crespo cuando recorría las calles, en su vieja moto Honda 185, llevando los pedidos de carne que él mismo arreglaba para sus clientes. Pronto 'Amigazo' vio, en el auge de los cultivos ilícitos en las montañas del norte del Cauca, una oportunidad dorada para hacer dinero fácil. Las investigaciones sostienen que se inició cuando compró 150 gramos de 'mancha', como se conoce popularmente el látex de amapola, y empezó a venderle pequeñas cantidades a 'Caliche', un caleño que era dueño de las mejores rutas para sacar la droga hacia Estados Unidos. Los volúmenes fueron aumentando y con ello, su importancia dentro de la organización. Con el tiempo, dicen los detectives, 'Caliche' le tomó confianza y le enseñó el resto del negocio. Las rutas, los contactos, cómo 'torcer' a las autoridades, cómo escoger las mulas o correos humanos. Lo que hizo Crespo durante los cinco años que trabajó para 'Caliche' fue una especialización en el tráfico de heroína. En 1999 'Caliche' fue asesinado y Crespo quedó al frente de la organización.

En noviembre de 2003 comenzó la operación Línea Directa, coordinada por la Dijin para desmantelar el cartel de Santander de Quilichao. Detectives de la DEA rastrearon la procedencia de los cargamentos de heroína y las mulas que caían en Estados Unidos. La información recopilada era clara y apuntaba a la organización de Crespo. El 15 de enero de este año se dio el primer golpe: capturaron en Cali a ocho personas, entre ellas a Adolfo León Calderón Gómez, su mano derecha. Sin sus cómplices sólo era cuestión de tiempo para que Crespo cayera en manos de la justicia, como en efecto ocurrió. Con este golpe las autoridades suman un nuevo éxito en la ofensiva contra los carteles de la droga y consiguen que historias de vida como la de 'Amigazo' dejen de ser un modelo para las nuevas generaciones.

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