Sábado, 25 de octubre de 2014

| 2013/05/09 00:00

El ‘salvavidas’ del excongresista Iván Moreno

El exsenador vuelve a sonreír. Álvaro Dávila y Emilio Tapia lo eximieron de responsabilidades en el ‘carrusel’.

Exsenador Iván Moreno / Archivo SEMANA Foto: SEMANA

Con una acusación en su contra por parte de la Fiscalía General, el abogado Álvaro Dávila se ha convertido en el hombre capaz de armar el rompecabezas de todas las piezas que participaron en el carrusel de la contratación en Bogotá.

En cada una de sus apariciones, suelta información que sacude varios estamentos. Sin embargo, hay un caso que llama la atención por la importancia del involucrado. Se trata de Iván Moreno, hermano de Samuel Moreno, alcalde mayor de Bogotá en el momento en que se cometieron los delitos.

En su primera declaración ante la Corte Suprema de Justicia, el exabogado de los Nule defendió con ahínco al entonces senador. Por eso, este volvió a respirar tranquilo. Así, por ejemplo, señaló que Iván Moreno fue "apenas una vez a su apartamento”, y que “sólo lo vio una vez reunido con los Nule”.

Pero no fue la única bocanada de oxígeno. Hubo otra declaración de Dávila que dejó pensativa a la Corte y satisfecho a Moreno. En efecto, aseguró que “nunca hubo las llamadas comisiones de éxito por parte del senador Moreno, nunca pidió dinero por la adjudicación de contratos, ni lo del 8 % ni el 6 %. Lo que existió, únicamente, fue un cobro que yo hice por la asesoría de los contratos de los Nule del 0,45 %”.

Así mismo, Dávila aseguró que recibió únicamente 340 millones por el llamado carrusel de contratos. Y calificó a los Nule como unos mentirosos que sólo utilizan a sus amigos como representantes legales de las uniones temporales. Así, citó el ejemplo de Jorge Luis Betín, al indicar que “el señor Betín era el cocinero de los Nule, esa era la mejor estrategia que tenían: poner cuñados y amigos para salvarse el pellejo”.

De la misma forma manifestó que existía una confusión en el término de comisión de éxito, ya que era un porcentaje que, como abogado, él cobró de manera legal por sus servicios. Lo que, aclaró, era totalmente diferente a pedir dádivas de los anticipos de los contratos.

Igualmente, ante la Sala Penal de la Corte, Dávila desvirtúo que hubiera existido una reunión entre él, Miguel Nule e Iván Moreno en el café Starbucks en Miami. Este sitio es importante en esta historia, pues todos los investigadores que han estudiado el caso coinciden en apuntar que fue allí donde se gestó el plan para, de manera corrupta, tomar los contratos en Bogotá.

Pero Álvaro Dávila no es el único que se ha convertido en salvavidas de Moreno. El otro escudero es el polémico contratista Emilio Tapia. Este último, en su declaración, optó por irse lanza en ristre contra los Nule.

Tapia señaló que Jorge Luis Betín, representante legal de una de las empresas de los Nule (Bitácora Soluciones), era la persona encargada de ofrecer los pasabocas en las reuniones sociales de los socios del grupo Nule. “El señor Betín era un instrumento de los Nule y todas las órdenes eran ejecutadas por él”, les dijo a los magistrados de la Corte.

El contratista, en cambio, se fue en contra de los Nule. Aseguró que su principal estrategia era cambiar constantemente los representantes legales de sus empresas para evitar que las autoridades se percataran de un incremento patrimonial no justificado de un particular.

Una de las afirmaciones realizadas por Tapia ante el alto tribunal dice que los Nule manejaban a su antojo los anticipos de la Unión Temporal GTM. Estos, que debían ser destinados para realizar obras en las localidades de Santa Fe, La Candelaria, San Cristóbal y Rafael Uribe, se iban en tapar la gran deuda que tenían con los contratos de malla vial de Bogotá.

Tapia dijo que los Nule tenían en su mano toda la contratación del país, específicamente en “obras en el departamento de Valle, en varios departamentos de la costa atlántica, la concesión de la vía Bogotá-Girardot, así como los contratos de malla vial en Bogotá, incluso tenían una empresa de interventoría y consultoría llamada Ponce de León, por lo cual su poder en Colombia era significativo”.

Igualmente, Tapia indicó que estuvo presente con Julio Gómez en cuatro reuniones con el excongresista Germán Olano, en las que hablaban sobre la adjudicación del contrato 137 de 2007 en la administración de Lucho Garzón, el cual fue adjudicado tres días antes de que terminara su período.

Una frase que dejó perplejos a los magistrados de la Corte fue la siguiente: “Emilio Tapia no le ha dado plata a Iván Moreno”, al referirse a si en alguna oportunidad había obtenido apoyo para su campaña al Congreso en el año 2010.

Un nuevo escenario se ha presentado así en el juicio que adelanta la Corte Suprema contra el exsenador Moreno. Sacó sus cartas guardadas de gran calibre que lo libran de cualquier responsabilidad en el carrusel de contratos. Amanecerá y veremos hasta qué punto le alcanza esta dosis de oxígeno a Moreno en su tarea de demostrar su inocencia y probar que nunca pidió una sola mordida por los contratos de la fase III de Transmilenio en Bogotá. Por lo pronto, sonríe porque tiene dos muy fuertes escuderos.

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