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| 3/15/1999 12:00:00 AM

EL SANEDRIN DE PASTRANA

SEMANA revela quiénes son las personas con las que el Presidente maneja los hilos del poder <BR>y el papel que juega cada uno dentro del alto gobierno.

Cada presidente colombiano trae debajo del brazo algo más que un programa de gobierno. Al
pasar el tiempo y apenas se consolida su mandato se empieza a notar lo que los estudiosos del poder
llaman el estilo de gobierno. Belisario se caracterizó por su diplomacia soñadora, Barco por ser un
tanto necio y ensimismado, Gaviria por ser algo antisocial y obsesivo del trabajo y Samper por su sentido
del humor y su propensión a consultarlo todo. Al igual que sus antecesores, Pastrana también parece haber
definido su propio estilo. Por un lado es probable que sea uno de los presidentes más simpáticos en el trato
con las personas. Es encantador y cálido con sus interlocutores y le gusta estar rodeado de gente en sus
momentos de esparcimiento, como en los viajes a la Casa de Huéspedes de Cartagena. Pero esa no es
su única característica. Pastrana es un presidente desconfiado.La consecuencia de ello es que posiblemente
sea el mandatario que haya gobernado en mayor soledad en la historia reciente del país, rodeado de tan solo
unos cuantos colaboradores de vieja data. Y la cercanía o distancia con él, y por lo tanto el poder que tienen
dentro del gobierno, es directamente proporcional al nivel de confianza que Pastrana siente por cada uno.Dos
episodios de su vida parecen tener mucho que ver con ese estilo de gobierno. Por un lado está su secuestro
por parte del cartel de Medellín durante la campaña a la Alcaldía de Bogotá. Pocas personas han ingresado a
su círculo cercano desde entonces y quizás la única excepción es Gabriel García Márquez. El segundo
episodio fue la crisis de imagen que vivió luego de su papel en el escándalo de los narcocasetes. El
ostracismo social que vivió lo impactó bastante. Pocos recuerdan hoy que hubo momentos en que no
podía ni siquiera ir a un centro comercial porque la gente le chiflaba. Fueron muchas las personas que
habían sido cercanas que en ese momento se distanciaron. Así descubrió quiénes eran realmente sus amigos,
y no parece haberlo olvidado. A tal punto que quienes lo criticaron por su decisión de hacer la fatídica rueda de
prensa de los narcocasetes _aunque siguieron siendo amigos suyos_ perdieron puntos en el ranking de
confianza. Andrés Pastrana no es un hombre que asimile las críticas con facilidad.Esta obsesión con la
lealtad tiene cosas buenas y malas para un presidente. Lo bueno de este modelo es que sus colaboradores
más cercanos tienen menos 'agenda propia' y se puede esperar de ellos un compromiso a prueba de todo en
la labor de gobierno. Cada uno sabe cuál es su papel y nadie pretende pisar las mangueras del vecino. El
equipo no cambia al son de la marea política y las posibles diferencias se ventilan hacia adentro y no
públicamente. Lo malo de todo esto es que por lo general esos grupos pequeños tienen poca representatividad
regional, y tienden a ser bastante elitistas. En el caso de Pastrana, todo su círculo cercano es cerrado y
exclusivamente bogotano. Además en este estilo de gobierno es muy difícil reemplazar a los viejos
amigos de confianza con personas nuevas a medida que pasa el tiempo. Cuando se van o se desgastan o
simplemente cumplen su ciclo es casi imposible encontrar un reemplazo que inspire la misma confianza.
Entre otras razones porque el círculo cerrado tiene la característica de no dejar que nadie más entre. Tarde o
temprano en un gobierno la lista de amigos se agota y no hay cómo llenar las vacantes. Un ejemplo de lo
anterior es el del vicepresidente Gustavo Bell. A pesar de que Pastrana está agradecido con él, de que es una
persona competente y que guarda afinidad ideológica e incluso generacional con el Presidente, no ha podido
entrar al círculo cercano. Esto ha llegado a tal punto que Bell tiene que llamar primero a Juan Hernández para
pedirle una cita y poderse reunir con Pastrana.Sin embargo no son solamente los funcionarios de menor
confianza quienes se quejan de poco acceso con el Presidente. Incluso sus más cercanos colaboradores
aseguran que el primer mandatario tiene una capacidad de concentración muy breve, y que no dedica más de
dos minutos a un solo tema. Con Pastrana es imposible dedicar dos horas seguidas a un tema que no sean
sus dos prioridades centrales: el proceso de paz o las relaciones internacionales. El rey solDurante la primera
reunión que tuvieron el Presidente y sus principales colaboradores con sus asesores de imagen, Darío
Vargas, José Miguel Sokoloff y Gustavo Pombo, después de su posesión, éstos hicieron una exposición para
darle a conocer su propuesta de estrategia en comunicaciones. Cuando hicieron algunas comparaciones
con los presidentes anteriores, Pastrana los interrumpió súbitamente. En un tono muy firme les dijo" "Yo
soy muy distinto a todos los presidentes anteriores. Espero que de ahora en adelante tengan eso muy
claro". La verdad es que con el transcurrir de su gobierno esa frase, que parecería un tanto de cajón, ha
resultado cada vez más cierta. Pastrana es un presidente sui generis, en buena medida porque en su
condición de delfín sabe bien qué es el poder, sabe para qué sirve y no permite que nadie eche para atrás sus
proyectos. Esta es quizás la principal característica de su personalidad, y posiblemente la que le resulte más
útil gobernando a un país tan complejo como Colombia. Para Pastrana gobernar no es conciliar ni generar
consensos. Es saber lo que se quiere y hundir el acelerador a fondo para conseguirlo. Y en ello
contrasta especialmente con su antecesor, Ernesto Samper. Pero si bien su concepción del poder es
bastante original, también lo es el manejo que le ha dado al tema de las comunicaciones. Pastrana es un
presidente que sabe mucho de ese tema, rodeado de colaboradores que no saben tanto (con la excepción de
Luis Alberto Moreno, quien por estar en Washington tiene muy limitado su accionar en ese campo). Sus
antecesores, por el contrario, sabían poco pero se rodearon de expertos. Esto ha hecho que Pastrana de
alguna manera monopolice las comunicaciones de su gobierno, evitando que sus ministros y asesores
brillen con luz propia a pesar de tener cualidades de sobra para hacerlo. Hay una especie de 'código de
silencio' frente a los medios en el alto gobierno que evidencia un fuerte culto a la personalidad presidencial.En
resumen, Andrés Pastrana es un presidente que está mandando en serio. Además ha hecho una apuesta con
la historia de ser el Presidente de la paz, amarrando la suerte de su gobierno a conseguir ese objetivo. El
resultado, ya sea bueno o malo, sin duda será mérito o culpa suya. Y hay que reconocerle el haber tenido el
valor de apostar el todo por el todo. Pero sobre todo hay que reconocerle el haber conformado un equipo a
la medida de su estilo.
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