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| 2/12/2006 12:00:00 AM

El señor de las tinieblas

SEMANA fue al territorio que domina un sanguinario guerrillero de las Farc, por quien el presidente Álvaro Uribe ofrece cinco millones de dólares.

Alado y lado de la carretera que va de Neiva hacia el sur hay balnearios con nombres paradisíacos: 'Rinconcito del cielo', 'Jardín de las delicias', 'El Edén'. Hierve el sol, pero hay largos tramos donde las copas de los árboles se juntan y crean túneles naturales que dan una sombra fresca a los carros. Se ve al ganado pastar y las espaldas desnudas de los agricultores que trabajan en los extensos arrozales. Y a la izquierda, en el fondo, como una gran serpiente se extiende la cordillera Oriental, escenario de la más eficaz arma de guerra de las Farc: la columna Teófilo Forero. En cualquier lugar de la cadena montañosa está su comandante, 'Óscar Montero' o 'El Paisa', por cuya cabeza el presidente Álvaro Uribe puso precio la semana pasada: cinco millones de dólares. El anuncio del jefe del Estado fue hecho ante el féretro del ex gobernador del departamento del Huila, Jaime Lozada Perdomo, muerto a tiros de fusil en una acción que, según todas las evidencias, fue ideada por este sanguinario guerrillero. El señalamiento no sorprendió a nadie. A pesar de lo reservado que es, 'El Paisa' ha sido explícito en sus acciones. Un día monta un operativo en el centro de Cali y se lleva a los diputados de la asamblea departamental del Valle; en otro explota un carro bomba en el club El Nogal, epicentro financiero y social de Bogotá; y en uno más secuestra un avión, lo aterriza en una carretera rural, secuestra a sus pasajeros y de paso lanza por los aires el proceso de paz con el gobierno de Pastrana. "Es cierto que no tenemos todos los datos de él, pero de lo que sí estamos seguros es de que en la actualidad es el hombre más importante de las Farc", dice un oficial de inteligencia de la Policía que le sigue la pista y que sabe que su nombre real es Carlos Alberto García Camargo. Sus huellas más visibles están en la trocha que conduce de Algeciras (Huila) a Santa Ana Ramos (Caquetá), un vasto territorio montañoso desconocido para la mayoría, pero donde está en juego la guerra o la paz de Colombia. Algeciras es una localidad a sólo 50 kilómetros de Neiva. Para llegar allí se asciende por una carretera angosta y en buen estado que sigue el curso de un río quebrado. Son bien escasos los carros que van o vienen y las casas campesinas en el trayecto se cuentan con los dedos de la mano. Cada tanto se encuentra un árbol o varias rocas atravesadas en la vía que anuncian el inminente retén guerrillero. No hay miembros del Ejército ni de la Policía que patrullen el camino. "Tácticamente es muy difícil porque un solo francotirador de la guerrilla que se parapete entre la montaña puede acabar con varios hombres", explica un miembro del Ejército. Por eso, el único retén oficial está a medio kilómetro del casco urbano de Algeciras. Un grupo de soldados requisa uno a uno a los pasajeros que llegan en un bus chiva, mientras varios de sus compañeros los protegen vigilantes con el dedo puesto en el gatillo. Las precauciones no sobran. "Al menor descuido aquí se pierde la vida", dice un capitán de la Policía Nacional en su estación, levantada en un búnker de concreto protegido por sacos de arena y trincheras. "Hace una semana una unidad de tres policías fue hasta una esquina del parque y allí los mataron", cuenta. Su testimonio dibuja la complejidad de la situación: la guerra aquí es casa por casa. Se trata de una población de 15.000 habitantes en cuyos campos crecen los más variados productos agrícolas. Sin embargo, todos los campesinos están quebrados por la guerra. Y su estado físico no puede ser peor. Es el típico pueblo con un parque central, una iglesia en un costado, y las casas diseminadas alrededor. La diferencia es que la cotidianidad no gira en torno a la iglesia. Nadie se acerca allí, nadie es vecino de la casa de Dios. Esto porque ésta es adyacente a la estación de Policía y al cuartel del Ejército. Hace varios años, cuando 'El Paisa' era apenas un mando medio de las Farc, ordenó: "Bórrenlos". Han sido varios los ataques con bombas, cilindros, morteros, tiros de fusil. Primero fue una toma, luego otra y otra más. En una prueba de férrea resistencia, la Policía levantaba otra vez la estación bombardeada. Hubo muertos de parte y parte. Los techos de las casas volaron en mil pedazos, las puertas fueron arrancadas de cuajo y las ventanas estallaron. Desde entonces, la guerrilla impone su ley en unas cuadras, y las autoridades legítimas, en otra. El cura y los vecinos salieron espantados. Las únicas que a veces entran a las casas son las vacas que llegan a devorar la maleza que se tomó lo que fueran las habitaciones. Y a cuentagotas un francotirador asesina un policía. Como los asesinatos son cada tiempo, son hechos aislados que no salen en las noticias. Sus compañeros levantan su cuerpo y toman un trozo de sus uniformes y los amarran en la malla que protege una de las trincheras. "Son prueba de nuestra resistencia", dice un policía mientras cae un torrencial aguacero que empapa ese monumento a una guerra atroz. ¿Se va a ganar esta guerra , le pregunta el enviado especial de SEMANA. "Eso no depende de nosotros. Por nuestra parte, estamos dispuestos a entregar nuestras vidas, tal como lo hemos hecho, pero el Estado también debe llegar con otras cosas. Usted sabe, por ejemplo, que este municipio no tiene agua potable. Aquí se mueren más niños por enfermedades estomacales que por las balas". El hombre del infierno De 1,76 metros de estatura, flaco, macizo, bien plantado, 'El Paisa' contó en una oportunidad que había nacido en Esmeraldas, un pueblo de Caquetá. Cierto o no, lo que sí es verdad es que en este lugar se hacen millonarias transacciones de coca. Un negocio que él domina con propiedad, lo que le ha permitido darle un músculo financiero a la columna Teófilo Forero. A sus 35 años ha desarrollado una habilidad para la guerra que muchos en las Farc le reconocen. "Hay que estar siempre listos", respondió una tarde en la que mientras todos los guerrilleros habían dejado a un lado su fusil para almorzar, él lo empuñaba con un brazo mientras comía con el otro. 'El Paisa' conoce muy bien la cordillera Oriental y cada uno de los recovecos de esa larga trocha que va de Algeciras a Santa Ana Ramos. Este es un pueblo tan olvidado que ni siquiera aparece en los mapas, y sin embargo, es vital en la historia del conflicto armado. Santa Ana Ramos es un caserío de 200 casas donde el Estado ha hecho escasa presencia, a pesar de la certeza de que allí está uno de los núcleos de las Farc. Por ejemplo, en las dos ocasiones en las que se ha intentado dialogar con esta guerrilla en gobiernos pasados los comandantes fueron recogidos y llevados de nuevo allí. Tanto para los diálogos de Tlaxcala con Barco y posteriormente los de Caracas con Gaviria, los helicópteros tuvieron que ir allí a sacar a los voceros de las Farc. Es un corregimiento de Puerto Rico, Caquetá. Sin embargo, como para ir desde la cabecera municipal hay que viajar 14 horas en mula, es más fácil llegar desde Algeciras, en Huila, por un camino solitario e imponente donde los pocos que se atreven saben de la presencia invisible de 'El Paisa', que aquí es 'El señor de las tinieblas'. Rara vez se asoma. Y cuando lo hace es para imponer su mano de hierro. Hace un tiempo los representantes de un alcalde de la región a quien extorsionaba subieron a explicarle que nunca había dado muestras de corrupción. "Yo no estoy diciendo que sea corrupto, sino que es rico. Y si no colabora con la causa, voy y lo traigo y lo amarro", sentenció. 'El Paisa' tiene la certeza de que desde estas cúspides baja cuando quiere a las llanuras del Huila y vuelve a subir con rapidez. Así lo hizo, por ejemplo, cuando ejecutó el secuestro masivo en el edificio de Miraflores, acción que repitió luego en el edificio Altos de Manzanillo. Ambos en la exclusiva zona residencial de Neiva. 'El Paisa' poco cree en los diálogos. "Las guerras se ganan o se pierden. Nada más", dijo en una ocasión, cuando se le preguntó su pensamiento sobre las conversaciones con Pastrana. Eran tiempos en los que los miembros del Secretariado no le prestaban mayor atención porque apenas era un combatiente más de la Teófilo Forero. Creada en 1995, tomó su nombre de un caracterizado dirigente sindical y miembro destacado del Partido Comunista Colombiano (PCC) al que paramilitares asesinaron indefenso en una calle de Bogotá. La 'Teófilo Forero' irrumpió en la burocrática estructura de esta guerrilla con una novedad hasta ese momento impensable: autonomía para el desplazamiento incluso a escenarios donde los frentes de guerra de las Farc se habían posicionado décadas atrás. Para su conformación se buscó a los combatientes más diestros quienes debían estar bajo las órdenes del Bloque Sur que controlaba Joaquín Gómez, uno de los hombres más visibles durante las negociaciones de paz con el gobierno de Andrés Pastrana. Fue precisamente en San Vicente del Caguán donde la Teófilo Forero perdió a su líder de entonces, 'Julián Cabir', quien dejo atrás una estela de muertos, se fugó con una bella adolescente y se llevó para siempre un botín de varios millones de dólares. Entonces ascendió al mando 'Laurentino', quien luego fue enviado a otro frente, tras asesinar a 12 gnósticos en límites de la zona de distensión, lo que casi provoca la ruptura de los diálogos. El Secretariado se fijó en 'El Paisa' y lo designó comandante porque confiaba en su estricta disciplina y en su capacidad de liderazgo. Una de sus primeras acciones fue el secuestro del avión de Aires, el 20 de febrero de 2001, para llevarse al senador Eduardo Gechem Turbay. El proceso de paz voló en mil pedazos y este guerrillero adquirió un peso específico. Luego llegó al poder Álvaro Uribe. El Presidente impuso su estrategia de seguridad democrática que si bien ha tenido éxitos notables, no han tocado para nada a este guerrillero. Por el contrario, cada vez se le ve más fuerte. Hace unos días, por ejemplo, ordenó matar "al político que dé papaya". Y en efecto, la guerrilla montó una acción para atacar al primer dirigente que cruzara el sábado 3 de diciembre por las vías del sur de Neiva, donde ese día coincidían varios actos proselitistas. El primero en pasar fue Lozada Perdomo, el esposo de Gloria, secuestrada por las Farc hace cinco años, el mismo que le había pagado al propio 'Paisa' por la liberación de sus dos hijos tras casi cuatro años de cautiverio. Lozada murió en la carretera que comunica a Neiva con el sur del país. La reacción del Presidente fue la de ponerle precio a su cabeza. Cinco millones de dólares. La esperanza, por ahora, es que alguno de los 500 hombres que lo acompañan lo delate. Entre tanto, él seguirá haciendo de esta geografía paradisíaca un verdadero infierno.
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