Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1990/08/13 00:00

EL SAFARI

Mucho de verdad y algo de espectáculo en la cacería a Pablo Escobar.

EL SAFARI

Para ser capo, Pablo Escobar es un hombre con numerosos récords: el del hombre más buscado del país, el del más rico de Latinoamérica y, hasta ahora, el del delincuente más resbaloso para las autoridades.
Gracias a la audacia, la suerte, el poder convincente de su dinero o a las tres cosas, Escobar ha logrado burlar el cerco de las autoridades varias veces. La última de ellas la semana pasada, cuando en un operativo sin precedentes en la historia del país, más de 3 mil hombres del Cuerpo Elite de la Policía Nacional, del Ejército y del DAS, emprendieron palmo a palmo la búsqueda del jefe del Cartel de Medellín a lo largo y ancho del Magdalena medio, sin que -hasta el cierre de esta edición hubieran podido dar con él.
La fase decisiva de la operación se inició el jueves 28 de junio cuando después de una acción de rutina, 30 miembros del Cuerpo Elite de la Policía Nacional que se encontraban en los alrededores de la hacienda Nápoles -de propiedad del narcotraficante e incautada por las autoridades pocos días después del asesinato de Luis Carlos Galán encontraron pistas lo suficientemente dicientes como para presumir que Pablo Escobar se encontraba en la zona. Estos indicios sumados al rastreo de llamadas en el área y de informaciones obtenidas de los habitantes de la región, convencieron al Cuerpo Elite, a la Decimocuarta Brigada con base en Medellín, y al DAS, de montar el operativo. Apoyados por helicópteros artillados, y armados hasta los dientes, los uniformados se desplazaron hacia la zona del río Cocorná y emprendieron por tierra, río y aire la búsqueda de Escobar, con la certeza de que tanto él como varios de sus más importantes colaboradores se hallaban en la región.

Una de las consignas acordadas entre los distintos cuerpos que participaban en la operación fue la de mantener en absoluta reserva tanto la realización como los detalles del operativo. Los conocedores de la alta estrategia militar sabían que en una acción de tal naturaleza el sigilo es un arma de vital importancia. Sin embargo, el propósito inicial no duró mucho. Según versiones conocidas por SEMANA, pronto los consabidos celos entre las distintas instituciones armadas empezaron a hacer de nuevo de las suyas. Algunos altos miembros de la Policía supieron que el Ejército se proponga dar a conocer por su cuenta el operativo y decidieron adelantársele y ser los primeros en poner en conocimiento de la oponión pública las acciones que se estaban realizando en el Magdalena medio. Fue así como finalmente el martes pasado se filtró a la opinión pública que nuevamente las autoridades le estaban tendiendo un cerco a Pablo Escobar.
Una vez más, se tejieron alrededor del cerco toda clase de conjeturas, que dejaban traslucir tanto el optimismo de unos como el escepticismo de otros.
Mientras algunos medios de comunicación no dudaron en restarle importancia a la operación, descalificando sus alcances, otros se lanzaron a anunciar la inminencia de la captura del capo del cartel. Para muchos el solo hecho de que el comandante operativo de la Policía Nacional, general Octavio Vargas Silva se presentara a la Cámara de Representantes a recibir una condecoración el mismo dla en que se suponía se realizaban los más intensos operativos en Cocorná, era un signo inequívoco de la poca relevancia que le otorgaban a la búsqueda los altos oficiales.

Pero aun así, era dificil no conservar la esperanza. A pesar de no haber hallado a Escobar, los logros de las autoridades no resultaban nada despreciables.
Veinticinco detenidos -entre ellos el cuñado de Pablo Escobar y administrador de la hacienda Nápoles, Hernán Darío Quintero, y quien se dice era el médico personal del capo, José David Cortés Mejía así como la incautación de más de 1.800 kilos de dinamita dispuestos en sitios estratégicos, numerosas armas de alto calibre y cerca d¢ $2 millones en efectivo eran indicios suficientes como para pensar que no se estaba muy lejos del objetivo buscado.

El lunes 9, a las 5 de la tarde, los oficiales que adelantaban el rastreo encontraron el mejor motivo para no desfallecer en la búsqueda. A pocos kilómetros de Aquitania y cerca de la quebrada "La Cristalina" hallaron camuflada en medio de una espesa selva una pequeña cabaña de paredes de madera y techos de cinc, en la cual había claros rastros de la presencia de Escobar. En la estufa reposaba aún humeante una olla con agua de panela caliente y sobre la mesa de la cocina se encontró, a medio preparar, comida para varias personas.
En los tres cuartos restantes las autoridades se toparon con un completo archivo de recortes de prensa, con anotaciones manuscritas en las cuales se calificaban las informaciones de acuerdo con su posición frente al narcotráfico y a la extradición. Adicionalmente los oficiales encontraron lo que se cree es una especie de diario del narcotraficante, escrito de su puño y letra.

A partir de ese momento, el ánimo entre los oficiales creció notablemente.
Dado lo avanzado de la hora, los uniformados decidieron prender una hoguera con el fin de dar aviso a los helicópteros de dónde se encontraban y tratar de que -desde el aire pudieran seguirle el rastro a Escobar. La oscuridad de la noche que ya entraba y la densidad selvática de la zona impidieron, sin embargo, que los soldados del aire pudieran realizar una labor efectiva. No obstante, en repetidas ocasiones ametrallaron el área aledaña a la cabaña, jugándose la carta de, accidentalmente, dar en el blanco.

Al día siguiente, los operativos se hicieron aun más intensos. La estrategia era que el cuerpo élite realizara cercos envolventes en áreas muy concretas como La Danta, San Francisco y Doradal, mientras los miembros de la Decimocuarta Brigada se encargaban de cerrar todos los caminos y accesos veredales. En acciones combinadas por tierra y aire, las distintas fuerzas, cuyo centro de operaciones se ubicó en la hacienda Nápoles, realizaron repetidas acciones de asalto, tratando de cubrir un área de más de 20 mil hectáreas a la redonda. A los logros de los días anteriores se sumaron el hallazgo de una mula que los campesinos de la zona identificaron como la utilizada por Pablo Escobar para desplazarse, y el de dos toallas y un sombrero cuya propiedad se le atribuyó al capo, así como algunas prendas femeninas que condujeron a pensar que una mujer acompaña a Escobar en su huida.

No obstante estos pequeños partes de victoria de las autoridades, el escepticismo siguió rondando dentro de la opinión. La versión de la mula, por ejemplo, para algunos resultaba prácticamente increíble. "Eso suena a historia sacada de cuento de Navidad, con pesebre y todo", le comentó a SEMANA un incrédulo oficial. A la desconfianza general contribuyó la percepción de muchos de que independientemente de la seriedad que pudiera tener el operativo, había una clara intención de las autoridades de ponerle "show" al asunto.
Aunque incialmente los altos oficiales se quejaron por la presencia de la prensa en la zona y llegaron incluso a señalarla como la responsable de un eventual fracaso, no pasó mucho tiempo antes de que los televidentes observaran soprendidos que varios de los enviados especiales de los medios eran transportados en helicópteros oficiales durante los operativos. El hecho creó desconcierto en la opinión para la cual resultaba evidente que mientras hubiera una cámara a bordo, difícilmente una de estas aeronaves podía pretender ser la autora de la captura de Escobar.
Al finalizar la semana, y después de ocho días de intensos operativos que no se podían calificar del todo como exitosos, la mezcla entre escepticismo y esperanza era aun más palpable. Para los oficiales en la zona, es un hecho que Escobar ha ido perdiendo uno a uno sus escondites incluso en la región de San Francisco, donde el narcotraficante había adquirido vastas extensiones de tierra en los últimos años. Aunque todo indica que al capo lo acompañan por lo menos diez de sus hombres fuertemente armados y es claro que tiene de su parte el amplio conocimiento del lugar así como el apoyo que todavía le brindan muchos de sus habitantes, los diversos trofeos que poco a poco han ido hallando las autoridades en su azarosa búsqueda, les han servido de aliciente para continuar en su empeño. Según el director general de la Policía, general Miguel Antonio Gómez Padilla, la operación "Apocalipsis II", como se denominó el operativo de la semana pasada en el Magdalena medio, ha marcado "el comienzo del fin del imperio de Pablo Escobar", cuya organización se halla desmantelada en un 80%.

A pesar de la contundencia de la afirmación del general, emitida el viemes pasado en una rueda de prensa, son muchos los que aún piensan que no hay cabida para tanto optimismo. Tres anuncios anteriores dando cuenta de la inminente captura de Pablo Escobar, han dejado lugar para pensar que quizás a las autoridades colombianas -sin quererlo podría pasarles como al famoso pastorcillo mentiroso. Como quien dice, puede que esta vez sí, pero quién sabe.

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