Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1999/06/07 00:00

EL SEGUNDO AIRE

Con un rotundo éxito Andrés Pastrana termina la que pudo haber sido la peor semana de su <BR>gobierno.

EL SEGUNDO AIRE

La semana pasada no pintaba bien para el gobierno. Por el contrario, todo hacía pensar que
tendría que afrontar los ocho días más turbulentos desde que Andrés Pastrana subió a la Presidencia. Para
empezar, el tema de la paz seguía sin arrancar a pocos días de cumplirse el plazo acordado con las Farc
para iniciar las negociaciones formales. El asunto económico se mostraba igualmente congestionado por
cuenta de la aprobación del Plan Nacional de Desarrollo por parte del Congreso de la República. La
incertidumbre que rodeaba al tema económico hacía que el clima político también estuviera alterado. Y,
como si todo ello fuera poco, los 300.000 profesores de Fecode, los empleados de la salud, los
bancarios, los del Estado y hasta los estudiantes de las universidades públicas amenazaban con hacer
estallar en las principales ciudades del país un polvorín social de incalculables consecuencias. Los
nubarrones, sin embargo, fueron pasajeros. No hubo tormenta. Uno a uno el gobierno se encargó de desactivar
los frentes que en un momento determinado llegaron a perturbar su tranquilidad. A la postre Pastrana y su
gabinete terminaron con saldos favorables en sus cuentas. Abajo en las encuestas Una de las cosas que le
reconocen al presidente Pastrana tanto tirios como troyanos es su buena estrella. Hasta sus más
declarados enemigos admiten que el primer mandatario cuenta con una pizca de suerte que le da una mano
cuando más lo necesita. La semana pasada la situación no fue distinta. Las encuestas mostraban que 54
por ciento de los colombianos desaprobaban la forma como estaba gobernando. Su desempeño, según los
sondeos realizados por las empresas encuestadoras, mostraba una evolución desastrosa del gobierno,
comparada con la misma evolución en diciembre. El asunto era poco menos que crítico si se tiene en
cuenta que el desempeño de Pastrana, nueve meses después de haber asumido la Presidencia, era
equiparado por los colombianos con el que tuvo Ernesto Samper a finales de su gobierno, después de tener
que soportar toda la crisis del llamado proceso 8.000. La imagen de Pastrana era igualmente desfavorable.
Todo ello hizo que las alarmas en la Casa de Nariño estuvieran en alerta naranja, más si se tiene en cuenta
que ninguno de los pequeños escándalos que había tenido que soportar su gobierno era comparable con el de
la narcocorrupción que acompañó a Samper durante sus cuatro años. Las malas calificaciones al
Presidente tenían mucho que ver con la crisis económica, pero sobre todo estaban directamente
relacionadas con la empantanada que estaban sufriendo las conversaciones de paz con las Farc y al fracaso
de los posibles acuerdos con el ELN para la liberación de los secuestrados del avión de Avianca. Los días
clave El domingo en la noche, sin embargo, el panorama cambió de manera radical. Se ha vuelto
costumbre que el Presidente sorprenda al país cada vez que se entrevista con Manuel Marulanda. Esta vez
no fue la excepción. En efecto, sin que nadie sospechara, Pastrana acudió a una cita con 'Tirofijo' y
acordó con aquél el ciento por ciento de la temática de la agenda de negociación con las Farc. La noticia
cayó como un soplo de aire fresco ante la opinión, que empezaba a mirar el proceso de paz más con
escepticismo que con optimismo (ver artículo de paz). El lunes el ministro del Interior, Néstor Humberto
Martínez, y el jefe de Planeación Nacional, Jaime Ruiz, se pusieron al frente de la negociación del Plan de
Desarrollo con representantes y senadores. A los dos funcionarios les tocó asistir a sesiones plenarias en la
dos Cámaras para tratar de sacar adelante el Plan, pese a la oposición de la bancada liberal oficialista que,
con su jefe, Horacio Serpa, se había declarado enemiga del proyecto y amenazaba con hacerlo sucumbir.
Pero el gobierno no sólo controló la situación interna. El martes se produjo por fin el encuentro entre el
presidente Pastrana y el coronel Hugo Chávez, presidente de Venezuela, que había sido postergado en dos
ocasiones, lo que había llevado a que las relaciones entre los dos países fueran tensas como nunca antes
en el pasado reciente. Esta vez el encuentro fue muy emotivo. Chávez no sólo ofreció toda su colaboración
para el proceso de paz sino que una vez más se refirió a Pastrana como "mi hermano". El balance del
miércoles también fue positivo para el gobierno. A las 11:57 minutos de la noche, cuando faltaban escasos
tres minutos para que el Plan de Desarrollo se hundiera, el gobierno logró salvar el proyecto. Antes debió
soportar una revuelta liberal oficialista, cuyos congresistas abandonaron el recinto de la Cámara a la hora
de la votación. El retiro, sin embargo, no impidió que el Plan fuera aprobado. Todavía faltaba la pelea con los
sindicatos, especialmente con el de los profesores afiliados a Fecode. El resultado final no pudo ser mejor.
Por primera vez en muchos años el Ministerio de Educación logró un acuerdo con los maestros sin tener
que ceder en una sola de sus pretensiones. En efecto, después de 20 días de negociación, el jueves en
la noche el ministro Germán Bula Escobar llegó a un convenio con los miembros de Fecode sin tener que
desmontarse de las dos principales exigencias del gobierno a los educadores: evaluación de sus actividades
docentes y traslado a lugares donde haya mayor demanda. El broche de oro se produjo el viernes cuando el
ELN liberó a siete de los secuestrados del avión de Avianca después de cerca de un mes de cautiverio. La
liberación se produjo sin que el gobierno cediera a la pretensión del ELN de despejar un municipio del sur
de Bolívar para realizar la operación. En síntesis, la semana pasada ha sido la mejor del gobierno desde el 7
de agosto de 1998. Con el acelerador a fondo en el proceso de paz y con su carta de navegación para los
próximos cuatro años aprobada por el Congreso, habría que decir que el cambio ofrecido por Andrés
Pastrana comenzó a tomar forma. O, como dijo un ministro del gabinete a SEMANA: "Maestro, tengo la
impresión de que ahora sí prendimos motores".

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