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| 9/20/1999 12:00:00 AM

EL SABADO YA NO EXISTO

Una multitud de presagios y los ires y venires de quien trabajaba la mayor parte del tiempo <BR>por los demás caracterizaron los últimos días de Jaime Garzón.

El pasado 15 de mayo Jaime Garzón, vestido con una camisa blanca de rayas cafés,
conducía a toda velocidad una camioneta por la carretera que une las poblaciones de Granada y San
Juan de Arama, en el departamento del Meta. El vehículo era un Montero de la Gobernación de
Cundinamarca y Garzón se dirigía a un lugar que sólo él conocía a recoger a un secuestrado por el que
había mediado ante las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc). A las 11:40 de la
mañana Jaime se estrelló de imprevisto con la flota 720 de La Macarena que viajaba hacia
Vistahermosa. Con el golpe el humorista se fracturó las piernas y aún así tuvo arrestos para
reclamarle a Luis Rodríguez, el conductor del autobús, por el accidente.
Luis Rodríguez le dijo que él había pensado que la camioneta iba a tomar una curva que hay en el
lugar del choque porque dos kilómetros adelante, por la vía que iba Garzón, el camino terminaba de
manera abrupta ante un puente caído. Jaime, que no vio ninguna señalización al respecto, le
comentó después a sus amigos que a la velocidad que iba las probabilidades de caer al vacío eran
muy altas. De no haberse estrellado, decía, se habría matado dos kilómetros más allá. El hecho no le
pareció fortuito y pensó que era una señal, una especie de guiño de la vida para que hiciera un alto en
su camino. Intentó hacerlo y puso todo su empeño en ello, pero no imaginó que el giro que le había
dado a su historia en los últimos tres años ya no tenía retorno.De frente con las FarcJaime Garzón
tuvo, como tantos otros personajes de su generación, coqueteos con la izquierda durante su juventud.
Con el tiempo se decepcionó de la ortodoxia y la rigidez del discurso marxista-leninista de la guerrilla
colombiana. Un día le cantó la tabla a los subversivos desde los micrófonos de Radionet, un ambicioso
proyecto con el cual Yamid Amat había regresado a la radio. Sus comentarios no pasaron inadvertidos
y las Farc lo declararon públicamente objetivo militar de la organización. Garzón no se amilanó con la
amenaza. Por el contrario, se sintió picado y decidió hacerle frente a la situación. Así que decidió,
bien a su manera, ir a buscar a los guerrilleros en la región del Sumapaz, donde había ocupado el
cargo de alcalde menor durante la alcaldía de Andrés Pastrana.
Garzón se adentró en el territorio dominado por las Farc hasta que encontró un primer puesto de
guardia al que le dijo que quería ver a Miller Perdomo. Horas después se encontró cara a cara en el
páramo con Perdomo, comandante entonces del frente 53 de las Farc, y le dijo que ahí les daba la cara
para que lo mataran o para que hablaran y solucionaran sus diferencias. Tuvo suerte y la guerrilla optó
por esto último. Este primer contacto fue decisivo para la labor humanitaria en la que se vio
involucrado después, cuando se enteró del secuestro del papá de una persona que había conocido en
el Teatro Nacional. Su intermediación en este caso fue clave para que el señor regresara a su hogar
sano y salvo. A partir de ese momento Garzón dedicaría buena parte de su tiempo a realizar este
tipo de gestiones desinteresadas y, de acuerdo con los cálculos de su amigo Rafael Pardo, "más de
100 familias le deben a Garzón la libertad de algún familiar". ¿Qué hacía Jaime Garzón? Por lo general
los familiares de los secuestrados eran quienes lo buscaban para que les colaborara. El escuchaba su
drama primero y luego los remitía a la oficina del zar antisecuestro. Si allí le solicitaban ayuda,
Garzón se encargaba de verificar que las Farc tuvieran al secuestrado y que estuviera en buenas
condiciones. Sólo ponía una condición para hacer este trabajo: que las familias no le hablaran de
plata ni de la negociación. Era lo único que pedía, porque de resto se ponía a su disposición las 24
horas del día, sobre todo para darles ánimo e inspirarles fortaleza y esperanza. Un amigo que conoció
esta faceta de Jaime recuerda que él decía: "A mí no me hablen de cifras. Yo no voy a llevar plata, no
cobro un peso. Esta es una labor humanitaria. Yo hago el acercamiento y puedo subir con ustedes a
la montaña para garantizar que no les hagan conejo y puedan volver a bajar".

El humorista realizó sus buenos oficios con absoluta discreción y obtuvo resultados positivos.
Tanto que a comienzos del año pasado fue llamado por el gobernador de Cundinamarca, Andrés
González, para que fuera asesor de su despacho en gestiones humanitarias. Garzón aceptó con la
condición de mantener el bajo perfil que había tenido hasta ese momento. Una situación inesperada
hizo pública su misión: el retén que realizó el frente 53 de las Farc el 23 de marzo del año pasado,
en la vía al Llano. Su intermediación en este hecho permitió la liberación de nueve de las personas
secuestradas por los guerrilleros, entre las que se encontraban varios ciudadanos estadounidenses.
Este hecho lo puso en el ojo del huracán. El 6 de mayo de 1998 el general Jorge Enrique Mora, para
entonces comandante de la V División del Ejército, le envió un oficio al zar antisecuestro en el que le
pedía investigar la intervención de Jaime Garzón luego del retén de las Farc. El humorista se enteró de
estos hechos por medio de la Gobernación y el día 22 del mismo mes le contestó al general Mora.
En su carta hacía varias precisiones sobre su gestión humanitaria y concluía diciéndole al militar:
"No busque enemigos entre los colombianos que arriesgamos la vida a diario por construir una patria
digna, grande y en paz, como la que quiero yo y por la que lucha usted".
Nadie muere la vispera...
Jaime Garzón creía que nada malo podía pasarle porque llevaba 10 años denunciando lo
denunciable y lo no tan denunciable sin mayores problemas. No obstante, este año notó que la
situación había cambiado y no les ocultó a sus amigos la molestia que sentía. En febrero, cuando
comenzó a decirle a 'La Tuti' que se casaran después de 16 años de convivencia, le comentó al familiar
de un secuestrado que iba a pedirle ayuda a Fernando Brito y a Víctor G. Ricardo porque en la Fiscalía
querían abrirle una investigación. Su preocupación era tan real que le pidió el favor a un colega
periodista que averiguara si había algún proceso en su contra. Le dijeron que no había nada.En abril
'La Tuti' le dijo a Jaime que se casaran el 15 de agosto. Ahí paró la cosa y no se volvió a hablar del
tema. Unos días antes del accidente en los Llanos Garzón volvió a expresarle a un amigo el malestar
que le producían ciertas cosas de las que se había enterado y que tenían que ver con el general Mora:
"Lo tengo en la espalda, hermano, quiere verme en la cárcel". Al humorista le inquietaba que los
militares y policías no comprendieran su labor. Por eso se reunió con cuantos pudo, activos o en
retiro, para explicarles en detalle la gestión humanitaria que llevaba a cabo. Luego del choque de
mediados de mayo Garzón fue operado y permaneció convaleciente en la Clínica Palermo de
Bogotá. En ese tiempo decidió no seguir ayudando en el tema de los secuestros. De los casos que
tenía en sus manos se encargó Alejandro, un hombre de unos 35 años que era su mano derecha en
las intermediaciones. Durante unos días Jaime se fue a Costa Rica a visitar a Alvaro Leyva. Este le
recomendó que no se quemara más y que dejara de servir de intermediario.Todo parece indicar
que Garzón decidió replantear su papel en el tema de los secuestros porque de regresó al país se
quedó sólo con tres casos y comenzó a distanciarse de las Farc. Pero su interés de convertirse en el
catalizador de la paz no lo dejó tranquilo. Poco a poco comenzó a meterse en el proceso de
acercamiento al Ejército de Liberación Nacional (ELN) para desempantanar los diálogos que
permitieran la liberación de los secuestrados del Fokker de Avianca y la iglesia La María. Esto le trajo
nuevos problemas, esta vez con los paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). En
por lo menos tres oportunidades Garzón le expresó a 'La Tuti' su deseo de viajar a Europa con ella y
permanecer allí unos meses aprendiendo inglés para escampar un rato. Para el momento Garzón
había hecho varios esfuerzos infructuosos para comunicarse con Carlos Castaño, jefe de las AUC, y
así dirimir diferencias.Telefono rotoy los días contadosLa última semana de vida de Jaime Garzón fue
vertiginosa. El 7 y 8 de agosto estuvo de veraneo en el municipio de Mariquita con 'La Tuti'. Ella le dijo
que tuvieran un hijo y él le respondió que "ya estaba muy viejo y cansado para eso". El martes visitó el
pabellón de alta seguridad de la cárcel La Modelo y se entrevistó con John Jairo Velásquez,
'Popeye'; Diego Arcila, el 'Tomate', y Angel Gaitán Mahecha. Garzón les pidió que le contaran historias
del narcotráfico para un libro que tenía en mente. Gaitán, por solicitud de Garzón, lo puso en contacto
con Carlos Castaño. La conversación no fue fácil y lo menos que le dijo el comandante de las AUC
al humorista, contado por él mismo, fue: "Usted no es capaz de ponerme la cara, usted es un
cobarde". La charla duró un buen rato y al final Castaño se comprometió a llamarlo por la tarde. Hacia
las 4:00 p.m. hablaron de nuevo y acordaron que Garzón viajaría el sábado a Montería, donde lo
recogería un helicóptero que lo llevaría a encontrarse con el líder de las AUC.El miércoles 11 de agosto
Garzón se entrevistó en Itagüí con Francisco Galán, vocero del ELN. Entre ese día y el jueves habló
por teléfono con Micaela Mauss. Le dijo que tenía ganas de ir hasta Alemania como Heriberto de la
Calle, a embolarla a ella, a su esposo Werner y a los comandantes del ELN. El jueves 12 de agosto
almorzó con los familiares de un secuestrado, les contó lo de las amenazas y en broma les repitió en
varias oportunidades: "Es que yo tengo vida hasta el sábado. El sábado ya no existo". En la noche,
antes de que ella saliera a una
comida a la que él no quiso ir, le relató a 'La Tuti' lo de las amenazas de las autodefensas y lo del viaje
a Montería. Pese a la gravedad de lo que decía se mostraba tranquilo. "Quien nada debe nada teme",
decía.Una de las hijas de 'La Tuti', según relatan los amigos, le dijo a Jaime que no valía la pena morir
por este país. Garzón, cuentan sus allegados, respondió con una frase lapidaria: "Lo que va a pasar,
pasa". El viernes 13 de agosto, cuando la sabiduría popular recomienda no casarse ni embarcarse,
Jaime Garzón salió a eso de las 5:40 de la mañana de su casa. Iba vestido con la misma camisa
blanca de rayas cafés que llevaba puesta el día del accidente, cuando el destino lo salvó de caer al
vacío en el municipio de San Juan de Arama. Sólo que esta vez su destino ya no le pertenecía.
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