Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2005/09/18 00:00

El rio de la droga

Casi mil personas han sido asesinadas, en año y medio, en una guerra entre narcos y guerrilla por el control de la producción de coca en el cañón del Garrapatas.

Se calcula que hay 5.000 hectáreas de coca en el cañón del río Garrapatas, una agreste región cuyo control disputan los capos de la mafia Diego Montoya, alias 'Don Diego', Wílber Varela, alias 'Jabón', y las Farc. SEMANA estuvo en sus entrañas.

El pasado lunes en Palmira, al presidente Álvaro Uribe le tocó lidiar con un difícil consejo de seguridad. "Presidente, no me obligue a hablar, corremos peligro y quisiéramos discutir estos temas en privado", imploraba Diego Mejía, alcalde de Versalles, en representación de por lo menos 10 alcaldes del norte del Valle del Cauca. "Siga, alcalde, no le dé miedo, aquí estamos en confianza", fue la respuesta del Presidente.

En el reducido auditorio sólo se escuchó un murmullo. Mientras se resolvía qué hacer, se conoció la noticia del secuestro del avión de Aires y el Presidente tuvo que irse. La sensación que quedó fue similar a cuando en la escena clave de una película aparece el letrero de continuará.

Sin embargo, SEMANA conoció que antes de la salida de Uribe, dos de los alcaldes lo abordaron en un corrillo y le hicieron saber el grueso de su denuncia. Le dijeron que en un allanamiento apareció una lista donde se relacionan cifras de dinero que supuestamente les estarían pagando narcotraficantes a miembros de la Policía. Esta información sugiere que podría existir relación entre narcos y algunos policías. También se quejaron de la falta de acción del Ejército en el corregimiento de El Balsal, donde hombres armados que no han sido claramente identificados han boleteado a varios ganaderos. Según los alcaldes, el comandante que atendió las denuncias les dijo que eran falsas. Dos días después del consejo de seguridad, fue secuestrado en la región el ganadero Luis Alfonso Gil, sin que aún se sepa de su suerte.

El presidente Uribe fue enfático en que, de confirmarse las denuncias, habrá destituciones. Sin reparo, pasando por encima del general de la Policía Mario Gutiérrez a cargo de esta región, le pidió al coronel Óscar Naranjo, director de la Dijín, que tomara las riendas de la situación.

Por las declaraciones a SEMANA de un oficial del Ejército que lleva tres años en la zona, parece que la desconfianza es mutua. "No era sino que pusiéramos un retén para que el alcalde llamara y nos dijera que habían visto a la guerrilla en otro lado, salíamos para allá y no encontrábamos nada. Después de siete veces en las mismas, no volví a creerle", dijo, pidiendo que le reservaran su nombre. Incluso enfatizan en que algunos familiares de alcaldes de la zona están pedidos en extradición.

SEMANA recorrió los principales municipios de este sector, que dan al acceso al cañón del Garrapatas, convertido en el complejo cocalero de mayor importancia en el occidente. Allí encontró que, además de la tensión entre mandatarios y autoridades, la confianza también se ha resquebrajado entre las comunidades. Estas, afectadas por años de violencia, han puesto por lo menos un decena de quejas en las personerías de la región, relatando supuestos abusos de la fuerza pública.

Angelino Garzón, gobernador del Valle, dice que la desconfianza es producto de una economía cuya base es la coca y reconoce que una parte de la población, por necesidad, está involucrada. No obstante, reivindica el valor de los alcaldes, "ellos sostienen la gobernabilidad de la región y ninguno se ha ido de su municipio, pese a estar expuestos a la acción de los grupos ilegales".

Joya cocalera

En el cañón de Garrapatas, una agreste región de 20.000 hectáreas, hay poca gente, mucha tierra, y coca por todos lados. Se disputan su control, a sangre y fuego, los capos de la mafia Diego Montoya con su grupo armado los 'Machos', Wílber Varela con sus hombres llamados los 'Rastrojos', y las Farc.

A todos les interesa dominar el cañón, pues es un corredor natural y estratégico hacia el Pacífico. A través de los ríos de Chocó, los narcotraficantes llevan la coca hasta la costa, donde es almacenada y enviada hacia México y Estados Unidos. (ver mapa en semana.com). Según la Policía del Valle, sólo en lo corrido del año, en el interior de esta zona se han incautado siete toneladas de coca, 14 de marihuana, 12 de precursores químicos, 24.000 galones de gasolina y se han destruido 11 laboratorios.

Fuentes de inteligencia militar calculan que hay 5.000 hectáreas sembradas con coca. Para la oficina de Acción Social de la Presidencia, esto es exagerado. Dicha entidad, encargada de coordinar la erradicación manual de cultivos ilícitos, dice que en el cañón sólo hay 100 hectáreas. Este es el resultado del último censo de 2004. Sus cifras, sin embargo, no coinciden con las del coronel José Forero, comandante del Batallón Vencedores de Cartago, quien sostiene que desde el 28 de mayo, cuando comenzó la erradicación manual en el sector, hasta el 15 de septiembre de 2005, se han destruido 816 hectáreas de cultivos ilícitos en los municipios de Bolívar y El Dovio.

El auge cocalero bañó esta región, otrora tranquila y pacífica, en sangre. En los últimos tres años llegaron cientos de raspachines y sicarios que encontraron trabajo en medio de la bonanza. A finales de 2003, en la región circularon panfletos que daban la orden a los pobladores de "acostarse temprano" si no querían poner en riesgo sus vidas. Desde entonces hasta la fecha, la guerra entre narcos y guerrilla ha dejado casi mil muertos, ha desplazado otro medio millar de familias y ha producido un centenar de desapariciones, según las cifras de la defensoría del pueblo del Valle. La Policía y la fiscalía regionales tienen registros de 608 personas asesinadas en 2004.

En medio del fuego cruzado no se sabe quién es quién. Por ejemplo, como lo denunció SEMANA, 'Machos' y 'Rastrojos', aprovechando el proceso de paz que el gobierno adelanta en Santa Fe Ralito, intentaron hacerse pasar por paramilitares. Cada bando dejó su antigua indumentaria, de color negro, y empezó a vestirse de camuflado. Los 'Machos' se nombraron a sí mismos como las Autodefensas Unidas Campesinas del Valle (AUV), y los 'Rastrojos' como las Rondas Campesinas Populares (RCP). Sin embargo, el general Mario Gutiérrez, comandante de la Policía regional sur occidente, dice que este fue un intento fallido, "acá no existen paramilitares, sino ejércitos de sicarios al servicio de capos de la mafia". La estrategia de los narcotraficantes no rindió los frutos esperados y el mando central de las autodefensas los ha desconocido.

A finales del año pasado, las Farc, a través del bloque móvil Arturo Ruiz, un grupo elite de 200 hombres bajo el mando de alias 'Franco', llegó a la zona. Se desplazó desde el occidente del Valle del Cauca hasta el cañón para disputar el control de la zona, aprovechando la división entre los clanes mafiosos. En lo que va corrido del año, la ofensiva de la guerrilla ha dejado 40 muertos, entre 'Machos' y 'Rastrojos'. Hace 10 días, las autoridades les incautaron a las Farc cuatro cohetes rusos RPG de 150 metros de alcance y con capacidad para atravesar 20 centímetros de acero.

La falta de pericia militar en combate, que explica por qué los sicarios de Varela y Montoya ponen los muertos, fue aprovechada por la guerrilla para consolidar su control en el cañón en lo que va corrido del año. "La guerrilla no va a dejar pasar la oportunidad de obtener recursos con el auge cocalero del cañón", aseguró a SEMANA Fabio Cardozo, ex gestor de paz del Valle.

A pesar del cruento enfrentamiento, no es de extrañar que Farc y mafia terminen aliándose para repartirse el negocio de la coca. Un indicio de que ya puede estar sucediendo fue la incautación, hace cuatro meses, de 16 toneladas de cocaína, cerca de Tumaco, en la que se encontró un alijo con droga de los tres grupos enfrentados.

Por ahora, las buenas intenciones para erradicar el narcotráfico y la violencia de la región se han quedado en eso. La historia del cañón se seguirá escribiendo en medio de balaceras y explosiones, del transporte de insumos y cosechas de coca. Bajo este imperio de terror que siembran a diario los narcotraficantes, tratan de sobrevivir casi 400.000 habitantes. La respuesta estatal está lejos de calmar su incertidumbre.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.