Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2010/09/25 00:00

El que sigue

Alfonso Cano ha logrado escapar a dos cercos militares en el último año. Ahora sin su jefe militar, ¿cuánto más podrá aguantar?

Hace menos de un mes, un envejecido Alfonso Cano envió un video en el que solicitaba al gobierno dialogar. Para algunos esa fue una muestra de la única opción, diferente a la muerte, que le queda al jefe de las Farc.

Para los analistas de seguridad, la muerte del Mono Jojoy fue una sorpresa. Se esperaban, en cambio, noticias sobre el jefe de las Farc, Alfonso Cano. Durante el último año la fuerza pública ha desplegado una permanente ofensiva para capturar a Cano en las montañas del departamento del Tolima. Los resultados de esas acciones, de las que Cano se ha salvado milagrosamente en más de una oportunidad, dejan en evidencia que si bien aún no ha caído el jefe de las Farc, sí ha sufrido contundentes golpes de los que no se puede recuperar con facilidad. Y ahora la situación se le puso color de hormiga. No solo perdió al jefe militar de la guerrilla, sino con Jojoy fuera de combate y con el Bloque Oriental que él comandada herido de muerte, la ofensiva contra Cano será mayor de lo que ha sido hasta ahora.

Ya ha perdido a sus principales lugartenientes y decenas de combatientes. Uno de los más recientes reveses ocurrió el pasado 11 de julio, cuando en una operación entre la Policía y la Fuerza Aérea fue prácticamente aniquilado el llamado frente Héroes de Marquetalia. En esa acción murieron más de una docena de guerrilleros, entre los que estaba la comandante de esa estructura Angie Marín, alias 'Mayerly', quien llevaba 20 años al lado de Cano.

Ese no fue el primer gran golpe que sufría el comandante de las Farc. De hecho, tan solo en el último año han muerto más de un centenar de guerrilleros encargados de su custodia y siete de los 11 comandantes de frentes que conforman el llamado Comando Conjunto Central, estructura que depende y protege directamente a Cano. Entre las operaciones más representativas está el bombardeo en septiembre de 2009 al campamento de Jerónimo Galeano, considerado uno de los 'históricos' de las Farc. En esa operación se dio de baja, además, al comandante del frente 66, alias 'William', y a otros 30 subversivos. A principio de este año también murió alias 'Enrique', comandante del frente 50, junto a 20 de sus hombres.

Desde mucho antes de asumir la comandancia de las Farc, Cano venía actuando desde una de las zonas geográficamente más complejas que tiene el país: el Cañón de las Hermosas. En esa región los guerrilleros se sentían bastante seguros y se movían a sus anchas. Hace más de un año el Ejército comenzó a rodearla y con más de 10.000 soldados empezó a cerrar el círculo sobre las zonas por donde se movían Cano y sus hombres. A esa presión de las tropas, que buscaba impedir que el guerrillero saliera del lugar, se sumó un elemento que se ha convertido en la verdadera punta de lanza de la cacería. Miembros de inteligencia del Ejército y la Policía consiguieron a lo largo de los últimos dos años consolidar operaciones con infiltrados en las filas guerrilleras, lo que arrojó información clave que permitió lanzar quirúrgicas y muy precisas operaciones de bombardeo con las cuales han caído los principales hombres de Cano.

En los documentos y computadores incautados en esos campamentos a los hombres de confianza se han encontrado reveladores datos que demuestran que Cano ha sentido fuertemente las acciones militares. En correos y papeles enviados por él a sus lugartenientes se lee cómo el jefe de las Farc se muestra sorprendido por la forma en la que la fuerza pública ha llegado y atacado campamentos y a comandantes que eran claves para él. El cerco de las autoridades lo ha obligado a moverse constantemente con un reducido grupo de escoltas de su entera confianza. La paranoia de Cano también sale a la luz en sus comunicaciones, pues imparte órdenes para fusilar indiscriminadamente en busca de infiltrados.

Esa situación ha generado también una oleada masiva de deserciones de subversivos que buscan salvarse de los bombardeos de la fuerza pública y de las purgas internas. Los escenarios más optimistas estiman que en la actualidad Cano no cuenta con más de 800 hombres y que están atomizados y dispersos por una vasta región.

La suma de todas estas circunstancias tiene hoy a Cano más acorralado que nunca. Cano era consciente de su compleja situación militar, y ello explica la propuesta que lanzó hace varias semanas, en la que le pedía al gobierno de Juan Manuel Santos sentarse a dialogar. Su escenario hoy no puede ser peor. La puerta del diálogo está cerrada y las opciones del jefe de las Farc se reducen día a día. 

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